Padres Misioneros de la Caridad encuentran rincones olvidados de Tijuana

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TIJUANA, México (CNS) -- Los hombres caminaron fatigados por el camino polvoriento de un vecindario pobre de Tijuana. El aire de la mañana dominical ya estaba árido y caliente, pero el pequeño grupo tenía una misión: se dirigían a un diminuto centro comunitario del vecindario, llevando limonada, alimento y oraciones para las familias locales.

Los hombres son miembros de los Padres Misioneros de la Caridad, entidad fundada por la beata Teresa de Calcuta. La casa generalato de los Padres ha estado en Tijuana desde 1988.

Mientras las preparaciones para la canonización de Madre Teresa del 4 de septiembre continúan, los sacerdotes y voluntarios realizan su trabajo en los rincones más rasgados y olvidados de Tijuana, en sus pueblos improvisados de panel construidos sobre caminos de tierra y aguas residuales filtrándose a través de estos, entre sus adictos y deportados, y entre aquellos que viven en medio de basura y desolación.

"Aquí no hay muchos cambios", dijo padre Zbigniew Szczotka, indicando los caminos polvorientos mientras él y su equipo conducían por los vecindarios esquivando gallos, cachorros y niños. Padre Szczotka, conocido localmente como "padre Zibi", vino a Tijuana originalmente en 1989 y la ha observado crecer y cambiar desde entonces. Solamente las zonas más pobres permanecen igual.

Los misioneros de la caridad no solamente celebran Misas y enseñan religion. Ellos también administran un comedor público, atienden a los enfermos y ayudan a los más pobres entre los pobres de otras maneras espirituales y materiales.

En Tijuana continuar el legado de Madre Teresa en muchos casos significa alojar y ayudar a personas que han sido deportadas de Estados Unidos, que están físicamente separadas de sus amigos y familias por leyes fronterizas y varados sin una red de apoyo. Algunos de ellos hasta se unen ofreciendo sus servicios y vistiendo las camisetas azules estampadas con una foto de Madre Teresa.

"Oramos sobre esto", dijo Leonardo Guerrero, de 36 años de edad, voluntario de los Misioneros de la Caridad que fue deportado de Estados Unidos hace unos dos años. "Esta comunidad de católicos enfatiza personas que son inmigrantes, que han sido reportadas … ellos enfatizan que necesitan ayuda".

Él le da crédito al grupo por los enormes cambios positivos en su vida. Guerrero una vez fue adicto y ha renunciado a las drogas y ahora está removiéndose sus tatuajes. Él también dijo que piensa quedarse en México para hacer lo que pueda para ayudar.

"Si regreso, seré etiquetado como inmigrante ilegal y ya no quiero eso", dijo Guerrero. "Solamente quiero intentar vivir la vida como un ciudadano que respeta las leyes e intentar hacer lo mejor que pueda. He tenido muchos empleos aquí y durante todo eso hay prejuicio, me miran de manera diferente…

"Ahora estoy aquí con los discípulos de Cristo … uno tiene que poner sus sentimientos un poquito al lado. Ahora que estoy regresando a mis raíces, mis costumbres religiosas, quiero hacer las cosas con un sentido espiritual. Que Dios haga su divino trabajo".

Los Padres Misioneros de la Caridad de Tijuana ayudaron a abogar el caso para la canonización de Madre Teresa. Padre Brian Kolodiejchuk, quien divide su tiempo entre Tijuana y Roma, está actualmente en Roma para la ceremonia. Él ha estado preparando la evidencia de su santidad durante 17 años.

Mientras tanto, el trabajo de ella continúa tranquilamente en lugares que el resto del mundo olvidó.

 

© Arlington Catholic Herald 2016