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Jefe de misiones: Honren a san Romero luchando contra la injusticia

WASHINGTON — Después de finalmente presenciar la canonización de San Óscar Romero, los salvadoreños y admiradores del santo deben darle nueva vida aprendiendo acerca de él, reflexionando sobre cómo sus enseñanzas se aplican al presente y ver cómo ayudar al mundo basándose en el ejemplo que dejó el santo, luchando para poner fin a la injusticia y la exclusión, dijo el Director Nacional de Obras Misionales Pontificias para El Salvador, la patria de nuevo santo.

"Nos toca darle vida a sus palabras, a sus enseñamientos ... un rejuvenecimiento", dijo el padre Estefan Turcios Carpaño, quien habló con Catholic News Service el 27 de diciembre durante una breve visita a Washington.

Todavía se habla mucho acerca de su asesinato, dijo el padre Turcios, quien fue seminarista y estuvo en el exilio en Ecuador cuando San Romero, entonces Arzobispo de San Salvador, fue asesinado mientras celebraba Misa el 24 de marzo de 1980. Y ciertamente, fue un símbolo de una iglesia que sufría persecución, injusticias, calumnias y, al final, una muerte violenta como muchos de sus compatriotas.

"Ahora siento que hay un reto ... de transmitir su ternura, su cercanía con los pobres, los excluidos", dijo el padre Turcios, quien conoció personalmente a San Romero, a quien dice que salvó su vida después de haber sido encarcelado injustamente y torturado en El Salvador por seis meses en 1978. El entonces arzobispo Romero consiguió liberarlo y lo envió a vivir con otro obispo en Ecuador para mantenerlo fuera de peligro.

No hay que solamente permanecer en un momento celebrativo sobre la canonización, dijo el padre Turcios, quien también es el director de la Tutela de Derechos Humanos del Arzobispado de San Salvador.

"Sí, seguramente él representa una historia reciente de dolor y de mucha injusticia (en El Salvador), pero me gustaría invitar a otros a una metamorfosis de esa imagen. ¿Cómo hablamos de él en el hoy? Es fácil hablar de él en el pasado, de su historia, pero no vamos a vivir en el pasado. Este es el reto. ¿Qué nos dice hoy? Ahora, él es un santo. Hoy, tenemos lo que tanto queríamos, y ¿ahora qué? Estamos en otra etapa".

El Salvador, como muchos otros países del mundo, todavía sufre grandes injusticias, dijo el padre Turcios. Esas injusticias varían de un lugar a otro, pero los creyentes pueden orar por la intercesión de san Romero y tomar acción, aprender lo que dijo e hizo, para poner un fin a la injusticia y la exclusión en todo el mundo.

"La palabra de Monseñor Romero no es solo para los salvadoreños. Es universal, es una palabra profética", dijo el padre Turcios.

Aunque El Salvador hoy no sufre de un conflicto político-militar de los tiempos de san Romero, el país sufre otros tipos de injusticia: la falta de trabajo digno, la falta de seguridad porque pandillas, o maras, criminales violentas atormentan diariamente a la ciudadanía, falta de agua potable -- situaciones que afectan desproporcionadamente a los pobres -- y un desplazamiento masivo de personas debido a esas situaciones, dijo.

"Entonces, hoy tenemos que leer y buscar en sus enseñanzas, que nos quieren decir del presente", dijo el padre Turcios. "Nos urge conocerlo, rezar por su intercesión y convertirnos en el mundo que anhelaba, uno donde nadie fuera excluido".  

Pero en El Salvador, el pasado es difícil de olvidar, admite, en parte porque las injusticias del pasado nunca se resolvieron, nunca se disculpó por atropellos y, últimamente, no se vio la justicia.

En el caso del asesinato de san Romero, nadie ha sido procesado, y recientemente el padre Turcios, a través de la oficina de derechos humanos, denunció públicamente el sistema judicial del país por "no hacer justicia" y dijo que lo único que los funcionarios han producido en los 38 años desde la matanza del santo han sido excusas "creativas".

Además de haber presenciado la canonización de su mentor, así como también de su predecesor (san Romero fue director nacional de las Obras Misionales Pontificias de El Salvador de 1974 a 1978), lo que el padre Turcios dijo que le gustaría ver es justicia para los que fueron responsables de la muerte del santo.

Pero el padre Turcios busca justicia donde puede, y la encontró en la canonización de san Romero, un "regalazo" y una forma de justicia divina, una que no creía que iba llegar a ver.

"Fue una gran alegría, una gran satisfacción, y un gesto precioso de la iglesia, reconocerlo como el santo que reconocíamos, ya lo habíamos canonizado", dijo. "Y ahora queda para la eternidad, es eterno".

© Arlington Catholic Herald 2019