
Carta Voto
By Bishop Paul S. Loverde
Special to the Herald
(From the issue of 10/28/04)
Octubre 31, 2004
Queridos hermanos y hermanas en Cristo,
Noviembre 2, marca un importante hito de cuatro años para nuestra nación,
pues nos da la oportunidad de elegir el presidente, vicepresidente y, en
Virginia, todos los miembros de la Casa de Representantes. Es esta una
oportunidad que los 394,000 católicos de nuestra diócesis deberán tomar
seriamente, porque debemos continuar edificando una "cultura de la vida",
como la llama el Santo Padre, una cultura en la que los lideres de nuestra
nación contribuyan a construir una sociedad en que la dignidad de cada
persona sea reconocida y protegida, las vidas de todos sean defendidas y se
les proporcione oportunidades de progreso. (El Evangelio de la vida, 90).
Desde las últimas elecciones nacionales, nuestra nación y el mundo han
experimentado la fecha del 11 de Septiembre y sus consecuencias. Puntos de
controversia nacionales como la amenaza de clonación humana, el intento de
legalizar matrimonios del mismo sexo, la prohibición y el subsiguiente reto
de la prohibición del aborto parcial, nos obligan a concentrarnos en lo que
es importante para nosotros como católicos. Al examinar las posiciones de
los candidatos sobre los distintos temas presentes en las elecciones, tanto
a nivel nacional como a otros niveles, debemos lograr que nuestra conciencia
se guíe por principios fundamentales.
Tanto mis hermanos obispos como yo mismo, hemos establecido en "Fe y
Ciudadanía: responsabilidad civil para un nuevo milenio", los principios
críticos según los cuales debemos juzgar a aquellos que se presentan a las
posiciones dichas: la protección de la vida humana, la promoción
de la vida familiar, el trabajar por el desarrollo de la justicia
social y la práctica de la solidaridad global.
La base de estos principios fundamentales es la protección de la vida
humana, ya que sin esa base los otros tres principios no tendrían
sentido. Si no mantenemos y protegemos la vida humana en el
momento inicial de la concepción, no habrá vida que mantener y proteger
después. Como se lee en Viviendo el Evangelio de la Vida "No nos
podemos comprometer simultáneamente a defender los derechos humanos y el
progreso si eliminamos y marginalizamos a los más débiles de entre nosotros……
Debemos comenzar con el compromiso de no matar nunca intencionadamente, o
cooperar en ello, ninguna vida humana inocente sea la que fuere su situación
de daño o ruptura, deformidad, desabilitación o estado de esperanza mínima
que parezca poseer tal vida" (20,21).
Ser un fiel católico significa necesariamente que se es pro-vida y no por
libre elección. Como mis hermanos obispos y un servidor establecimos en
junio pasado en "Los católicos en la vida política" el no proteger la vida
de los miembros de la raza humana inocentes e incapaces de defenderse a si
mismos, es pecar contra la justicia. Pertenecer a pro-choice o libre
elección, esencialmente significa el sostener el derecho de una mujer a
terminar la vida de un hijo, bien sea prenatal o parcialmente nacido. Ningún
católico puede sostener ser un miembro fiel de la iglesia y, al mismo tiempo,
defender o patrocinar activamente ataques directos contra la vida humana
inocente. En realidad, proteger la vida humana desde la concepción
hasta el momento de la muerte natural es
mas que una cuestión católica. Es una cuestión de moral fundamental
enraizada tanto en la ley natural como en la ley divina.
La responsabilidad dada por Dios a la iglesia es la de presentar la
verdad, ofreciendo así a todos el criterio apropiado para examinar asuntos y
tomar decisiones que son moralmente correctas y que sirven para el bien
común."La iglesia tiene que estar comprometida en la tarea de educar y
apoyar a los laicos envueltos en hacer leyes, en el gobierno y en la
administración de la justicia, para que la legislación refleje siempre esos
principios y valores morales que están en conformidad con la sana
antropología y con ela promoción del bien común" (La iglesia en América 19,
Sínodo de América, 72). No hay duda de que al proteger toda vida humana,
mediante la promoción de la familia, de la lucha por la justicia social y la
practica de la solidaridad global, se esta en conformidad con la sana
antropología, y ciertamente se promueve el bien común.
Teniendo en mente las cuatro prioridades que he explicado, algunos se han
preguntado si uno podría votar por un candidato cuya posición sobre el
aborto y otros aspectos de la vida sean contrarios a las enseñanzas de la
iglesia, si uno cree que ese candidato tiene una posición mejor en otros
asuntos de importancia para los católicos y para nuestra nación (por ejemplo
seguridad nacional, impuesto, aumento de empleo, política económica, etc.).
Permítame aclarar: votar por un candidato precisamente porque su posición va
a favor del aborto es un ejemplo de cooperación formal en un mal grave. Tal
cooperación formal nunca es moralmente permisible, según la doctrina
constante de la iglesia,
En nuestra vida corriente, en medio de la sociedad, a veces es imposible
evitar completamente toda cooperación con el mal. Este puede ser el caso
cuando nos disponemos a elegir a los líderes que nos representaran en el
estado y en la nación. En ciertas circunstancias, está moralmente permitido
votar por un candidato que apoya algunas practicas inmorales mientras se
opone a otras. Esto se llama cooperación material con el mal. Sin embargo,
para que esta cooperación material con el mal sea moralmente aceptable,
tiene que haber una razón proporcionada. Razón proporcionada no significa
que cada asunto tiene el mismo peso moral. Actos intrínsicamente malos como
el aborto o la investigación con células madre tomadas de embriones humanos,
no pueden ser colocados al mismo nivel que, como por ejemplo, debates sobre
la guerra o pena de muerte. Sencillamente, no es posible servir a nuestra
nación y promover el bien común votando por un candidato que, una vez
instalado, no hará nada para limitar o restringir la destrucción deliberada
de vidas humanas inocentes.
Sin embargo, si un candidato apoya el aborto en un numero limitado de
casos, pero se opone a el en otras circunstancias, un católico puede votar
por ese candidato en vez de votar por otro que no esta dispuesto a
restringirlo en absoluto. En este caso, el votante hace un esfuerzo para
limitar las circunstancias en las cuales el aborto procurado sea considerado
legal. Esto no es cuestión de elegir el mal menor, sino mas bien, el
católico, mediante su voto, expresa la intención de limitar todo el mal que
se puede limitar en ese momento. Como ciudadanos y católicos, tenemos que
estar involucrados en el proceso político y en la elección de nuestros
lideres locales, estatales y nacionales. "El escenario de la responsabilidad
moral comprende no sólo el ámbito del gobierno, sino también las cabinas de
votación" (El Evangelio de la Vida, 33). Una vez más insisto a que todos
consideren cuidadosamente los temas morales y los candidatos desde la
perspectiva de las cuatro prioridades morales que desarrollé mas arriba,
especialmente la prioridad de proteger la vida de todas las personas,
nacidas y no nacidas.
En estos días previos a las elecciones de Noviembre 2, por favor ore y
ayune para que los ciudadanos de nuestra nación elijan a aquellos lideres
que sean capaces de renovar nuestras comunidades, nuestro estado y nuestra
sociedad permitiendo a todos los ciudadanos restaurar la cultura de la vida.
Me uno a ustedes en oración y en el ejercicio de nuestro derecho
privilegiado de votar,
Sinceramente en Cristo,

Reverendísimo Paul S. Loverde
Obispo de Arlington
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