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Misericordia, petición, acción de gracias y adoración

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Estamos viviendo el tiempo cuaresmal, un tiempo de penitencia y reconciliación, también es un tiempo en el cual la iglesia nos invita a orar con más intensidad, y en medio de este ambiente de oración penitencial muchos se preguntan cuál es la forma correcta de orar. La oración es importante no solo en tiempo de cuaresma sino en todo momento de nuestras vidas, ya el mismo Señor se los recomendaba a sus discípulos “Vengan, apártense de los demás a un lugar solitario y descansen un poco. Porque había muchos que iban y venían, y ellos no tenían tiempo ni siquiera para comer” (Mc 6:31). Vivimos la mayor parte de nuestra vida activos y trabajando hasta el punto que no tenemos tiempo para nosotros y nuestra vida espiritual, por ello pienso que es necesario tener una forma que nos haga más fácil nuestro contacto con Dios. Como es lógico, el silencio es muy importante, antes de todo debemos de preparar una atmosfera de silencio y tranquilidad (1Re19:9-14).

Siempre que entremos a la presencia de Dios es necesario reconocer nuestra miseria y comenzar bajando nuestra cabeza y pedir su misericordia “Dios mío, ten piedad de mí, que soy un pecador” el reconocimiento de nuestras caídas y pecados siempre son un buen inicio para que Dios sane nuestro interior. En más de alguna ocasión nos hemos vuelto arrogantes ante El, porque directamente nos acercamos a pedirle sin antes reconocer que no somos merecedores de lo mucho que tenemos e incluso de lo que pedimos.

Petición es el siguiente momento, Jesús mismo nos mandó a pedir con confianza como verdaderos hijos “Pidan y se les dará; busquen y hallarán; llamen y se les abrirá la puerta” (Mt 7:7-11), siempre es bueno pedir al señor por nuestra familia, amigos, enemigos, nuestro país, nuestra iglesia, nuestros obispos, y finalmente por todas aquellas intenciones especiales, en especial aquellas que consideramos imposible, teniendo presente que para Dios nada hay imposible. Debemos pedir con insistencia pero con amor de hijos.

Ahora bien, siempre que recibamos algo debemos de ser agradecidos, algo que muy pocas veces hacemos; dentro de nuestra oración diaria nunca debe de faltar la Acción de Gracias, ser agradecidos tiene mucho valor ante la presencia de Dios, hay tanto porque dar gracias que si nos ponemos a examinar nuestra vida Dios nos premia con más de lo que merecemos, ejemplo de ello es nuestra vida, nuestra familia, amigos, nuestro trabajo, tenemos salud, un techo, personas que nos aman y mucho más;  pero siempre creemos que Dios no nos ha dado suficiente, y por ello siempre queremos más. En el evangelio de Lucas encontramos la curación de los 10 leprosos, los cuales al ser sanados solo uno fue capaz de gracias a Jesús, al ver esta actitud Jesús se muestra indignado por tal acción. (Lc 17:11-19)

Finalmente, al estar en la presencia de Dios en el silencio y la intimidad de la oración debemos de adorarle, tomar un espacio de Adoración en su presencia. El catecismo de la iglesia nos lo explica de muy claro: “Adorar a Dios es reconocerle como Dios, como Creador y Salvador, Señor y Dueño de todo lo que existe, como Amor infinito y misericordioso. “Adorarás al Señor tu Dios y sólo a él darás culto” (Lc 4:8), dice Jesús citando el Deuteronomio (6:13). Adorar a Dios es reconocer, con respeto y sumisión absolutos, la “nada de la criatura”, que sólo existe por Dios. Adorar a Dios es alabarlo, exaltarle y humillarse a sí mismo, como hace María en el Magníficat, confesando con gratitud que Él ha hecho grandes cosas y que su nombre es santo (cf Lc 1:46-49). La adoración del Dios único libera al hombre del repliegue sobre sí mismo, de la esclavitud del pecado y de la idolatría del mundo” (CEC 2096-2097).

Que ojala a partir hoy oremos, reconociendo la misericordia, pidiendo lo que necesitamos, dando gracias por lo que tenemos y adorando su excelsa majestad.

Que Dios les bendiga.

El Padre Díaz es párroco en la Parroquia Reina de los Apóstoles en Alexandria.

© Arlington Catholic Herald 2021