Ojos de Misericordia

¿Qué tal está tu vista? ¿Usas anteojos? ¿Puedes ver con claridad? Ser cristiano significa saber ver. No es suficiente que vayamos a Misa y recemos el Rosario. Tenemos que ser personas nuevas, no sólo personas con hábitos religiosos. Una de las áreas que el ser cristiano afecta es nuestra vista. El cristiano sabe ver. No ve solo la superficie o lo que el mundo propone, sino que sabe ver con los ojos de Cristo. El cristiano ve en el pobre, el necesitado, discapacitado, enfermo, a su hermano, a otro Cristo. Por eso te pregunto, ¿qué tal esta tu vista?

Tengo una buena amiga que hace poco hizo un Cursillo de Cristiandad. Salió muy conmovida y comprometida en su fe. Me dijo que ahora ve a Cristo en todos lados y en todas las personas. Dijo que antes estaba ciega porque veía a la gente pobre en la calle, o pidiendo dinero y seguía adelante. ¡Ahora no los puede ignorar o hacerse la ciega porque ve a Jesús mismo en ellos! ¿Cuántas veces Jesús mismo sale a nuestro encuentro en el más necesitado y no lo reconocemos?

Esta misma ceguera existía en el tiempo de Jesús. En la parábola del juicio final de Mateo 25 vemos que el rey vendrá en su gloria para juzgar a las naciones. Lo que hará es que algunos se salven y otros se condenen, es su capacidad de ver al rey en los más necesitados. Lo que hicieron o no hicieron a los más necesitados, a los hambrientos, sedientos, enfermos, encarcelados, forasteros y desnudos les traerá la vida o muerte eterna porque "lo que hiciste a uno de estos hermanos míos más pequeños lo hiciste a mi" dice Jesús.

Tenemos que ser cristianos con miradas purificadas, con ojos que ven. Los dolores, sufrimientos, necesidades de los demás nos tiene que afectar. No podemos quedarnos indiferentes y cómodos. Es por eso que el Papa Francisco ha llamado al Jubileo Extraordinario de Misericordia que terminara el 20 de noviembre, para recordarnos a los cristianos nuestra identidad, para recordarnos que el encuentro con Dios también pasa a través del pobre.

Quizás te estés preguntado que puedes hacer por los demás. Quizás ves tu closet lleno de ropa que no usas o tu nevera llena de comida que botas, o tu cuarto lleno de aparatos que te quitan el tiempo. Lo que quiero sugerirte es que Dios no quiere tu dinero, tu ropa o tus aparatos electrónicos. Dios te quiere a ti. Lo más precioso que le puedes dar a Dios es tu vida. Lo más preciosos que le puedes dar al pobre es ti mismo.

Hace poco terminamos un estudio Bíblico sobre la Misericordia ,con los jóvenes de la parroquia Todos los Santos que duro una semana. Como no queríamos que fuera puramente intelectual decidimos poner en practica lo que habíamos aprendido. Por eso al concluir fuimos a un albergue a pasar tiempo con los ancianos, a darles nuestra presencia a aquellos que muchos se han olvidado. El día siguiente fuimos a la Basílica de la Inmaculada Concepción para confesarnos, ir a Misa y pasar por la puerta santa. Renovada la gracia, salimos a DC a repartir paquetes que habíamos hecho para los indigentes. Fue precioso, porque no fuimos a dar paquetes sino a darnos a nosotros mismos. Cada grupo al repartir el paquete se quedaba hablando con las personas. Fue una experiencia inolvidable de encuentro con Jesús.

Jesús sale diariamente a nuestro encuentro en su disfraz desfigurado del pobre, como solía decir la Madre Teresa. ¿Lo reconoces? ¿Cómo esta tu vista?

© Arlington Catholic Herald 2016