Elección de 2016: Formación de la conciencia para una ciudadanía fiel

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A continuación se presenta la primera parte de una serie de seis reflexiones redactadas por Monseñor Paul S. Loverde, Obispo de Arlington, sobre la formación de nuestra conciencia como católicos antes de la elección presidencial de noviembre.

Sin duda alguna, cada vez que vemos el noticiero vespertino, muchos de nosotros quedamos consternados con la presentación del segmento referente a política. Como muchos de nuestros conciudadanos, en esta época no encuentro palabras para describir mis pensamientos y, como es natural, mis sentimientos a medida que se acerca la elección presidencial del presente año. ¿Por qué? Porque la política, que en principio debe ser la búsqueda del bien común, se ha reducido a publicidad negativa y a insultos.

Como ustedes saben, he dedicado una gran parte de mi ministerio como sacerdote y obispo a defender el derecho a la vida, la verdadera y auténtica naturaleza del matrimonio y la dignidad de cada ser humano creado a imagen y semejanza de Dios.

Hoy en día, veo ejemplos claros de la medida en la cual la postura de los candidatos es contraria a la enseñanza de nuestra Iglesia y a las verdades fundamentales que conocemos en virtud de la razón humana. En las últimas semanas, también he visto que el carácter y el temperamento de los candidatos parecen ser perturbadores al considerar la enorme responsabilidad encomendada al Presidente de los Estados Unidos.

En el transcurso de las próximas semanas, ofreceré una serie de seis reflexiones que, ruego a Dios, les ayuden a unirse a mí en el empeño de formar nuestra conciencia a medida que nos preparamos para participar en la próxima elección presidencial.

La formación de nuestra conciencia exigirá oración, reflexión sobre las enseñanzas de nuestra Iglesia, aplicación de principios a los problemas de nuestra era y a la postura adoptada por los candidatos a cargos públicos y, por supuesto, ¡más oración!

Como primer paso en el empeño por formar nuestra conciencia, propongo la práctica de la oración y del ayuno.

Una “disciplina” regular y habitual de oración nos abre la mente y prepara nuestro corazón para oír la Palabra del Señor que nos habla bajo la inspiración del Espíritu Santo.

El ayuno- la abstención del consumo de alimentos y bebidas, la privación de diferentes formas de entretenimiento y aún, la “desconexión” voluntaria de varios dispositivos electrónicos por algún tiempo- también nos purifica la mente y el corazón para poder abrirlos a la Verdad que rogamos que nos hable en esta hora de discernimiento.

En los próximos artículos presentaré los principios de la enseñanza de la Iglesia y de la ley natural, que forman la base de la adopción de decisiones de conciencia que, en definitiva, nos llevarán a votar en una elección.

Sin embargo, ahora, al comenzar nuestro peregrinaje de discernimiento, los invito a unirse a mí para dar el primer paso en la formación de nuestra conciencia: contraigamos o renovemos un determinado compromiso diario y semanal de hacer alguna forma de oración y ayuno, y pidámosle al Espíritu Santo que nos ilumine la mente y nos toque el corazón- y que haga lo mismo con nuestros conciudadanos- para que podamos escoger dirigentes que presten el mejor servicio a nuestra nación y, particularmente, en las palabras pronunciadas por el Papa Francisco ante el Congreso de los Estados Unidos, que estén dispuestos a “custodiar y defender la vida humana todas las etapas de su desarrollo”.

 

© Arlington Catholic Herald 2016