El Señor nos llama a servir, no a ser servidos

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Una de las grandes tentaciones y pecados en los que se cae en los grupos y asociaciones de la Iglesia es el de la envidia, discordias y ansias de poder por dominar o mandar. Pecados que ocasionan gran daño a la fe de los pequeños y al cuerpo de Cristo, Su Iglesia. Los cristianos que caen en este grave defecto moral, han perdido el rumbo de su fe y han comenzado a alejarse del Señor, quizás se han olvidado de servirle y han comenzado a servirse a ellos mismos.  Han sucumbido a la tentación de querer sentirse más grandes o más importantes en la comunidad. Han comenzado a afilar el ego y hacerse sentir con poder para tomar decisiones, olvidando la caridad y el amor dados por el Señor como virtud de reconocimiento entre los hermanos.

Jesús fue bien enfático con este tema cuando los apóstoles armaron una discusión mientras caminaban,  por el simple hecho de ver quién era el más importante o el que estaba a cargo de los otros. Jesús les aclara que la única vía para poder ser importante es el servicio, esa es la regla vital, servir desinteresadamente, “El que quiere ser el primero, debe hacerse el último de todos y el servidor de todos” (Mc.9, 35). Si se nos ha llamado a trabajar en la viña del Señor, no es para sacar usufructo personal, sino para servir a los demás y llevarlos a Él a través del servicio y entrega apostólica, porque de lo contrario estaremos actuando mundanamente, como paganos que no hemos reconocido y aceptado las palabras del Señor, o peor aún, en vez de ser ovejas, nos hemos convertido el lobos que matamos y dispersamos el rebaño. El señor les recuerda la situación en que viven, cuando les dice: “Los reyes de las naciones las gobiernan como dueños, y los mismos que las oprimen se hacen llamar bienhechores” (Lc.22, 25). Con estas palabras el Señor aclara, que los cristianos tenemos que hacer la diferencia y crear siempre lazos de hermandad y amistad, y no buscar la vía de la división, o el poder enfermizo. ¡Cuánta tristeza da ver que en las parroquias hay líderes que se apropian de los cargos y terminan sintiéndose dueños y señores! Y son esas actitudes las que dañan y laceran el cuerpo del Señor y destruyen la fe de muchos, y les ahuyentan, y que no permiten que se desarrollen las comunidades.

El afán y deseo de poder es una tentación en la cual todos podemos caer, porque cuando se aparta la mirada del Señor, comienzan a entrar en el corazón actitudes mundanas y anticristianas y se comienza a ver el llamado a trabajar en la viña, no como un servicio sino más bien como algo que te pertenece y con lo cual se puede hacer lo que quiera. En otras palabras te apropias de algo que no te pertenece y que le pertenece al Señor.

En el Evangelio, Jesús lo deja bien claro, el que quiera ser el más importante tiene que ser el último, y el servidor de todos. En el camino que Jesús nos indica para ir adelante, el servicio es la regla. El más grande es el que más sirve, el que está más al servicio de los demás, no el que se gloría, el que busca el poder, la vanidad y el orgullo. ¡No!, esos no son los grandes. Los grandes crecen sirviendo y se nutren de rodillas en el sagrario, el que anda buscando poder, o estar al frente, ese no ha entendido lo que significa ser cristiano, esos no son líderes y no sirven para orientar. Si quieres ser grande, abájate como lo hizo el Señor al lavar los pies a sus discípulos.

El Padre Díaz es el vicario parroquia Nuestra Señora de los Ángeles en Woodbridge.

 

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