Los charcos en nuestro camino

Al inicio de un nuevo año civil, es normal pensar en lo que deseamos mejorar en nuestra vida, o de querer lograr algunas metas. En este Año de Misericordia, les propongo una sugerencia sencilla, y a la vez desafiante. El Año de Misericordia abarca cada situación de nuestra vida. Aquí propongo ver solamente dos aspectos, muy interrelacionados: confianza en Dios, y una relación con Dios que vive de esta confianza. ¿Qué quiere decir, en lo cotidiano, vivir desde la confianza en El?

¿No les ha pasado, alguna vez en su niñez, que iban caminando con amiguitos, hermanos, primos, o con su familia, y se enfrentaron con un charco a medio camino, sin poder darle la vuelta? ¿Qué hicieron?

El Papa Francisco nos ofrece esta misma imagen, en su discurso en el Encuentro con los Jovenes en Kampala, Uganda el 28 de noviembre, 2015. Si tienen la oportunidad, les recomiendo que lean el discurso completo; es algo muy bello. (vatican.va, discursos 2015, 28 de noviembre) El Papa comparte: "Han visto alguna vez a un niño que se detiene en medio de la calle porque se encuentra un charco que no puede saltar ni bordear? Intenta hacerlo, pero cae y se moja. Entonces, tras varios intentos, pide ayuda a su papá, que lo toma de la mano y lo hace pasar rápidamente al otro lado. Nosotros somos como ese niño."

¿Cuáles son los charcos, o aquello que nos hace detenernos con algo de miedo, y con lo cual se nos hace dificil seguir adelante, con paz? Tal vez es la situación económica de la familia, una enfermedad sea física o emocional, o el miedo de comprometerse en matrimonio o en la comunidad Cristiana, o nuestras limitaciones personales (que todos tenemos). Imaginémonos ante esa realidad que es nuestra…. ¿Tratamos de superarlo o de vivirlo a solas, únicamente con la fuerza de nuestra voluntad? ¿O somos capaces, como el niño en la imagen que nos propone el Papa, de pedir la mano de nuestro padre? Independientemente de nuestra situación familiar actual, todos tenemos un Padre esperando a cada momento que confiemos en El, y en su ayuda.

Santa Teresita del Niño Jesús hablaba de la sencillez y sabiduría de saber que no podemos alcanzar las metas de la espiritualidad (o cualquier meta grande) a solas. Ella hablaba de la confianza en Dios, como un pequeño que acude a los brazos de Dios como si fuera elevador, para subir a donde quiere ir, sin dificultad, y con paz. En este ejemplo ella hablaba de la meta de llegar a Dios y estar en unión con El. Con El todo podemos.

En medio de nuestras tareas, tomemos momentos en el día para estar en comunicación con nuestro Padre Celestial, con Jesús nuestro Salvador, y con el Espíritu Santo. Nunca estamos solos. Nuestro Dios esta siempre inclinado hacia nosotros, deseando brindarnos lo mejor y de darnos todos los dones que más necesitamos. Solo tenemos que abrir la puerta de nuestro corazón y dejar que El cargue el yugo con nosotros, dejar que nos lave los pies. Así es nuestro Dios… misericordioso y digno de nuestra confianza. Pase lo que pase, crean en el amor infinito que Dios tiene para cada uno de nosotros. Nunca estamos solos.

Hna. María Elizabeth, Hija de San Pablo, trabaja por Pauline Books and Media en Alexandria.

© Arlington Catholic Herald 2016