‘Que todos sean uno, como tú y yo somos uno’

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El pasado 18 de enero en toda la Iglesia dimos inicio al octavario de oración por la unidad de los cristianos, jornada que se celebra año con año y que finaliza con la celebración de la fiesta de la conversión de San Pablo, el apóstol de los gentiles. Pablo por el hecho de no haberse reservado el anuncio del evangelio para su propio pueblo, sino de haber salido a los pueblos paganos, se convirtió en modelo de unidad, porque busco que todos conocieran la verdad y con ello le dio vida a lo que el maestro mando, “Que todos sean uno, como tú y yo somos uno” (Jn.17, 21). Mas sin embargo este simple hecho de construir el cuerpo de Cristo entre otras culturas y razas le dio muchos sinsabores y desilusiones humanamente hablando, porque muchos no entendieron este cometido, como aun sigue pasando hoy y no aceptar esta unión. 


La unidad entre los cristianos siempre ha sido y será,  desde el inicio una de las dificultades con las cuales se ha tenido que luchar, porque el maligno sabe que en la división esta su triunfo. San Pablo tuvo que batallar duramente para mantener la unidad de sus comunidades. Los cristianos procedentes del judaísmo consideraban a los provenientes de la gentilidad como de segunda clase y se resistían a formar comunidad con ellos. 
El apóstol tuvo que luchar también para mantener la unidad interna de las iglesias por él fundadas, sobre todo en la comunidad de Corinto, en la que afloran cismas y divisiones, surgen disputas acerca del rango de los carismas, y afloran también matices diferenciados según haya sido uno u otro el predicador del evangelio, hasta el punto de que unos afirman proceder de Pablo, otros de Apolo, algunos de Cefas y otros de Cristo. Por ello, Pablo llega a preguntarse: “¿Acaso está dividido Cristo?”, al tiempo que subraya que todos los dones y carismas proceden del mismo y único Espíritu  y que, en consecuencia, no caben divisiones en la comunidad, porque así como en el cuerpo humano todos los miembros son un cuerpo único, así sucede también en el cuerpo místico de Cristo que es la Iglesia. San Pablo a dejado bien claro, que un cristiano no puede ser ente de división en las comunidades, porque aquel que lo haga está dividiendo el cuerpo de Cristo, y somos el cuerpo de Cristo que es uno, por ello el apóstol aclara: “un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo, un solo Dios y Padre de todos, que está sobre todos, por todos y en todos” (Ef.4, 5-7). Una sola es la fe, la esperanza y la vocación a la que hemos sido llamados; uno el bautismo que nos ha consagrado a la única e indivisible Trinidad; y uno sólo es Dios, Padre de todos, que está sobre todo, lo penetra todo y está en todo.


Cuantos cristianos en la actualidad hacen caso omiso a estas afirmaciones del apóstol, cuantos se prestan a dividir y contrastar dentro de la Iglesia y del mundo cristiano en general, dividen y quebrantan sin ningún remordimiento de conciencia y lo que más duele, es que se amparan bajo una actitud piadosa pero vacía, bajo un fanatismo pobre que no hace más que destruir la fe de muchos que desean encontrarse con la verdad, que buscan el rostro de Dios para poder reconstruir sus corazones lacerados por tanto odio y dolor existentes en un mundo impregnado por la cultura de la muerte. Entran en la Iglesia de Cristo deseando encontrar la paz y la dulce armonía del resucitado y se topan con el escándalo de la división y el desconcierto, todas estas divisiones son un escándalo y un freno para la evangelización, pues el mundo solo creerá en nosotros los cristianos en la medida que nos vea unidos y caminando como una sola familia de fe.  


Por tanto, les invito a que hagamos el compromiso a favor de la unidad y la paz en nuestros grupos, parroquias y donde quiera que estemos, y cada día oremos por esta unidad, intentar tratar con aprecio y afecto a aquellos que quizás no son católicos pero que desean encontrarse con la verdad, ser artesanos de concordia, de unidad y de paz. No ganamos nada cuando nos prestamos a apoyar ideas que minan la unidad; busquemos más bien el dialogo evangélico y veamos en el apóstol Pablo un signo de unidad en el mundo.  Que Dios nos ayude a todos a comprometernos y nos conceda el don de la unidad. 


El Padre Díaz es vicario parroquia en Nuestra Señora de los Ángeles en Woodbridge.

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