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Una cuestión de amor

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¿Se trata el discernimiento vocacional simplemente de marcar un montón de casillas? Como seminarista, a menudo me hacen preguntas en busca de una fórmula mágica o unas casillas que hay que marcar en una lista de cosas para hacer en vistas a recibir respuestas de Dios.

¿Qué respuesta recibimos cuando preguntamos a una pareja casada cuáles fueron los “pasos” que dieron para enamorarse? Normalmente responden que: “ninguno,” nos conocimos, nos hicimos amigos, nos enamoramos y decidimos casarnos. De manera similar, no hay unos pasos específicos para descubrir si Dios está llamando a alguien para ingresar al seminario o un convento. Más bien, es una cuestión de amor, y de darse cuenta de que alguien, Ósea Jesucristo, nos llama a una relación personal en la que encontramos nuestra felicidad.

El Papa Benedicto XVI explica esto muy bellamente en su encíclica Deus Caritas est: “ser cristiano no es el resultado de una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva” (n.1). Todos los cristianos, ya sean solteros, casados, sacerdotes o religiosos, comparten una historia vocacional similar a la que encontramos en los Evangelios: una llamada a estar con Jesús. Todos estamos invitados a encontrarnos con “Quien sabemos que nos ama” (Santa Teresa de Ávila).

Algunos de nosotros podemos escuchar una invitación a un seguimiento más cercano: “Venid en pos de mí y os haré pescadores de hombres” (Mt 4:19). Por esta razón, podemos afirmar que comenzar un proceso de discernimiento vocacional es simplemente una continuación del amor que Cristo nos ofrece a todos. A pesar de que ese discernimiento es una respuesta interior al amor divino, existe un proceso objetivo y exterior que nos ayudará a todos a discernir la voluntad de Dios con mayor claridad.

En primer lugar, si vemos una pareja de casados podemos corroborar que el encuentro inicial entre ellos tuvo lugar únicamente porque los dos estaban en el mismo lugar y al mismo tiempo (aunque haya tenido lugar en un sitio de conocer amigos en internet). Este “lugar” cuando hablamos del encuentro con Cristo, es la vida de oración, que es un aspecto esencial en cualquier proceso de discernimiento.

En segundo lugar, este encuentro con esa persona debe extenderse a otros. Cuando alguien se enamora, se vuelve casi una “necesidad” el compartir la alegría que dicho amor provoca con amigos y familiares. Lo mismo ocurre con Cristo: una vez que nos encontramos con Él, deseamos compartirlo con otros, que por lo general, es a través de un trabajo apostólico como puede ser ayudando con los programas de catequesis CCD, RICA o participando en el coro parroquial (al menos esta fue mi experiencia en mi proceso de discernimiento vocacional).

En tercer lugar, después de un tiempo juntos la pareja enamorada busca a alguien con experiencia para que les guíe en su camino, y de ese modo, llegar a tomar una decisión madura para sus vidas. Cuando un chico o una chica se esta preguntado por la posibilidad de si Dios le esta llamando a dedicar toda su vida a Él a y Su Iglesia, busca ayuda y apoyo en otras personas con más experiencia para que le orienten en dicha decisión. La Tradición de la Iglesia llama a esto “dirección espiritual”, que consiste en hablar con alguien con más experiencia en el campo de la vida espiritual para que nos ayude a interpretar lo que Dios nos pide a cada uno en nuestra vida.

Por tanto, estos medios ordinarios de la vida cristiana: la oración, el trabajo apostólico, alguna forma de dirección espiritual, son realmente las “casillas” que debemos marcar para crecer en nuestra relación personal con el Señor. A través de estos medios, nuestra relación con Jesús aumentará y Él nos irá revelando Su voluntad más claramente.

Portillo es de la parroquia de St. John the Beloved en Mclean, y está en su primer año de estudios de teología en la Universidad Eclesiástica San Dámaso en Madrid, España.

© Arlington Catholic Herald 2018