Lo que el mundial nos enseña sobre la fé

Muchos han visto con emociones alta este mundial de futbol. Los que todos pensaban que iban a ganar quedaron eliminados y los que no pensaban que pasarían pasaron. Lo que mas me ha llamado la atención es ver como la gente cuando juega su país (o el país que le gusta) se ponen los uniformes, ven con adicción los juegos y si gana su equipo gritan ¡ganamos! Pero la verdad es que solo los que entrenaron y jugaron son los que ganan. Ayunque grites: “ganamos” en realidad no has ganado nada. No ganaste el dinero, ni la fama, ni la copa, nada.

Solo los que entrenan y juegan ganan. Por mas que te pongas el uniforme, grites o te pintes la cara, la realidad es que estas en las gradas o en el sofá delante del televisor, pero no en el campo donde los campeones juegan. En la fe no podemos ser espectadores. Es fácil ver a los santos y admirarlos, pero los santos no son para que los admiremos sino para que los imitemos. Ellos son los que han ganado el juego y ganaron porque jugaron el juego y no se quedaron en el sofá o delante una televisión, sino que se pusieron a jugar.

Siempre me he admirado que la gente se pone sus camisetas de su equipo y jugadores favoritos y nos les importa que se burlen de ellos. Digan los que le digan nadie les quita el orgullo de apoyar ese equipo y sin embargo esas mismas personas les da vergüenza usar una cruz o que les pregunten de Dios. Les da miedo practicar la fe o que los identifiquen del “equipo de Cristo” y prefieren pasar desapercibido. ¿Porque son capaces de identificarse con un equipo de futbol, pero no con Cristo?

Usemos la metáfora del mundial para entender un poco mas sobre la vida de fe. Es verdad que el mundial viene cada 4 años, pero los jugadores entrenan constantemente y es por eso que cuando viene el mundial están preparados. Son los mejores porque han puesto el mejor esfuerzo, tienen los mejores entrenadores, y juegan y entrenan con el mejor equipo. Muchas veces tienen que decir que no a cosas que les gustaría hacer porque deben entrenar. Y aunque sean el jugador estrella saben que sin el equipo no pueden ganar. Además, como han entrenado conocen las reglas del juego. Saben que si se salen de las reglas hay consecuencias y que hasta los pueden sacar del juego. Ellos no se inventan las reglas, sino que las siguen y es por eso que pueden ganar. ¿Que tal si un jugador decide que prefiere meter el gol donde esta su propio equipo porque no quiere que nadie le diga donde debe ir el balón? ¿Lo puede hacer? Si puede, pero pierde.

La vida espiritual es un entrenamiento diario. Tal como entrenan los jugadores desde pequeños así mismo debemos entrenarnos y entrenar a los hijos. Debemos conocer las reglas del juego, los mandamientos, preceptos de la Iglesia, las virtudes y pecados para así saber como debemos vivir. Si no seguimos las reglas perderemos en esta vida y en la próxima. Debemos encontrarnos con los mejores entrenadores, debemos tener directores espirituales y confesores que nos ayuden a ser cada vez mejor, mas disciplinados, mas entregados, menos egoístas y más parecidos a Cristo. También debemos recordar que solos no podemos. Jesús fundo una Iglesia para que perteneciéramos a ella. No quiere llaneros solitarios. Si Jesús mismo estuvo con doce ¿como podemos decir que podemos solos? Pero no es suficiente pertenecer a una Iglesia y calentar los asientos sino ser activos en la Iglesia. También además de ser miembros de la Iglesia debemos pertenecer a una pequeña comunidad de fe donde compartimos nuestro camino, nos apoyamos y nos ayudamos a vivir cada vez mas cerca con Cristo.

Los amigos importan, las personas con las que nos rodeamos importan. Si quieres ser el mejor jugador tienes que jugar con los mejores jugadores. Si eres buen atleta, pero entrenas con mediocres serás mediocre. Si vas a Misa pero tus amigos, novio/ novia, o compañeros viven a espaldas de Dios muy pronto te iras enfriando y sin darte cuenta también le darás la espalda.

No seamos cristianos espectadores, de esos tibios que prefieren quedarse sentado y gritar porras en vez de jugar. Seamos cristianos de verdad. Seamos cristianos que entrenan, que se dejan guiar, que siguen las reglas de juego, que no tienen miedo de ser identificados con Jesús y que saben cual es la meta. Solos los que juegan y entrenan ganan. Juega para ganar.

Briceño, una virgen consagrada, se dedica a la evangelización a través de su ministerio happyfeetministries.com.

© Arlington Catholic Herald 2018