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Pascua de 2021

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Queridos hermanos y hermanas en Cristo,

¡Nuestro Señor ha resucitado! La Luz del mundo ha conquistado las tinieblas y nos ha dado la oportunidad de vivir con Él, ahora y siempre. Después de un año largo y difícil, ahora celebramos con alegría la Resurrección del Señor y estamos renovados y fortalecidos por la fe que Él imparte.

Ruego que cada uno de ustedes pueda acoger plenamente esta santa temporada de victoria de Nuestro Señor sobre el sufrimiento y la muerte. A pesar de la pandemia y de las demás dificultades que afectaron nuestra vida el año pasado, ¡tenemos motivos para regocijarnos! Nuestro Señor nos ama y, en fiel obediencia al Padre, ofreció el último sacrificio en nombre nuestro para que pudiéramos tener vida eterna con Él en el Cielo en compañía de los santos y los ángeles.

Al comienzo de la Cuaresma, el Miércoles de Ceniza, prediqué sobre una virtud fundamental para quienes buscan tener una estrecha relación con Dios: la humildad. San Agustín nos dijo estas palabras en sus famosos escritos: “Si me preguntaran cuáles son los caminos de Dios, les diría que el primero es humildad, el segundo es humildad y el tercero es humildad. No es que falten otros preceptos, pero si la humildad no precede todo lo que hacemos, nuestros esfuerzos serán infructuosos”. Solo Dios tiene el poder de vencer la muerte y de dar nueva vida en Él. Nuestra alegría debe estar arraigada en el humilde reconocimiento de que la salvación lograda por Cristo se nos ofrece gratuitamente. La muerte y la resurrección son dones que se nos ofrecen gratuitamente y debemos confiar en su infinita misericordia para entrar en el Reino de los Cielos.

En nuestra vida experimentamos felicidad y dolor y si unimos nuestras alegrías y penas a las de Cristo, Él nos llevará a compartir su victoria y la gloria de su Resurrección. Por lo tanto, celebremos las bendiciones de la Pascua con un corazón humilde y agradecido.

Que la paz del Señor Resucitado, la Luz del mundo, esté con ustedes en esta temporada de Pascua y siempre.

Fielmente en Cristo,

Monseñor Michael F. Burbidge

Obispo de la Diócesis de Arlington

© Arlington Catholic Herald 2021