Celebremos unidos y con fe el Mes de la Herencia Hispana


Por Alfonso Aguilar
Reportero del Herald
(From the issue of 9/22/05)

La Semana de la Celebración Nacional de la Herencia Hispana empezó en 1969 y con el tiempo se transformó en el Mes de la Herencia Hispana.

En 1968, el Congreso de Los Estados Unidos de Norteamérica autorizó al presidente Lyndon B. Johnson para proclamar, en el mes de septiembre, una semana de Celebración Nacional de la Herencia Hispana, y en 1988 la observancia de esta ley se extendió a un mes de celebraciones que va desde el 15 de septiembre al 15 de octubre de cada año; tiempo durante el cual se rememora y celebran las diferentes tradiciones de todos los hombres y mujeres residentes en esta nación que hunden sus raíces y ancestros histórico-culturales en España, México y todas las naciones hispano parlantes de Centro, Sur América y el Caribe.

Se escogió el 15 de septiembre como día inicial de las celebraciones porque es la fecha en la que celebran su independencia cinco naciones latinoamericanas (Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras y Nicaragua) y, además, porque los subsiguientes días 16 y 18 de septiembre celebran su independencia México y Chile respectivamente.

Y cada año cala más esta celebración en la entera sociedad norteamericana porque día tras día también cobra más importancia el fenómeno de "la herencia hispana" en los Estados Unidos de Norteamérica.

Se cuentan por millones los titulares, artículos, noticias, ensayos, que, en todos los medios de comunicación social van dando cuenta a todo lo ancho y largo de esta nación y del planeta del fenómeno que representa la comunidad hispana residente en los Estados Unidos. Así, entre otras publicaciones de importancia e influencia mundial y a modo de ejemplo, la prestigiosa revista Time llamó a los años ochentas la década de los hispanos y veinticinco años más tarde lanza un nuevo número dedicado a los veinticinco hispanos más influyentes en esta nación, representantes de los ya 41.3 millones de hispanos que residen en los Estados Unidos de Norteamérica, según el último censo poblacional del año 2000.

Con el 14% de la población de los Estados Unidos, los hispanos son la minoría mayoritaria y se proyectan, en los próximos veinte años, como el 46% de toda la población, sin contar los 3.9 millones de residentes de Puerto Rico.

Todos estas publicaciones y datos hacen inocultable e insoslayable lo que llamo aquí el "emergente fenómeno de lo hispano en los Estados Unidos". Y este mes de celebraciones hispanas en todo el territorio norteamericano es ocasión propicia para reflexionar sobre la importancia que dicho fenómeno tiene para los Estados Unidos, para la comunidad hispana residente en esta nación y para todos nuestros países de origen.

Lo primero que salta a la vista es la importancia creciente que este acontecimiento va cobrando y los aspectos, preguntas y desafíos que va planteando de cara al futuro próximo de esta nación, de Latinoamérica y del mundo. Y, tanto desde la ribera de la "cultura dominante" como desde la ribera "hispana/latina" surgen problemas que ameritan serio análisis y que los planteo aquí a manera de preguntas tales como:

¿Nos están invadiendo?, ¿se están fugando nuestros capitales?, ¿se están fugando nuestros cerebros?, ¿nos están cambiando o alterando nuestro histórico y tradicional modo de ser y actuar?, ¿nos están imponiendo su lengua y sus costumbres, destruyendo de esta manera nuestras leyes y nuestro "modus vivendi"?, ¿nos estamos integrando, asimilando o estamos siendo absorbidos?, ¿se reconoce real y justamente nuestro trabajo, esfuerzo y aporte al progreso de los Estados Unidos o estamos siendo explotados?, ¿los inmigrantes hispanos quieren aprender inglés?, ¿les interesa realmente esta sociedad y nación?, ¿es necesario el inglés como lengua?, ¿el fenómeno migratorio hispano empobrece o enriquece a esta nación?, ¿de qué manera hemos de acoger?.

