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Inmerso en la Iglesia Universal

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Mientras me encuentro aquí sentado pensando y escribiendo, contemplo tres majestuosos volcanes en este bello día de verano, de 75 grados , en un sitio llamado “La tierra de la Eterna Primavera “.  Dónde estoy ? Por qué yo, siendo como soy, un seminarista de Arlington, me encuentro en este pintoresco lugar?  Estoy en Antigua Guatemala , comenzando mi última semana de un curso de dos meses de inmersión en español, con el propósito de  servir mejor a una creciente población en nuestra diócesis.

Todos los años los seminaristas al iniciar el tercer año de teología, son enviados a Antigua a aprender Español y a sumergirse en la cultura centroamericana.

Me siento muy motivado para aprender español, para que , así, cuando ya sea sacerdote pueda servir mejor a la población de nuestra diócesis que es aproximadamente 46% hispana .

Para entender mejor esta necesidad, recomiendo leer un artículo recién publicado en el Catholic Herald titulado “La Diócesis enfrenta una demanda de Sacerdotes que hablen español “.  Esta experiencia no sólo ha enriquecido mis habilidades lingüísticas , sino que también me ha ampliado el corazón, ya que he sido testigo de la apasionada cultura católica del pueblo guatemalteco.

Permítanme compartirles un poco de mi experiencia.

Fui enviado aquí junto con mis compañeros seminaristas Jonathan Smith y John Paul Heisler.  Aquí vivimos en un centro de retiros llamado “La Posada Belen”, manejado por la orden de hermanas religiosas del “Instituto de Hermanas Bethlemitas”, conocidas popularmente como las “Bethlemitas”. Estas maravillosas hermanas casi nos han adoptado, comparten con nosotros varias de las comidas y nos regañan si no hablamos español todo el tiempo—“solamente pueden hablar español“.

La semana pasada nos llevaron de paseo con la comunidad y fuimos a un parque de diversiones.  La felicidad puede describirse así :  tres hermanas religiosas en una montaña rusa.

Todos los días caminamos cerca de una milla para ir a nuestra escuela de español, donde pasamos de verdad sumergidos durante cinco horas en clases individuales de español.  Me acuerdo que antes de salir para acá le dije a mi mamá : “Ni siquiera en inglés hablo yo por cinco horas al día con una persona “

Aprender un idioma nuevo es una experiencia que le enseña a uno a ser humilde y además es una verdadera montaña rusa.  Un compañero de estudios me dijo al llegar:  “No hay lugar para el orgullo cuando se trata de aprender un nuevo idioma “.  Una semana uno se siente capaz de conversar con fluidez. La siguiente semana se aprende una nueva estructura gramatical y entonces se siente uno de nuevo totalmente incompetente . Dichosamente mi maestra, a quien yo de cariño llamo “Mama Mercy “, ha sido tan paciente conmigo, así como yo también he tenido que ser humilde. Ahora, después de siete semanas, veo progresos en mi capacidad de comunicarme en español.

Quizás el regalo más grande que he recibido aquí en Guatemala ha sido tomar contacto con la pujante cultura católica. La piedad de la gente aquí es verdaderamente conmovedora . Los fieles  entran de rodillas por los pasillos de las iglesias para presentar sus peticiones al Señor . Las procesiones eucarísticas en las calles de Antigua duran tres horas .  Jesus mismo en la Eucaristía  visita los hogares de los fieles; hay muchas iglesias en la ciudad y cienes de personas asisten a
las Misas diarias .

Como seminarista, me sumergí no sólo en un clima templado y en el aprendizaje de un nuevo idioma, sino en algo mucho mayor: en una parte de nuestra iglesia universal a la que ahora estoy mejor preparado para servir, si Dios así lo quiere, como sacerdote de Jesucristo.

Fioramonti,  de la Iglesia de Todos Los Santos de Manassas, está por iniciar  su tercer año de Teología en el Seminario de Mount St. Mary en Emmitsburg, Md.

Traducido por: Julia A. Jarquin 

© Arlington Catholic Herald 2019