Sin Dios nada tiene sentido

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Es común en estos días encontrar a mucha gente frustrada y deprimida, los suicidios aumentan y el pesimismo esta a la orden del día. Nos preguntamos constantemente que está pasando, ¿por qué tanta violencia, corrupción y división social? ¿Qué está pasando con nosotros? ¿Dónde está Dios? Creo que hemos hecho mal la pregunta, no es donde esta Dios. Si no, ¿dónde hemos colocado a ese Dios?

El mundo actual está perdiendo el rumbo porque ha apartado su mirada de Dios y es la única razón por la que se ha desatado una hecatombe de problemas, de violencia y todo lo que ya sabemos; solo basta con ver los noticieros para confirmarlo. Hemos apartado a Dios de todo, Él no figura en la vida de muchos, en las escuelas, instituciones gubernamentales y en las familias mismas. No es correcto hablar de Él, porque puede causar confusión y lo peor puede ofender la susceptibilidad de muchos que no creen en Él. Que necio se ha vuelto el mundo, continua llamando verdad al sinsentido, cree poder sobrevivir sin la verdad y sin el calor del amor misericordioso de Su Creador. Esta sociedad tiene vergüenza de aceptar la verdad en sus vidas, pero se siente orgullosa de predicar el absurdo a todo pulmón. Una cosa tengo clara, que el día que dejemos de creer en Dios completamente, ese día será el final de todo, porque nos congelaremos completamente en nuestros egoísmos y nos aniquilaremos mutuamente, porque no soportaremos el absurdo de la maldad.

Jesús nos dejo bien claro, que nada podemos hacer sin Su ayuda, nada tiene sentido sin Su presencia y sin Su amor: “Sin mi ustedes no pueden hacer nada” (Jn. 15, 5), esto indica que todo lo que hagamos y todo lo que vivamos no tendrá sentido ni razón de ser, si no es con Su ayuda; si Él no está presente en nosotros,  nuestra vida pierde toda razón de ser.

Y es aquí donde brota la respuesta al sinsabor e infelicidad humana, cuando perdemos el contacto con Dios, todos nuestros anhelos de superación y crecimiento espiritual pierden su objetivo, y comenzamos a olvidar nuestro propio origen, y nos comenzamos a volver vacíos y las dudas que vengan a nuestra vida. Y comenzamos poner nuestra mirada aquí en los bienes materiales y olvidamos que estamos llamados a algo mucho más grande. 

Cuando se está de la mano de Dios, se tiene claro que por vocación, se aspira a la plenitud de vida, sencillamente porque a eso se estamos llamados, porque a eso se orienta todo Su ser. El ser humano sabe bien que tal plenitud y felicidad no es algo ya dado, sino algo que debe buscar y conquistar en los días que le tocan vivir en este mundo. Lo cierto es que todos estamos continuamente en búsqueda de una vida plena, plena de gozo y felicidad: ella es para nosotros como una exigencia profunda, una "necesidad vital".

El Padre Díaz es vicario parroquia en Nuestra Señora de los Ángeles en Woodbridge.

© Arlington Catholic Herald 2017