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Manos a la obra

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Lorena Contreras ha limpiado casas en el área norte de Virginia por más de una década, pero siempre ha trabajado para otros empleadores.

A veces, los dueños de compañías de las que era empleada le hacían trabajar más horas de las programadas, no le pagaban a tiempo, o no le pagaban por todo el tiempo trabajado. Como mujer e inmigrante —llegó a Arlington desde Honduras hace 13 años— parecía muy poco lo que ella podía hacer al respecto.

Pero ahora, Lorena y otras dos limpiadoras de casas — su hermana, Dilcia Contreras, y su amiga, Anita Maldonado — están comenzando su propio negocio, una cooperativa de limpieza. No tendrán que entregar el dinero ganado al dueño de la compañía de limpieza — ellas son las dueñas. Y cuando tengan suficientes clientes, esperan contratar a otras mujeres.

“Le vamos a pagar a nuestras trabajadoras justamente, para que no se sientan explotadas”, dijo Lorena. “Confiaremos en Dios que encontraremos clientes, y trabajaremos duro”.

El negocio que están iniciando es la primera cooperativa creada por NOVALACIRO, una organización comunitaria en la zona de Columbia Pike, una de bajos recursos y mayormente latina en el sur de Arlington. El grupo recibe fondos de subvención de la Campaña Católica por el Desarrollo Humano (CCHD, por sus siglas en inglés), el programa local antipobreza de la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos.

Desde sus comienzos en 1969, CCHD ha concedido alrededor de 12.000 subvenciones, sumando más de $400 millones que han sido destinados a proyectos creados y administrados por personas de bajos ingresos. La mayoría del financiamiento viene desde las colectas de CCHD realizadas por las diócesis de todo el país durante las Misas en noviembre; 25 por ciento del dinero recolectado permanece en la diócesis para financiar proyectos locales.

“Los obispos crearon la CCHD para abordar las causas fundamentales de la pobreza, en vez de simplemente entregar un servicio directo que satisfaga las necesidades inmediatas, como es la comida, algo que la iglesia hizo tan bien”, dijo Carla Walsh, coordinadora de la oficina del programa diocesano para CCHD.

Durante los últimos 18 meses, después de haber escuchado las necesidades de su comunidad, NOVALACIRO (las siglas en inglés de organización por los derechos civiles de latinoamericanos en el norte de Virginia) hizo su mayor prioridad la creación y apoyo a cooperativas en las que sus empleados fuesen los dueños, negocios en los que sus trabajadores invirtiesen y fuesen propietarios. La toma de decisiones es democrática, entregando el poder a cada trabajador de manera igualitaria. CCHD apoya las cooperativas ya que facultan a empleados de bajos ingresos mientras trabajan para salir de la pobreza.

Muchas personas temen comenzar su propio negocio, “pero estamos aquí para decirle a nuestra comunidad que pueden hacerlo, y podemos ayudarles”, dijo la organizadora de NOVALACIRO Heylin Rodriguez, feligresa de la Iglesia Nuestra Señora Reina de la Paz en Arlington. Dijo que varios feligreses participan y se benefician del trabajo de NOVALACIRO.

Los trabajadores domésticos, tales como limpiadores de casas, tienen tres veces más probabilidades de vivir en la pobreza que otros trabajadores, y sólo uno entre cinco recibe cobertura de seguro médico a través de su empleo, según datos de la organización sin fines de lucro Economic Policy Institute. Hay más de 7.700 limpiadores de casas en Virginia y más de 344.000 en el país, dice el grupo, agregando que un 92 por ciento de los trabajadores domésticos son mujeres, y más de la mitad son minorías raciales.

A pesar de los retrasos ocasionados por la pandemia, la nueva cooperativa finalmente se lanzó a finales de octubre. Se llama Mujeres Manos a la Obra — algo que las tres mujeres fundadoras-propietarias están ansiosas de hacer.

Se han estado reuniendo con Rodriguez y Bianca Vasquez de Beloved Community Incubator en Washington para desarrollar habilidades de liderazgo y aprender sobre las prácticas de buen manejo administrativo que necesitarán para operar la cooperativa exitosamente. “Hemos estado asistiendo a reuniones todas las semanas por un año”, dijo Dilcia.

También, han invertido su propio dinero como parte de la igualación de la subvención, comprando equipamiento tal como una aspiradora, trapeadores y cajas de productos de limpieza.

“Ya queremos comenzar”, Anita dijo durante una barbacoa de barrio el 23 de oct. que celebraba el lanzamiento. “Este proyecto es muy bueno, y nos motiva porque nos están ayudando mucho”.

“Nuestra meta es tener un empleo que mejore nuestras vidas y eventualmente cree más empleos para otros trabajadores, y pagarles lo que se merecen”, agregó Lorena, quien es también miembro de la junta de NOVALACIRO.

Durante la celebración, las empleadas-propietarias pasaron un rato con los otros miembros de la junta y posaron para fotografías detrás de un gran pastel decorado con flores de azúcar de color rosa y con el escrito “Mujeres Manos a la Obra, Congratulations!” Los esposos cocinaban perritos calientes a la parrilla mientras hijos y nietos jugaban, esperando que se cortara el pastel.

“¿Estás orgullosa de tu mamá y de su trabajo?” alguien le preguntó a la hija de Lorena, Katherine Hernandez, 12, quien se paró cerca de su mamá con su hermano menor, Christopher, 4.

“Mucho,” Katherine dijo.

Puedes contactar a Miller en Leslie.Miller@catholicherald.com o por Twitter @LMillerACH.

Para más información

Visite usccb.org/cchd o novalaciro.org.

© Arlington Catholic Herald 2021