CARTA DEL OBISPO

25 DE DICIEMBRE DE 2015

Estimados hermanos y hermanas en Jesucristo:

Cada año, cuando nos arrodillamos ante la escena de la Natividad, vemos un Niño recién nacido, que a menudo se nos presenta con sus pequeños brazos extendidos hacia nosotros. Ese gesto conmovedor nos transmite un doble significado: ¡Jesús desea que lo abracemos y también desea abrazarnos en su amor! En fecha reciente, el Papa Francisco escribió: "El amor, después de todo, nunca podrá ser una palabra abstracta. Por su misma naturaleza es vida concreta: intenciones, actitudes, comportamientos que se verifican en el vivir cotidiano" (cf. Misericordiae Vultus, n. 9). Nuestro Santo Padre habla del amor en el contexto de la misericordia de Dios. Como todos saben, él nos insta a reflexionar sobre la misericordia de Dios de una forma muy intencional desde el 8 de diciembre del presente año hasta el 20 de noviembre de 2016, durante lo que ha llamado el Jubileo Extraordinario de la Misericordia. "…La misericordia....es la palabra clave para indicar el actuar de Dios hacia nosotros. Él no se limita a afirmar su amor, sino que lo hace visible y tangible" (cf. Ibid.).

De manera que este año al arrodillarnos ante la escena de la Natividad y fijar los ojos en el Niño Jesús, rodeado de María, José y los pastores, veremos en Él un signo muy tangible y concreto del amor de Dios y de su misericordia revelada en forma clara e inequívoca. El Niño Jesús nos busca a cada uno de nosotros. Escuchemos sus palabras: "Por causa del amor de Dios, Nuestro Padre, hacia la humanidad, he venido para estar con ustedes y salvarlos con mi futura Muerte y Resurrección. Vean cuánto los amo: ahora les extiendo mis pequeños brazos, que más tarde estarán extendidos y clavados en la Cruz". Puesto que la única forma de responder al amor es con amor, reafirmemos nuestro amor por el Niño Salvador, que habremos de demostrar al imitarlo en nuestra vida cotidiana y al extender nuestro amor y misericordia a quienes encontremos por el camino, comenzando por nuestra familia.

Sí, vivimos en un mundo turbulento, ansioso e incierto. El Niño Salvador en su cuna en el pesebre nos acerca a Él independientemente de nuestras dificultades, porque solo en Él y por su misericordia lograremos tener esperanza perdurable aun hasta la vida eterna. Respondamos a su amor con el corazón abierto y con los brazos extendidos hacia Él.

Tengan la seguridad de que ustedes y todos sus seres queridos serán recordados en las Santas Misas que ofreceré en la Navidad y durante la temporada navideña. Así mismo, los llevaré ante el Señor en mis oraciones diarias durante el curso del próximo Año Nuevo. Por favor, recen por mí para que pueda llevar el amor concreto del Niño Jesús a todos los que están bajo mi cuidado pastoral.

Fielmente en el Corazón de Cristo,

Monseñor Paul S. Loverde

Obispo de Arlington

© Arlington Catholic Herald 2015