A la espera

First slide

Hace poco fue el gran evento del consumismo llamado “Black Friday”, viernes negro. Es increíble ver cómo la gente deja la mesa de Acción de Gracias, donde le daban gracias a Dios por todo lo que tenían, para ir a las tiendas a tener más.  Parece que nunca estamos satisfechos. La gente hace filas por horas esperando a que abran las tiendas y cuando abren, parecen manadas y hordas que descienden sobre cualquier cosa con precio. Lo peor del caso es que muchas veces los precios son los mismos. Conozco a una joven en particular que me contó que fue con su familia a las 12 am y no llego a la casa sino hasta las 6 de la mañana y para más colmo, no compro nada. Lo que me sorprende es el domingo que le sigue a el Black Friday es el domingo de Cristo Rey, el último domingo del tiempo ordinario, y las misas estaban vacías. ¿Donde están las manadas de personas que hace pocos días llenaban las calles? ¿Donde están las familias que hicieron vigilia toda la noche para comprar cosas y que ahora no se pueden levantar para ir a la misa? ¿Dónde están las personas que hace pocos días se reunían agradecidos alrededor de la mesa, que ahora no quieren venir a dar gracias a Dios alrededor de su mesa eucarística? Algo estamos haciendo mal.

Durante el tiempo de Adviento el sacerdote utiliza el color morado. Y si recordamos este es el mismo color que usamos durante la Cuaresma. ¿Pero que tienen en común el Adviento y la Cuaresma? Aunque no parezca, el Adviento también es un tiempo de preparación y penitencia. Digo que no parece, porque las calles están decoradas de renos, estrellas, regalos y con colores festivos como el rojo y el verde, y ya la gente anda diciendo “Feliz Navidad”. ¿Cómo es entonces que en medio de este regocijo les estoy diciendo que es tiempo de penitencia y de preparación? ¡Pues así es! El mundo adelanta la Navidad no para celebrar el nacimiento de Jesús sino para sacarnos el dinero. Pero nosotros los cristianos sabemos esperar y sabemos acompañar a la Virgen. ¿Porqué queremos que Jesús nazca prematuramente? ¡No! Tenemos que ser pacientes y acompañar a la Virgen que sigue encinta y que también está a la espera. ¡No le deseemos que dé a luz antes de tiempo!

 El Adviento es un tiempo para ver de qué cosas nos hemos llenado y de que cosas estamos vacíos. Nos dice Lucas 2:7 que no había lugar para Jesús en las posadas.  ¿Encontrará Jesús lugar en nuestras casas, familias y corazones? ¿O nos encontrará más bien llenos de cosas y vacíos de Él? Para saber de qué estamos llenos, veamos como usamos nuestro tiempo. Cuantas horas le dedicamos a la televisión, a los medios, al internet y a las compras versus cuanto tiempo nos reunimos en familia para rezar y hablar de Dios. Veamos también cual es el altar de nuestra casa. Cuando uno entra a una Iglesia lo central es el altar: el lugar del sacrificio y de amor de Jesús. Todos los bancos apuntan hacia el altar, es el centro de atención. En muchas casas el altar es la televisión.  Los muebles, el espacio, todo apunta hacia el televisor y Jesús arrinconado y de un lado.  ¿Donde están nuestras prioridades?

En este tiempo de Adviento hagamos inventario de cómo están nuestros hogares, nuestras familias, y nuestros corazones. No le sigamos el juego a la cultura que ya quiere celebrar la Navidad, pero sin Jesús. ¡Sin Jesús no hay Navidad, sin Jesús no hay celebración, sin Jesús nada de esto tiene sentido! Recuperemos el Adviento, tiempo precioso de preparación. No digamos “Feliz Navidad” antes de que nazca Jesús porque sin El ¿cómo van a ser felices? No es que somos gente de penitencia y caras tristes. ¡No! Somos gente que sabemos celebrar, pero sabemos cómo y cuando celebrar. ¡Tanto celebramos que el tiempo de Navidad no es un día solamente, el 25 de diciembre, sino dos semanas! ¿Sabían ustedes que la Navidad dura del 25 de diciembre hasta el día del bautizo de Jesús, domingo después de la Epifanía? Ya tendremos dos semanas para decir verdaderamente ¡Feliz Navidad! porque ha nacido nuestro Salvador. Acompañemos a la Virgen en su tiempo de espera, preparemos nuestro hogar para que cuando venga Jesús se encuentre con un palacio y no un pesebre. 

© Arlington Catholic Herald 2016