‘Lo acostó en un pesebre’

Quizás estas sean de las palabras más tristes en toda la historia. ¿Cómo es posible que El que creo todo no encuentra lugar en su creación? Dios mismo, mendigando de casa en casa, buscando donde nacer, donde hacerse uno con los hombres, y los hombres no le dan hogar sino que lo rechazan. ¿Y porque lo rechazan? Los de la posada lo rechazaron porque "no había lugar", ya le cedieron el puesto a otras personas y a otras cosas. Es decir no podían hospedar a la Sagrada Familia porque estaban llenos, ¿pero llenos de qué?

Creo que en este tiempo de Adviento, cuando el niño Jesús está a punto de nacer, es importante que reflexionemos sobre el estado de nuestro corazón. ¿Tenemos lugar para Jesús o estamos tan llenos de otras cosas y personas que no hay lugar para Dios? Es muy fácil decir que tenemos lugar para Dios pero nuestra vida diaria dice lo contrario. Hagamos un pequeño examen de conciencia.

Para empezar, revisa tu cuenta bancaria del último mes. ¿En qué has gastado tu dinero? ¿Hay evidencia de Dios en tus estados de cuenta bancarias? ¿Has donado en este último mes dinero para los pobres o a la Iglesia? ¿Te has negado comprarte algo para dárselo a una persona más necesitada? ¿Cuánto tiempo diario le dedicas a la oración? No podemos decir que amamos a Dios si no le hablamos. ¿Has rezado con tus hijos en esta última semana? ¿Te has despertado más temprano para poder tener más tiempo a la oración? ¿Cuánto tiempo le dedicas al teléfono, al internet y a las novelas? ¿Has decidido apagar la televisión, dejar el teléfono, cerrar la computadora para leer la palabra de Dios o dedicarle más tiempo a tu familia?

Estas son solo unas preguntas que nos pueden ayudar a ver en donde esta nuestro corazón. ¿Le estamos dando lo mejor a los demás y las sobras a Dios? A los demás los hospedamos en nuestro corazón y a Dios lo ponemos de un lado en un pesebre? La manera que gastamos el dinero y usamos el tiempo es un buen indicador para saber de qué estamos "llenos." Qué lástima sería si la navidad nos encuentra llenos de nada y vacios de todo.

¿Saben que es lo más triste de la historia? Lo más triste, es que los dueños de la posada y todos lo que allí habitaban se perdieron el milagro. La Sagrada Familia no se impuso, aceptaron que fueron rechazados y se fueron a otro lugar. Otros presenciaron el milagro pero a los que Dios mismo le tocó la puerta, esos se lo perdieron. Es hora que despertemos y empecemos a sacar las cosas que supuestamente llenan nuestra vida, que acomodemos un lugar para Dios en nuestras vidas y familias. No vaya ser que Dios toque tu puerta y por estar tan llenos de otras cosas, te pierdas el milagro de Dios en tu vida.

Briceño, quien es una Virgen Consagrada, es la asistente directora de Pastoral Juvenil en la Iglesia de Todos los Santos en Manassas.

© Arlington Catholic Herald 2015