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Por aquí pasó un santo

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SAN SALVADOR, El Salvador —  Cautivado por la voz del arzobispo, él escuchaba con frecuencia las homilías del pastor en la radio cuando tan solo era un niño.

 

"Antes de ser sacerdote -- y después de convertirme en sacerdote -- dije 'cuando sea canonizado, yo quiero ir'", recordó el obispo Oswaldo Escobar sobre su temprana convicción de que el entonces arzobispo Oscar Romero, quien a menudo visitaba el norte de El Salvador, era un santo. El obispo ha leído cada homilía, cada entrada del diario del santo, y puede recitar de memoria las palabras más notables de San Romero.

 

Décadas después, él dijo que sigue inspirándose en San Romero, esta vez por las historias que sigue escuchando en la región de Chalatenango, donde nació el obispo Escobar. Esta región formó parte de la Arquidiócesis de San Salvador durante el período en que San Romero fue arzobispo -- desde 1977 hasta su martirio el 24 de marzo de 1980.

 

Mientras el obispo Escobar iba conociendo a su rebaño rural poco después de su nombramiento en 2016, muchos feligreses le contaron historias de cómo el ícono de los derechos humanos los había salvado de estar cerca de la muerte cuando fueron golpeados y torturados; cómo habían grabado y guardado en secreto sus homilías cuando parecía un crimen escucharlas; y cómo, como cuando no tenían nada para darle, le tiraban flores silvestres amarillas en el camino de San Romero para darle la bienvenida a los rincones más escondidos del campo salvadoreño cuando los visitaba.

 

El obispo Escobar recopiló estas historias en su libro "Romereando por Chalate" para conmemorar el 41 aniversario del martirio del santo. El libro debutó ante una cooperativa de sacerdotes salvadoreños el 22 de marzo en San Salvador.

 

En su prólogo, el cardenal salvadoreño Gregorio Rosa Chávez, quien ayudará a presentar el libro en su parroquia en San Salvador en la fiesta de San Romero el 24 de marzo, expresó que las historias en "Romereando por Chalate" describen al pastor ideal, al pastor que el papa Francisco busca tener en cada uno sus obispos: uno que "camina delante, en medio, y detrás de sus ovejas".

 

Si bien se ha escrito mucho sobre San Romero teológica, política, e históricamente, el obispo Escobar muestra el lado humano de un pastor y su rebaño, cómo cuando se detuvo a tomar una taza de café y un pastel con los campesinos o cómo cuando dio un paseo por el "cielo salvadoreño" -- las montañas de Chalatenango -- con un sacerdote en un camión descompuesto.

 

Sin embargo, en el libro, el obispo también muestra el peligroso panorama político que sufrieron en esa parte de El Salvador: cómo los soldados mataban para intimidar a la gente y evitar que se reunieran con su obispo, quien nunca tuvo miedo de denunciar esos abusos durante sus discursos radiales.

 

San Romero a menudo hablaba de la muy ignorada y golpeada región de Chalatenango durante su programa de radio y en artículos que destacaban crímenes en los rincones remotos a los que nadie prestó mucha atención, clamando por justicia para los catequistas asesinados y otros ministros católicos, sacerdotes y religiosos que fueron desmembrados y desfigurados en El Salvador en las décadas de 1970 y 1980.

 

"Nadie ha amado a Chalatenango más que San Romero", señaló el obispo Escobar, quien pudo cumplir su deseo de asistir a la primera ceremonia de canonización de un santo salvadoreño en el Vaticano en octubre de 2018.

 

El obispo Escobar, de 52 años, era un niño cuando San Romero estaba vivo y "peregrinó" o "romereó" en su región natal. El dijo que no recuerda haberlo conocido nunca, pero San Romero lo ha influenciado como cristiano y pastor, y está orgulloso de haber heredado parte del rebaño del santo.

 

El obispo añadió que nunca se cansa de recordarles a los fieles de Chalatenango que "por aquí pasó un santo".

 

© Arlington Catholic Herald 2021