Para un inmigrante cada camino con Dios es único

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Nuestras parroquias con ministerio hispano en la Diócesis de Arlington y en todo territorio estadounidense están formadas por personas que han inmigrado a este país en busca de un mejor mañana, para darle mejor vida a sus hijos, huyendo de la violencia y las guerras y por otras muchas razones.

La comunidad inmigrante católica ha hecho un gran aporte positivo a nuestra Iglesia por muchas generaciones. Nos sentimos parte de la historia y del caminar como testigos de una Iglesia que nos ofrece la salvación y nos sentimos bienvenidos.

También queremos destacar la presencia de tantos sacerdotes de origen latino como los sacerdotes norteamericanos que hacen un gran esfuerzo por acompañar a las familias inmigrantes en su dolor, en sus éxitos y sobretodo en devolverles la esperanza.

No podemos negar que a pesar de que somos una comunidad joven, nuestras familias necesitan más apoyo, más sensibilidad social, y que se sientan acogidas por un Cristo que siempre tiene los brazos abiertos al extranjero, al que sufre, al que es discriminado, explotado y que en nuestra sociedad lo dejamos atrás. No podemos alcanzar el cielo sino le damos la mano al inmigrante y lo incluimos en nuestras oraciones.

Un inmigrante nació para explorar, descubrir, saltar fronteras impuestas por la política y la fuerza del más fuerte y de conquistar el universo espiritual con su fe, oración y su vuelo. Por tanto, la lucha de un inmigrante católico es comunitaria. Para las familias inmigrantes cada camino es único en un millón de caminos. Por lo tanto tiene en mente que el único camino es el de sentirse amado, respetado e importante en la Iglesia.

Intenta siempre confiar y caminar de la mano de Dios. Inténtalo tantas veces como pienses que sea necesario. Después pregúntate a ti mismo y solo a ti lo que sientes: ¿Ha tenido mi camino un corazón? Al inmigrar, ¿has sentido la presencia de Dios? Si lo tiene, entonces el camino es bueno, si no lo tiente, no vale la pena si tu camino es el amor y la confianza en que vendrán mejores momentos y dejaras enterrados en el camino la vergüenza, los miedos, los temores y la persecución. Entonces, ya estás listo para ser un peregrino listo para ganar y conquistar una tierra nueva y un nuevo cielo. Ningún ser humano es ilegal, ni el reino de los cielos tiene fronteras ni mucho menos muros de acero. 

© Arlington Catholic Herald 2017

@jhoyos04