Tercera parte – El matrimonio y la sexualidad: testimonio de la verdad

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Me desconcierta y me entristece pensar que lo que antes se daba por sentado por ser obvia e indiscutiblemente cierto, ahora no solo se cuestiona sino que a veces hasta se ridiculiza como “anticuado” o, lo que es peor, como intolerante.

En particular, pienso en una de las verdades más fundamentales de la creación de Dios: que Él creó a nuestros primeros padres “y los hizo varón y mujer” y que "por eso, el hombre dejará a su padre y a su madre para unirse a su mujer, y los dos no serán sino una sola carne" (Mateo 19:5).

Como católicos, creemos que el matrimonio puede existir solamente entre un hombre y una mujer.

Esta verdad es revelada por Dios en las Escrituras y en la tradición de la Iglesia y, además, es parte de la ley natural, que la razón humana puede conocer aparte de la fe religiosa explícita.

En la formación de nuestra conciencia para prepararnos para participar en las próximas elecciones, es necesario que consideremos la postura de los candidatos con respecto a asuntos relacionados con el matrimonio y la sexualidad humana.

Nuestra Iglesia, de manera constante e inequívoca, afirma la dignidad y el valor de cada ser humano porque todos somos creados a imagen y semejanza de Dios.

Nuestra afirmación de la dignidad de cada vida humana, por supuesto, incluye a quienes sienten atracción por personas del mismo sexo y nos lleva a condenar toda forma de discriminación injusta y toda clase de violencia.

Esta misma afirmación nos lleva a insistir en que todas las leyes, decisiones judiciales y normas gubernamentales que afirmen un “derecho” a contraer “matrimonio” con una persona del mismo sexo son injustas porque hacen caso omiso de la verdad y son contrarias a la ley natural.

El Papa Francisco afirmo en fecha reciente lo que es no solamente la enseñanza constante de la Iglesia, sino también la verdad que puede conocerse por la propia razón, a saber, que “lo creado nos precede y debe ser recibido como don”... y que “somos llamados a custodiar nuestra humanidad y eso significa... aceptarla y respetarla como ha sido creada” (Amoris laetitia, #56).

Al evaluar a los candidatos que aspiran a nuestros votos, y las plataformas de los partidos que representan, es necesario considerar sus posturas sobre la naturaleza del matrimonio y la verdad de la sexualidad humana.

Las posturas de los candidatos sobre asuntos como estos revelan su disposición a reconocer y aceptar la verdad. Y la verdad que digamos con respecto a nosotros es más fundamental que cualquier postura en materia de política, plataforma partidaria o enseñanza religiosa particular... está arraigada en la naturaleza humana.

Siempre insistiré en que nunca es “anticuado” y, por supuesto, tampoco “intolerante”, ser testigo de la verdad con respecto al matrimonio, a la sexualidad humana y a todos los demás asuntos de importancia con los cuales se enfrenta nuestra sociedad.

En una sociedad como la nuestra que asigna tanto valor a la libertad, pensemos siempre en las palabras de nuestro Señor que nos recuerda que ¡la verdad nos hará libres! (Juan 8:31-32)

 

© Arlington Catholic Herald 2016