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Cambia la palabra Hipocresía por Misericordia en esta Semana Santa

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Ya en pocos días la Iglesia Católica y en especial nuestra Diócesis de Arlington estaremos celebrando la semana mayor de la Iglesia y en su mayoría las diferentes parroquias han organizado retiros espirituales, Vía Crucis para prepararnos a vivir la pasión, muerte y resurrección de Cristo.

Bien nos dice San Juan Crisóstomo: “Si no logras encontrar a Cristo en el mendigo a las puertas de la Iglesia, no le encontrarás en el cáliz”.

A su vez, San Basilio, en una predicación sobre el pasaje del evangelio del joven rico, argumentaba vigoroso: “Si realmente amases a tu prójimo, hace tiempo hubieras pensado en desprenderte de lo que tienes. Pero la verdad es que llevas más pegado a ti el dinero que los miembros de tu cuerpo, y te duele más desprenderte de él que si te cortaran los miembros mas importantes”.

Ambos, Padres de la Iglesia, centraron su misión en la defensa a ultranza de los pobres y necesitados, convirtiéndose en fustigadores de los ricos para que no descansen en el uso egoísta de sus riquezas.

En esta cuaresma, que debe también ser tiempo de romper las cadenas de la injusticia, hay que volver los ojos a las enseñanzas de estos dos Padres Santos, para que el poner en práctica las obras de misericordia pidamos por todos aquellos que con bondad y generosidad ofrecen sus oraciones, sacrificios y diezmos para que nuestra Santa Iglesia Católica continúe evangelizando en especial a aquellos Católicos de la Diócesis de Arlington que están participando con amor en la Petición Cuaresmal del Obispo.

Éste es un llamado para que antes de comenzar la Semana Santa borremos de nuestro vocabulario la palabra hipocresía e incluyamos en su lugar la palabra Misericordia, porque solamente quien ve el dolor ajeno como propio podrá sentirlo y buscarle un paliativo. Pongamos manos a la obra, y en oración y penitencia rompamos la cadena de injusticia social.

El Papa Francisco en una de sus homilías nos decía: “¿La limosna, el ayuno y la oración para qué sirven? La limosna, la oración y el ayuno nos devuelven a las tres únicas realidades que no pasan. La oración nos une de nuevo a Dios; la caridad con el prójimo; el ayuno con nosotros mismos. Dios, los hermanos, mi vida: éstas son las realidades que no acaban en la nada y en la que encontramos tiempo para Él y yo, pero olvidamos a Dios. Y después hacia el otro, con caridad, que nos libra de la vanidad del tener, del pensar que las cosas son buenas si lo son para mi. Finalmente, nos invita a mirar dentro de nosotros mismos con el ayuno, que nos libra del apego de las cosas, de la mundanidad que anestesia el corazón. Oración, caridad, ayuno:   Tres inversiones para un tesoro que no se acaba”.

Vive esta Semana Santa con entrega, en familia, que el Triduo Pascual lo ofrezcas por los más pobres, los inmigrantes y los refugiados, sin olvidar que tú eres un inmigrante en este mundo y un día serás ciudadano especial en el cielo. ¡Alístate, Prepárate!

Padre Hoyos es el Director Diocesano del Apostolado Hispano.  

© Arlington Catholic Herald 2019

@jhoyos04