La diversidad en las parroquias de Estados Unidos

Las parroquias de Estados Unidos ya no son de una sola pieza, como lo solían ser. Tradicionalmente, las parroquias europeas, sello distintivo que fueran de la Iglesia Católica de los Estados Unidos, ahora se han convertido en lugares en donde los inmigrantes provenientes de África, México, Centroamérica y Asia se sienten más y más como en casa. Y eso es una señal del rostro siempre cambiante de la iglesia de los Estados Unidos.

A pesar de que en muchas parroquias se han experimentado los dolores del crecimiento, al tiempo que se van adoptando formas nuevas de realizar las cosas o los ministros han adoptado maneras diferentes para ayudar a que los recién llegados se sientan como en casa, al final de cuentas los parroquianos en su mayoría han venido apreciando la diversidad en el culto, las oraciones y la música.

La visión completa de la comunidad católica se ha hecho más evidente con la inmigración de cristianos provenientes del Medio Oriente. La semblanza, antes ampliamente desconocida, de melkitas y maronitas, entre otros grupos, se ha hecho más prominente después de que vienen a ocupar un lugar en los diversos barrios y lugares de trabajo.

Las diócesis, dándose cuenta de la necesidad de acercarse a personas católicas a las que anteriormente se había marginado, ahora estimulan a las parroquias a que se desarrollen nuevas formas de ministerio dirigido a personas lesbianas, homosexuales, bisexuales y transformistas de sexo o género, junto con su respectiva familia. Y a pesar de que tales ministerios todavía no se han extendido mucho, los que se han practicado han dado buenos resultados en ayuda para las personas que por mucho tiempo se habían sentido abandonadas por la iglesia y que han logrado verse bienvenidas y participantes de lleno en la vida de la parroquia.

La iglesia del Sacred Heart en South Plainfield, New Jersey, se ha convertido en una comunidad católica conocida por sus esfuerzos en acercarse a personas católicas que son lesbianas, homosexuales, bisexuales o transformistas (LHBT). El esfuerzo de acercarse a grupos, catalogados con las siglas LHBT, empezó con una sugerencia de un feligrés, Bruce Zehnle. Hace cerca de ocho años, el obispo Paul G. Bootkoski de Metuchen, New Jersey, inauguró con puertas abiertas el ministerio de "A la imagen de Dios" y de allí surgió en la iglesia del Sacred Heart.

Zehnle dijo que para él "es muy especial el hecho de que en la iglesia del Sacred Heart haya un grupo semejante al de la 'A imagen de Dios' pues en la mayoría de las Iglesias ni siquiera reconocen a personas que son homosexuales o lesbianas ni menos tienen un grupo que se reúna periódicamente".

El grupo parroquial de homosexuales y lesbianas que comparten la Fe, en el que se incluyen también participantes heterosexuales, se reúne una vez al mes y participan de 15 a 20 personas, que no solamente rezan y estudian las Sagradas Escrituras, sino que también hablan de las dificultades en su vida respectiva, mientras se esfuerzan en vivir su fe.

David Harvie y Monark Nebus asisten con regularidad. Y le abonan al padre John Alvarado, pastor, y a la hermana josefina Kathleen Rooney, ministra de acción pastoral de la parroquia, su apertura para recibir a personas que con frecuencia se ven rehuidas en otras comunidades de fe.

La feligresa Nora Rodríguez dijo que participa en las reuniones debido a que desea demostrar su apoyo para la comunidad de LHBT. Y dijo que algunos miembros de su familia son homosexuales.

"A final de cuentas decidí participar por las personas a quienes quiero y por la manera en la que me enseñaron de chica que Dios es un Dios amoroso", dijo. "Crecí con ese mensaje y con el que ninguna persona vale menos, como persona".

Un segundo grupo, descendiente de filipinos, también ha encontrado un hogar en el Sacred Heart. Los filipinos forman un número de más de 100 personas y se han inmerso en la vida de la parroquia y les han dado la bienvenida a otros feligreses a eventos en los que celebran el gozo y las tradiciones de su cultura. La Asociación Filipino-americana del Sacred Heart les ha dado la oportunidad a los otros feligreses de que aprecien las diferencias culturales demostradas con liturgias especiales en los días anteriores a la Navidad y en la cena y baile anual que realizan para atraer fondos dedicados a un santuario en las Filipinas, mientras que reconocen la fe que todos comparten.

Gilbert y Lilibeth Delacruz, nacidos en las Filipinas, han creado y educado a su familia en South Plainfield. Sus tres hijos; uno de 20 años, otro de 18 y otro de 10, participan activamente en actividades de la iglesia, ya sea en el Sacred Heart o dentro del Ministerio del Recinto Escolar del colegio en Newman. Los Delacruz son dirigentes de la asociación, que se enfoca en el servicio a la iglesia y a la comunidad extendida, por medio de expresiones de fe enraizadas en la cultura filipina.

"Es importante pues, mientras crecemos y formamos nuestra familia, queremos continuar compartiendo nuestros valores religiosos, continuar con esos valores que moldearán a nuestros hijos mientras que crecen siendo católicos. Por esa razón queremos que se involucren en actividades de la iglesia", dijo Gilbert.

El padre Alvarado ha recibido muy bien a la asociación y dijo que era uno de los ministerios importantes de la parroquia. Las actividades de la asociación están dirigidas a la familia y a la iglesia.

