‘Al crecer la maldad, se enfriará el amor en la mayoría’

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El pasado 14 de febrero hemos iniciado en toda la Iglesia universal el tiempo de la Cuaresma, un tiempo de gracia y de preparación, un tiempo de penitencia y de silencio, donde a todos se nos invita a entrar en nuestros corazones y examinar en que aéreas tenemos que trabajar más para acrecentar nuestra santificación y nuestro contacto más profundo con Dios. 


El Papa Francisco ha vuelto a hacernos un reto con su mensaje de Cuaresma para este año. El Papa, toca una realidad existente en todas las aéreas de nuestra sociedad actual, se ha inspirado en la expresión de Jesús en el Evangelio de Mateo “Al crecer la maldad, se enfriará el amor en la mayoría” (Mt 24:12). Un fenómeno que quiérase o no está pasando o a pasado en muchos cristianos que al ver tanta violencia, división y charlatanería en el entorno, deciden tomar la salida más inmediata que como es común suele ser, el alejamiento de la fe, del amor de Dios y de nuestros círculos apostólicos, en las parroquias o diócesis. 


Considero que es normal el sentirnos defraudados y sin fuerzas ante los atropellos contra la dignidad de las personas, de las mujeres, los jóvenes, los ancianos, los niños y los migrantes; lideres que no tienen el mínimo de reparo de violentar estos derechos de los pequeños, cuando juegan con su sencillez y les manipulan para sus propios intereses, todo a causa del dinero y del enriquecimiento corrupto. El Papa repite las palabras del evangelista y vuelve a llamarles “encantadores de serpientes”, que usan las emociones humanas para esclavizarles a sus intereses personales y se representan en la ilusión del dinero, y la lucha por el poder, o el deseo de fama y una vanagloria narcisista, que incluso llegan hasta manipular la misma fe para ello. Por ende, ante semejante y difícil situación; el desanimo y la indiferencia son los signos que estamos permitiendo que el maligno gane la batalla y nos doblegue hacia sus garras. 


Ahora bien, el Papa no solo esta denunciando esta dura situación, sino mas bien nos reta a que no nos dejemos robar el amor por el maligno que se afana en hacer perder la paz y la armonía productos de este amor; nos reta a que en esta Cuaresma intensifiquemos nuestros compromiso con el Señor. El Santo Padre nos invita a recuperar el contacto con la Iglesia y practicar la oración, la limosna y el ayuno, que son las principales armas para afrontar el mal e incrementar el bien que es visible a través del amor y la caridad. Es importante practicar la oración para que “nuestro corazón descubra las mentiras secretas con las cuales nos engañamos a nosotros mismos”. La oración es el contacto con Dios, es la intimidad con Él, si no hay oración no hay intimidad ni vida interior y por tanto no puede haber conversión ni fuerza para continuar, en la oración sincera entramos en nuestro corazón y es Dios mismo quien nos habla. No debemos desfallecer y caer en la trampa de la crítica, y la desesperación, ante esto es necesario combatirlo con la fe y un dialogo orante, tan importante es que Jesús mismo se los aclara a los apóstoles, el mal y el “demonio solo sale con ayuno y oración” (Mt 17: 21).  


La segunda herramienta que se propone en este tiempo es el ejercicio de la limosna “nos libera de la avidez y nos ayuda a descubrir que el otro es mi hermano: nunca lo que tengo es sólo mío. ¡Cuánto desearía que la limosna se convirtiera para todos en un auténtico estilo de vida! Al igual que, como cristianos, me gustaría que siguiésemos el ejemplo de los Apóstoles y viésemos en la posibilidad de compartir nuestros bienes con los demás un testimonio concreto de la comunión que vivimos en la Iglesia. El ayuno es la última herramienta a utilizar en Cuaresma. Es una ayuda definitiva para crecer. “Nos permite experimentar lo que sienten aquellos que carecen de lo indispensable y conocen el aguijón del hambre; por otra parte, expresa la condición de nuestro espíritu, hambriento de bondad y sediento de la vida de Dios”.


Que en este tiempo de Cuaresma, no nos dejemos robar el amor a causa del mal que existe a nuestro alrededor, no permitamos que voces ajenas a la verdad corrompan nuestro espíritu, antes bien, hay que repelerlas con la fuerza del amor, de la luz y la verdad, tener claro que el amor es más fuerte que cualquier elemento maligno que nos ronde. Jamás el mal podrá triunfar, y nunca hay que tenerle miedo. Nuestra bandera de batalla es el amor, el enemigo el mal y las armas, el ayuno,  la oración y la limosna. 


El Padre Díaz es vicario parroquial en Nuestra Señora de los Ángeles en Woodbridge.

© Arlington Catholic Herald 2018