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Practicar la presencia de Dios

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¿Cuantas cosas no han rodeando por tu cabeza? ¿Cuantos pensamientos, información, preocupaciones, canciones, ideas y opiniones no están constantemente bombardeando tu pensamiento? Pareciera que no tenemos ni un momento de silencio o que en cada momento hay algo nuevo que requiere nuestra atención. Luego, en estos tiempos de cuaresma se nos dice que tenemos que aumentar el ayuno, la limosna y el tiempo de oración y pensamos ¿como voy a orar si no me queda ni un minuto libre?

Primero tenemos que entender que mucho del ruido que hay en nuestras vidas es por que lo hemos buscado. Dejamos todas las notificaciones en el teléfono y por tanto cada vez que suena, casi por instinto, tomamos el teléfono sin pensarlo. Cuando entramos a la casa prendemos el televisor, al entrar en el carro prendemos la radio, al meternos al internet vamos con una intención, pero luego nos distraemos buscando miles de cosas mas. Nos hemos creado un gran problema y es que con ese ruido nunca seremos gente de oración ni mucho menos podremos encontrar a Dios en las cosas que hacemos. ¿Si no estamos atentos  a nosotros mismos como estaremos atentos a Dios?

Los grandes santos nos dicen que Dios no esta afuera, sino que se encuentra dentro de nosotros. Pero para encontrarlo hay que crear un espacio para el.  Por eso este tiempo de cuaresma es una bendición porque el ayuno nos ayuda a vaciarnos de las pasiones y crear espacio para Dios. Por cierto, de nada sirve hacer ayuno si no va unido con la oración. Hacemos ayuno no para mostrarnos a nosotros mismos o a los demás lo fuerte que somos sino  para poder crear espacio para Dios. Esto es lo que quería decir Jesús cuando nos dijo que "no solo del pan vive el hombre sino de cada palabra que sale de la boca de Dios (Mt 4:4). Pero para poder hacer oración hay que estar atento a la presencia de Dios en cada momento. No se trata de hacer cosas extraordinarias sino las cosas ordinarias con mucho amor, como decía la Madre Teresa.

¿Y como vivir en continua presencia de Dios? Lo primero es desearlo. Tenemos que desear que Dios sea el centro de todo, que sea el centro de la familia, del trabajo, de los oficios del hogar, de los estudios, en fin, de todo lo que hacemos.   Tenemos que pedirle a Dios que nos ayude a centrarnos en Él. Cuando nos vemos distraídos se trata de traer la mente de nuevo a Dios. Al principio será una gran lucha, pero poco a poco nos iremos acostumbrando a ofrecerle a Dios todo lo que hacemos. La idea es que la vida se vuelva una oración continua. De manera que estemos tan unidos a Dios en los momentos de trabajo y oficio como cuando estamos en oración. Un libro precioso que los puede ayudar a entender como se vive en la presencia de Dios, y que es muy corto y perfecto para este tiempo de cuaresma, se llama "La práctica de la presencia de Dios" del hermano Lorenzo. El nos cuenta como podía vivir en cada momento unido a Dios aun en medio de las tempestades y turbaciones espirituales y de la cotidianidad de la vida.

Pasemos a aspectos prácticos que nos puedan ayudar a vivir en su presencia:

Desearlo: Al despertar, hacer una pequeña oración pidiéndole a Dios que te ayude a vivir en Su presencia ese día y de verlo en todas las cosas que haces.

Silenciar las notificaciones del teléfono. Pon tus notificaciones en silencio. Silencia el whats app, los mensajes de texto, quita el email del teléfono (lo revisas en la computadora), elimina las notificaciones de Facebook y cualquier otra cosa que distrae. Pon un horario para revisar las notificaciones. A las 11 y las 4 por ejemplo puedes revisar y contestar los mensajes, pero el resto del día estas libre de distracciones y aprovechas para usar ese tiempo para hablar con Dios.

Silenciar la radio y la televisión. Durante la cuaresma hazte el propósito de no usar música en el carro. Y si estas a solas habla con Jesús como si estuviera en el carro contigo. Cuéntale de todas las cosas que estas haciendo durante el día, dale gracias por las cosas concretas que han ocurrido y pídele ayuda por las cosas difíciles que se presenta.

Encomienda todo lo que haces a Dios. Antes de cocinar, de hacer la cama, de limpiar, de trabajar, de estudiar, de vestirte, de comer, antes de cualquier actividad ofrécelo a Dios. Lo puedes hacer con una oración sencilla diciéndole: "para ti Jesús".

Tomate unos momentos en silencio para hacer oración. Si planificas bien el tiempo seguro que podrás encontrar al menos 15 minutos al día para hacer oración. Quizás signifique que te tengas que despertar 15 minutos antes o despertarte 15 minutos después.  Puedes rezar el rosario o la coronilla, leer las Sagradas Escrituras, contemplar un crucifijo, etc.

Al final del día hacer un examen de conciencia a ver como estabas atento a Su presencia. Le das gracias a Dios por los momentos de unión con El y pedirle perdón por los momentos que intencionalmente elegiste la distracción en vez de estar con El.  

Briceño, una virgen consagrada, se dedica a la evangelización a través de su ministerio happyfeetministries.com.

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