"Lo que me gusta de la parroquia es el darle la bienvenida a una gran diversidad de personas. Siempre escucho al padre John que habla acerca de que somos una sociedad diversa, pero en el corazón somos católicos. Como católico filipino, yo digo que tenemos la misma educación", dijo Gilbert.

En otras partes, las actividades culturales son importantes dentro de la vida de las comunidades católicas.

En la parroquia melkita de Our Lady of Redemption, localizada en Detroit en el suburbio de Warren, Michigan, los feligreses activos se preocupan de la amenaza que significa la asimilación para personas con herencia de rito oriental y su identidad y tradiciones arábigas. Más melkitas son del Líbano que de cualquier otro lugar del Medio Oriente.

El alejamiento de sus raíces ya se empieza a sentir, de acuerdo con el padre Michael Cheble, que es el pastor y es de origen libanés. "Muchos de nuestros feligreses no acuden acá sino que van a las iglesias de rito latino, debido a que les quedan más cercanas. Inscriben a sus hijos en una escuela católica romana y se sienten más y más inclinados a asistir a una iglesia de Estados Unidos: 'Nosotros ya sostenemos la escuela'", dijo.

Y esto no es un fenómeno nuevo.

"De niña, todo acá era totalmente árabe. Y mi madre era miembro devota. Asistía todos los domingos" dijo Sue Elek. "Pero yo me sentía más a gusto en la iglesia americana, pues estaba calle abajo, todos los niños de la vecindad iban allá y así tengo que decir que yo fui más veces allá que acá de niña".

En su adolescencia, sin embargo, sintió el jalón hacia las costumbres melkitas. Cuando se casó con su esposo, de rito latino, la ceremonia fue dentro del rito melkita. Al pasar de los años, dijo Elek: "John absorbió la cultura árabe. Y cariñosamente le dicen 'el árabe blanco'. Él, en muchos sentidos, es más árabe que yo y habla el árabe mejor de lo que yo lo hablo". John también pertenece al coro de la iglesia de Our Lady of Redemption.

A pesar de todo, hay lados negativos cuando se demuestra una identidad cultural, sea que uno la haya escogido o se la hayan dado a uno.

"Yo creo que parezco árabe, pero la gente cree que soy italiana", dijo Elek.

Su apellido checo ayuda a que su identidad se borre para otros. Y añadió que ha escuchado opiniones prejuiciosas "de vez en cuando. Una vez fui al hospital y todos los doctores decían: 'Árabes, ¿Por qué no se regresan de dónde vinieron?' Pero rara vez escucho tal; sin embargo, mis hermanos son constantemente señalados, como en el aeropuerto".

"Oh, sí cierto", aseguró Sara Raad, que es parroquiana de Our Lady of Redemption y que cuenta con 20 años de edad. "Señalaron a mi hermano el otro día".

"A mi cuñada", añadió Elek, "que es norteamericana y rubia, la apartaron por su apellido que es Habib. Y yo vadeo porque mi nombre es Elek".

En la parroquia de St. Anne, con un alcance de 9,000 hogares, en Dallas, en el suburbio de Coppell, Texas, cerca de un 30 por ciento de parroquianos registrados son hispanos y la tendencia va en esa dirección "el número de hispanos aumenta acá", dijo Debbie Gonzales, directora de vida familiar de la parroquia. "Tenemos bautizos celebrados en español que son acá más comunes, comparados con los que se llevan a cabo en inglés. Así que van en aumento, sale del agua en español; y esto quiere decir que cuando los menores de edad crezcan y asistan a cursos de educación religiosa, ésta empieza a parecer más hispana".

En St. Anne celebran siete Misas los fines de semana en el templo que tiene capacidad para 1,300 personas. Todas las Misas se ven llenas, pero unas se ven más apretadas que otras. La Misa que se celebra en español a las 2 de la tarde, y hay otra igual a las 7 de la tarde, está casi abarrotada, y los que llegan tarde ven la Misa en circuito cerrado, con 140 niños que son escogidos del templo al principio de la Misa para que asistan a la liturgia de la Palabra para niños. Un número mucho mayor de asistentes a cualquier otra Misa. Después de la liturgia, hay vendedores en el estacionamiento de la iglesia que venden nieve y otros helados que llevan en un carrito que luego empujan.

El tiempo de camino de 10 a 15 minutos que se emplean para asistir a Misa, celebrada en su lengua autóctona, es importantes para Marjorie Gómez de Lewisville, Texas, en la vecina diócesis de Fort Worth. "En Lewisville, teníamos una Misa celebrada en español, allá por el año 1986; pero después el sacerdote pasó a mejor vida y se suspendió la Misa en español", dijo.

Monseñor Henry Petter, pastor, dijo que le han ofrecido varias veces el ejercicio de su ministerio en St. Anne con la jubilación por venir de su predecesor y que cada vez ha declinado la invitación con delicadeza; pero cuando su obispo lo invitó personalmente a una entrevista, monseñor Petter sabía que la asignación se estaba preparando.

Así que dijo que insistiría en contar con un pastor asociado de tiempo completo que fuera hablante nativo de español. Y a pesar de que "el padre Henry" habla español y puede celebrar y predicar en español, no quería ser el único responsable de las Misas en español. Y conforme con el presente arreglo, se asegura de celebrar cada Misa de fin de semana, una vez al mes.

Mark Pattison en Warren, Michigan, y Coppell, Texas, contribuyó a este artículo.

© Arlington Catholic Herald 2015