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Formación prematrimonial, ¿para qué?

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El matrimonio es una vocación que requiere una adecuada preparación que ayude a los novios a meditar bien sobre este paso que darán. Por ello, la iglesia recomienda una preparación profunda y delicada, ya que, de la preparación de los esposos y de la conciencia cristiana y espiritual que ellos tengan surgirán los hijos que son el fruto de su amor y el futuro de la humanidad; por este motivo, tienen que conocer bien la doctrina del sacramento y más allá de ello, los retos y los contratiempos que la vida matrimonial les traerá consigo.

El Catecismo de la Iglesia nos explica que: “La alianza matrimonial, por la que el varón y la mujer constituyen entre sí un consorcio de toda la vida, ordenado por su misma índole natural al bien de los cónyuges y a la generación y educación de la prole, fue elevada por Cristo Nuestro Señor a la dignidad de sacramento entre bautizados” (CEC #1601). El Matrimonio es el sacramento que santifica la unión indisoluble entre un hombre y una mujer cristianos, y les concede la gracia para cumplir fielmente sus deberes de esposos y de padres. Las propiedades esenciales del Matrimonio son: unidad, indisolubilidad y apertura a la fecundidad.

Contraer matrimonio es decirle a toda la sociedad y más a familiares y amigos (y después a los hijos) que pidiendo la protección de Dios y cumpliendo con las leyes vigentes son esposos decididos a construir un edificio que se llama matrimonio, refugio para toda la vida de los esposos y de la misma familia. Esto se compara la construcción de un edificio; que construye día a día y cada ladrillo que los esposos colocan es un día de vida matrimonial, o una semana o un mes según la importancia del tiempo vivido; pero la amalgama que une esos ladrillos y los cimenta para siempre se llama amor conyugal.

Pero para construir este edificio, hay que preparar bien los materiales adecuados para construir algo débil y sin solidez. Para ello uno de los primeros requisitos que se les pide a las parejas cuando buscan recibir el sacramento es que tienen que atender a un seminario, formación previo a todo lo demás; lo que llama la atención en todo esto, es que, la mayoría no están abiertos a realizar la preparación, siempre preguntan y porque es tan largo este proceso, porque tantas clases, y unos preguntan, sabe de una parroquia donde podemos ir que no sean tantas clases o que nos eximan las clases, porque consideramos que no son necesarias porque nosotros nos queremos mucho. Se sabe perfectamente que si quieren contraer matrimonio es porque se aman, pero eso no garantiza que tengan poca formación en lo que vendrá después de recibir el sacramento, tampoco garantiza que conozcan los retos, y que estén preparados para afrontar las crisis y la misma formación de los hijos.

La llamada al matrimonio es tan preciosa que muchos no la valoran como tal. Pienso que quizás muchos se lo toman a la ligera y se detienen más en lo externo y se olvidan de la magnitud de este sacramento. El matrimonio es una vocación, y como tal, es tan precioso que requiere de una preparación exhaustiva. Las cosas importantes necesitan tiempo para ser acogidas, construidas, crecidas y maduradas con tiempo y paciencia para que crezca y se solidifique.

Dentro de estos cursos de formación se enfatiza la importancia del respeto mutuo, y de la valoración de ambos, un respeto y una valoración en todos los niveles, ya que con el paso de los años y la fatiga diaria por el trabajo el estrés se acumula y se corre el peligro de perder de vista el valor interior del cónyuge, y comienzan las rencillas y las faltas de respeto. Todo esto conducirá a un desinterés mutuo y a un enfriamiento en la relación; cuando esto sucede, el amargo fruto es una familia que comienza a sufrir y si no se tiene conciencia de esto, surgen las separaciones y fracasos. Por ello buscamos hacer conciencia en vigilar estos puntos. 

Otro elemento básico es la sexualidad, un tema que se torna tabú porque casi nadie quiere hablar de ello, ya sea por vergüenza o porque no se le da la debida importancia, y si se toca se hace de manera inapropiada, por ello, se explica este aspecto desde una visión de Dios, basados en lo que la iglesia y su magisterio nos enseñan, buscando así la santificación y el respeto de sus cuerpos, viviendo entre sí, una sexualidad sana, sabia y santa. 

Por ende se busca renovar el anuncio del Evangelio, y hacerlo en pareja porque juntos realizaran este gran camino de vida, renovarlo con frescura y hacerles énfasis en un encuentro amoroso con Jesús vivo que les llama a construir su amor y fundar una familia desde su corazón y desde el evangelio mismo; que centrados en Jesús construyan una comunidad de fe, esperanza y caridad, que tengan claro que un matrimonio sin Dios, sin el Evangelio no llega a ningún lado, sino que se marchita y fracasa; porque pierde la esperanza y poco a poco se marchita hasta morir.

En conclusión, los cursos prematrimoniales buscan siempre, hacer que los futuros esposos, se conozcan en plenitud, pero, sobre todo, que conozcan el proyecto de Dios en sus vidas, y basados en ello, busque la santidad y trabajen por ella; que se sientan llamados a vivir en la presencia de Dios y que entusiasmen e inspiren a sus hijos que serán el futuro de la humanidad. Formarse es siempre una ganancia, porque se conoce más la fe y es más fácil el encuentro con Dios y con los hermanos. 

El Padre Díaz es vicario parroquial en Nuestra Señora de los Ángeles en Woodbridge.

© Arlington Catholic Herald 2020