Tomando tiempo con seres queridos

First slide

¿Cuándo fue la última vez que gozaste una cena (o comida) con familia o con amigos, o con tu comunidad de parroquia? Espero que puedas decir que en los últimos siete días compartiste una comida con otros. Posiblemente, fue una comida familiar el domingo, o una cena con amigos entre semana. Quizás fue una merienda. ¿Recuerdas si todos se sintieron acogidos y escuchados? ¿Recuerdas si tú pudiste escuchar y estar presente a los otros?

Santa Madre Teresa de Calcuta decía: “Es fácil amar a personas lejos de nosotros. No siempre es fácil amar al que está a nuestro lado. Es más fácil dar un plato de arroz para satisfacer el hambre, que aliviar el dolor y la soledad de alguien quien no se siente amado en nuestro propio hogar. Lleva el amor a tu hogar porque es allí donde nuestro amor debe empezar.”

No siempre es fácil. Confieso que hay momentos que tomar el tiempo para escuchar al otro me ha costado cuando estoy preocupada por alguna tarea por terminar. Nuestra cultura, con velocidad acelerada y nuestros muchos deberes retan a nuestros valores, especialmente el valor de la acogida.

Como seres humanos, estos momentos de relacionarnos son indispensables, no una pérdida de tiempo. Claro que necesitamos momentos de estar a solas. Necesitamos también trabajar y entregarnos en la vocación que Dios nos ha encomendado. Necesitamos tiempo de estudio, y de crecer en el conocimiento de nuestra Fé. Pero aquí enfocamos en el aspecto de comunidad a la cual Dios nos llama.

Dios nos creó como seres en relación, primeramente con Él, con Dios. Pero también en relación con otros. Somos creados para la comunión, y somos plenamente humanos cuando vivimos intencionalmente nuestro “ser” en comunidad.

Para las familias, sobre todo con hijos en casa, es indispensable tomar el tiempo alrededor de la mesa. Cada familia tiene su situación diversa y no siempre es posible comer juntos (por lo menos una de las comidas) todos los días. Obviamente, eso sería lo mejor. Hay situaciones de trabajo o de estudio que son inevitables. Pero si no nos sentamos juntos con frecuencia para escuchar y compartir nuestra vida, la vida familiar sufrirá.

Necesitamos momentos y lugares para formar nuestro hogar o nuestra comunidad. Además de la comida preparada con cariño, hay que saber compartir tanto como escuchar lo que es importante en la vida del otro. Allí es donde recibimos el don del otro, y donde somos acogidos.

Para padres de familia, con mil preocupaciones, trabajo y quehaceres, el desafío es buscar cómo y cuándo este tipo de espacio puede tomar lugar con regularidad. Pero vale la pena buscar cuál es la mejor forma de facilitar este encuentro en el cual pueden preguntar, sin afán, “¿Cómo fue tu día? ¿qué es lo que te hizo feliz hoy? ¿cuáles desafíos enfrentas de las cuales deseas que te apoyemos con nuestro cariño y oración?”

Aunque sea poco a poco, este tipo de encuentro familiar dará abundantes frutos. Dios nos creó para la comunión. Nos dará todas las gracias que necesitamos para fortalecer la comunión entre nuestra familia, nuestra comunidad. ¡Ánimo!

Hna. María Elizabeth, Hija de San Pablo, trabaja para Pauline Books and Media en Alexandria.

© Arlington Catholic Herald 2016