Estas y otras muchas preguntas tienen distintas respuestas de acuerdo al distinto punto de vista de quien responde pero permanecen latentes en nuestro sentido común y en nuestro diario vivir y jalonan ejes importantes de discusiones que están por darse, de encuentros, desarrollos, acuerdos y convenciones que están por desarrollarse, de soluciones que están por definirse...

Entonces, hoy más que nunca, esta nación necesita una reflexión seria sobre lo que significa ser "ciudadano americano" y lo que significa ser "ciudadano de origen hispano o latino" (que para el caso da lo mismo y sin distraernos en discusiones semánticas) residente en esta nación.

Otras preguntan dirían:

¿Cómo construir una nación mezcla de tantas razas, culturas, lenguas, ideologías, credos y cosmovisiones de tan distintos y a veces disímiles orígenes?

¿Encuentran los inmigrantes hispanos "una sociedad norteamericana" para integrarse a ella o existe sólo el intento de construir una unidad social, cultural, geográfica y política desde la pluralidad y la diversidad?

La hispanidad y su herencia histórico/cultural ha de integrarse en la sociedad norteamericana y a diferencia de otras oleadas de grupos étnicos migratorios anteriores venidos a estas tierras ha de insertarse como grupo migratorio no organizado porque responde más y en la mayoría de los casos a crisis coyunturales de tipo socio/político en nuestros países de origen.

La hispanidad, como oleada migratoria, tampoco es un grupo homogéneo, pues entre nosotros coexisten diferencias históricas, políticas, ideológicas, de raza, costumbres, dialectos, expresiones idiomáticas, intelectuales, etc...

Y aún cuando hay que evidenciar las diferencias que existen en medio de nosotros, tampoco conviene subrayarlas de tal modo que nos impidan presentarnos como "Comunidad Hispana" frente a la cultura dominante.

Urge una "convención" hispano/norteamericana en la que manteniendo nuestra identidad avancemos en la integración y la unidad.

Si como comunidad hispana/latina residente en esta nación queremos ser respetados, escuchados, reconocidos y ganar espacios legítimos de participación en el seno de la sociedad norteamericana hemos de empeñarnos en trabajar por la construcción de un nuevo concepto, un nuevo de modo de ser, pensar y hacer "hispanidad" en los Estados Unidos de Norteamérica.

"Nueva Hispanidad" exige dar lo mejor de nosotros mismos, de nuestras raíces culturales y nuestras costumbres, lo mejor de nuestro modo de ser personas y de hacer comunidad.

Este proceso de inserción e integración es el gran reto en el que todos tenemos que aportar lo mejor de nuestra herencia y desde todos los campos del saber humano: desde la universidad, la academia, el mundo de las artes, las letras y las ciencias, el mundo de la política, la economía y la religión (especialmente la católica pues la inmensa mayoría de los hispanos residentes en esta nación procedemos de una matriz cultural marcada por la impronta católica presente en el origen de nuestras naciones latinoamericanas).

El enorme crecimiento del fenómeno hispano en los Estados Unidos de Norteamérica, plantea, entonces, grandes desafíos a los pueblos de América latina, a la sociedad norteamericana pero de manera especialísima a la misma comunidad hispana.

Así, con el concurso de todas las organizaciones y fuerzas vivas de la comunidad y el derrotero y objetivo común de insertarnos en esta nación que hoy nos recibe, hemos de realizar una tarea de reflexión crítica y constructiva que nos permita descubrir todo lo nuevo y bueno que estamos recibiendo, encontrar lo mejor de nosotros mismos y de nuestros valores como el necesario aporte a la tarea de integración en esta sociedad y discernir para desechar aquello que –ajeno a lo mejor de nuestro pasado, de nuestra historia y herencia hispana– se convierte en obstáculo en esta tarea común.

Sólo entonces podremos decir que somos una comunidad unida en el crecimiento, en el desarrollo y en proceso permanente de verdadera y sana integración en medio de la sociedad norteamericana.

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