Puerto Rico todavía sufre; campaña de Catholic Extension orienta ayuda a parroquias

First slide

CHICAGO — Seis meses después que el huracán María causó daños sin precedentes en Puerto Rico, la isla todavía sufre y gran parte de la ayuda de socorro y recuperación que la gente ha recibido ha venido de las parroquias católicas.

Para ayudar a esas parroquias a continuar "sus obras espirituales y materiales de misericordia y sirviéndole a sus comunidades", la organización Catholic Extension de Chicago ha lanzado una nueva campaña llamada "patrocinadores de Puerto Rico".

"Las parroquias puertorriqueñas han sido tan inspiradoras en su respuesta a los huracanes recientes", dice un comunicado de Catholic Extension del 20 de marzo.

"En muchos casos operando desde edificios muy dañados y celebrando Misa en espacios temporales, las parroquias han reunido ejércitos de voluntarios para distribuir provisiones de socorro y dar (un sentido de) comunidad y conexión a los ancianos y a los más vulnerables", dijo Catholic Extension.

La organización, que tiene su sede en Chicago, está invitando a individuales, a parroquias y a grupos de la iglesia a que se asocien y "adopten" una parroquia. En su sitio web, www.catholicextension.org/patron, un mapa interactivo presenta ejemplos de comunidades católicas de Puerto Rico que están ayudando a sus vecinos.

"En este tiempo de crisis", dijo la organización, "las parroquias de toda la isla se han agotado dando ayuda material y consolación espiritual mientras sus propios recursos financieros se han reducido debido a los aumentos de pobreza y desempleo y al lento progreso hacia la recuperación. Las necesidades de las parroquias de Puerto Rico son grandes y estas requerirán apoyo durante los próximos años".

Catholic Extension recauda y distribuye fondos para apoyar a diócesis misioneras en Estados Unidos, muchas de las cuales son rurales, cubren extensas áreas geográficas y tienen trabajadores y recursos pastorales limitados. En Puerto Rico, Catholic Extension ha tenido una historia de 110 años de apoyo a parroquias en seis diócesis.

Durante una visita a Puerto Rico del 27 de febrero al 1 de marzo, representantes de Catholic Extension vieron parte de lo que las parroquias y los feligreses están sufriendo.

Ellos se reunieron con padre Jorge Morales, pastor de la parroquia Nuestra Señora del Rosario en el pueblo norteño de Vega Baja, y con varios de sus feligreses. La parroquia pertenece a la Diócesis de Arecibo.

Un par de días después que el impacto directo del huracán María dañara gran parte de Vega Baja y después que la inundación había bajado lo suficiente, padre Morales y algunos de sus feligreses pudieron finalmente llegar a su histórica iglesia. La tormenta había desgarrado las puertas, inundado la iglesia. Arrancó el techo y destrozó las ventanas. Había quedado en ruinas y no podía usarse.

"Estábamos desconsolados", dijo Miguel Ríos, uno de los feligreses. "La iglesia es como un segundo hogar para nosotros".

Pero padre Morales les dijo: "El edificio de la iglesia es secundario. Lo importante es atender a nuestros vecinos. Nos necesitan ahora".

El sacerdote y sus feligreses fueron los primeros en llegar y llevar alimento a los vecindarios más impactados, Los Naranjos y Sabana, donde mucha gente había perdido todo. Ellos organizaron un esfuerzo coordinado para entregar alimento, agua, suministros y esperanza.

Ellos prepararon y entregaron unas 200 comidas diarias durante seis semanas. Ese trabajo continúa seis meses después del huracán María.

El sacerdote dijo se sorprendió con el gran sentido de generosidad entre sus feligreses, la mayoría que son personas pobres de clase obrera. Muchos han perdido mucho, pero se han acercado a los que están en situaciones peores.

Padre Morales dijo que el desastre era "una oportunidad para nosotros, (para) redescubrir nuestra vocación cristiana, que es salir y acercarse a los necesitados y proclamar la buena nueva con nuestro testimonio de servicio y práctica de la caridad y la solidaridad".

Mientras tanto su parroquia celebra Misa en un salón del centro parroquial. Los feligreses han puesto cubos para recoger el agua que gotea del techo.

Como Nuestra Señora del Rosario, iglesias en toda la isla han estado sirviéndole a sus comunidades a pesar de tener sus propios problemas después del huracán María.

"En momentos de gran dificultad y reto uno puede ver el poder de las comunidades religiosas vivo en los corazones y las vidas de la gente", dijo padre Jack Wall, presidente de Catholic Extension, durante la visita de la organización a Puerto Rico.

"La gente se une en la fe en momentos de crisis para fortalecerse unos a otros y para darse cuenta de que no están solos", él añadió en un comunicado del 1 de marzo. "Ellos están extendiéndose más allá de sí mismos para convertirse en el toque sanador de Dios y en atención sanadora para los que están en las comunidades en su entorno. Como comunidades religiosas encarnamos el espíritu de Dios. Juntos somos uno".

Las comunidades religiosas han tenido un papel importante en la entrega de ayuda, esperanza y sanación a la gente, enfatizando la importancia de las comunidades a las cuales sirven, particularmente en zonas aisladas.

Según informes, el gobierno y las agencias de socorro no llegaron a muchas de las zonas más aisladas y pobres por muchas semanas después del huracán. En algunos lugares los residentes dicen que sin el trabajo de parte de las iglesias, el trabajo de grupos de socorro hubiera sido más difícil.

Para el 20 de marzo, el servicio eléctrico había sido restaurado al 93 por ciento de la isla, pero unos 121,000 residentes todavía estaban en oscuridad. Grupos continuaban trabajando para restaurar la electricidad en sectores de las montañas. Tres generadores de la Agencia Federal para el Manejo de Emergencias todavía proveen electricidad a la red eléctrica de la isla.

Centros urbanos y distritos comerciales que solían estar llenos de actividad en ciudades grandes y pequeñas ahora están cerrados, señalando la pérdida de dinero y trabajos. Edificios colapsados, casas inundadas y estructuras sin techo cubiertas con carpas abundan. El índice de pobreza de Puerto Rico ahora es 52.7 por ciento; en algunas zonas montañosas el índice de pobreza infantil sobrepasa el 80 por ciento.

Según Catholic Extension, sin la ayuda de las iglesias católicas, muchos residentes de las comunidades, incluso los ancianos atrapados en casas destruidas o damnificadas, no hubiesen sido buscados ni atendidos. La comida que muchos desesperadamente necesitaban durante las primeras semanas después del huracán María no se hubiera preparado ni distribuido y mucha gente no hubiese tenido acceso a los servicios médicos.

Catholic Extension ha provisto y comprometido más de $1.1 millones en apoyo a la Iglesia Católica en Puerto Rico desde el huracán María.

© Arlington Catholic Herald 2018