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Salvadoreños del norte de Virginia emocionados por beatificaciones

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Ismael Alvarado, feligrés de la Iglesia San Juan Neumann en Reston, creció en El Salvador durante la guerra civil entre el gobierno y las fuerzas rebeldes de la izquierda. Tenía 20 años en 1989 cuando los comunistas lucharon por tomar la capital, San Salvador. Durante esos días de violencia, se encontraba a una milla de distancia cuando seis sacerdotes jesuitas fueron asesinados. Podía escuchar los disparos.

El pueblo de El Salvador, incluidos los miembros de la iglesia, sufrieron una gran tragedia durante ese tiempo. Pero Alvarado, quien llegó a los Estados Unidos en 1990, cree que los mártires salvadoreños traerán sanación. Cuatro de ellos, el padre jesuita Rutilio Grande, el padre franciscano Cosme Spessotto, Manuel Solórzano y Nelson Rutilio Lemus, se espera que sean beatificados, un paso en el camino hacia la santidad, en la Catedral de San Salvador el 22 de enero.

Durante la guerra civil, los campesinos, o granjeros pobres que vivían en el campo, estaban siendo oprimidos por las fuerzas de extrema derecha, dijo Alvarado. Cuando la iglesia abogó por los derechos de los trabajadores y salarios justos, muchos fueron acusados de ser comunistas y fueron blanco de escuadrones de la muerte de la ultraderecha. Alvarado cree que el padre Grande, más conocido como padre Rutilio, fue uno de los mayores defensores de los pobres. “Estaba tratando para abrirle los ojos a la gente, (diciendo) ‘no dejes que se aprovechen de ti’. Y eso es lo que nunca le gustó al gobierno”, dijo.

Solórzano, un anciano sacristán, y Lemus, un adolescente, viajaban en automóvil camino a una novena con el padre Grande cuando recibieron varios disparos el 12 de marzo de 1977. El Arzobispo de San Salvador Oscar Romero, amigo del padre Grande, celebró su funeral en la catedral. El arzobispo fue asesinado mientras celebraba la misa el 24 de marzo de 1980. Fue declarado santo en 2018.

El padre Spessotto, un misionero franciscano de Italia sirvió en la Diócesis de Zacatecoluca y también se pronunció en contra de la injusticia. Murió tras recibir un disparo a quemarropa el 14 de junio de 1980.

“Nosotros como católicos creemos que (San Oscar) Romero intercede por el pueblo de El Salvador. Tan pronto como lo declararon santo, pude ver que El Salvador estaba cambiando mucho. El crimen es mucho más bajo de lo que solía ser”, dijo Alvarado, quien visita El Salvador varias veces al año con su esposa, María. “Ahora que vamos a tener cuatro santos más, creo que todo el país espera que recibamos más bendiciones del Señor, y estoy seguro de que así será. Puedes sentir esa alegría en todo el país”.

El padre Guillermo J. González, vicario parroquial de la Iglesia del Santísimo Sacramento en Alexandria y nativo de El Salvador, cree que estas beatificaciones son un gran regalo para el pueblo de El Salvador y para los católicos de todo el mundo. “La violencia en El Salvador siempre ha estado en las noticias internacionales durante nuestra larga guerra civil y ahora con la violencia de las pandillas. Es bueno tener a tres salvadoreños y a un adoptado que harán noticia por algo bueno”, dijo. “Les enseñará a los jóvenes que la santidad es posible en medio de la pobreza y la violencia”.

Ve a los cuatro hombres como grandes ejemplos de fidelidad. “Si (los Padres Grande y Spessotto) pudieron literalmente dar su vida por las ovejas, fue porque se prepararon siendo fieles a sus misiones diarias. (El padre Spessotto nos recuerda) que nuestro último hogar será el cielo y tenemos que amar al pueblo de Dios de todas las naciones, idiomas y etnias porque todos somos un solo cuerpo en Cristo”, dijo. “Los futuros beatos Lemus y Solórzano son también grandes ejemplos de católicos buenos y fieles que aman a sus sacerdotes. A pesar de que sabían que el padre Rutilio había recibido amenazas de muerte, aun así, lo acompañaron para ayudarlo”.

El Diácono Atanacio Sandoval de San Juan Neumann, oriundo de El Salvador, está orgulloso de su pequeño país natal. Las beatificaciones le recuerdan cómo el pequeño pueblo de Belén fue elegido para ser el lugar de nacimiento de Cristo. “No vamos a tener otro salvador, pero ahora tendremos santos que intercederán por nosotros”, dijo.

© Arlington Catholic Herald 2022