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‘Ayúdanos en estos tiempos difíciles’

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Cada domingo, miembros de la comunidad Hispana asistirían a la Misa del mediodía en la iglesia San Carlos Borromeo en Arlington. Después de hacer sus devociones juntos, apoyarían las iniciativas de la parroquia comprando comida Latina para el almuerzo cocinada por feligreses. El Padre Donald Planty, pastor, se abriría paso entre la multitud, conversando con los feligreses mientras comían.

Gradualmente, se dispersarían hacia distintas aulas en el centro parroquial para asistir a diferentes clases: educación religiosa, Rito de Iniciación Cristiana de Adultos, formación para adultos, Inglés como segundo idioma, convalidación de matrimonio y ciudadanía. Por la tarde, el centro parroquial estaría nuevamente vacío.

“Es hermoso verlos y reunirse con la comunidad. Los amo con todo mi corazón,” dijo Teresa Reyes, directora del ministerio Hispano. “Así es como construimos relaciones poderosas, pasando largas horas juntos.”

Eso fue antes de la pandemia. Ha sido un año difícil para los miembros de la comunidad Hispana, muchos de ellos nuevos inmigrantes de Guatemala que trabajan en hotelería y construcción. Varios perdieron temporalmente sus empleos. Muchos contrajeron el COVID-19. Algunos murieron.

La parroquia estaba allí para echarles una mano. El Padre Planty envió mensajes semanales a la comunidad animándolos a que se acercaran si necesitaban ayuda. “Es como una red,” dijo Reyes. “Si el coche de alguien está averiado, sabemos quien repara coches. Recientemente, tuve tres familias infectadas (con COVID-19) y sólo llamé a alguien, ‘¿Puede ir a esta farmacia, puedes llevar esto a su puerta?’ ”

También ayudaron a aquellos fuera de la comunidad. “Un hombre desamparado vino a buscar comida y dijo, ‘Lo único que quiero es volver a mi país. Lo perdí todo. Tengo diabetes, tengo la presión alta y no quiero enfermarme y morir en este país,’ ” dijo Reyes. “Le digo, ‘No sé cómo, pero vas a volver a tu país.’ ” Los miembros cooperaron y le entregaron un boleto de avión, ropa y $700 para comenzar una nueva vida en El Salvador.

Lo más importante, la comunidad se ha apoyado espiritualmente. Además de transmitir la Misa en vivo, de la Misa en persona y clases de educación religiosa en línea, se mantuvieron conectados rezando juntos el rosario virtualmente todas las noches durante un año. Aunque algunos volvieron a trabajar por las noches, en su período de mayor asistencia hubo alrededor de 90 familias participando. Muchos Católicos que nunca antes habían rezado el rosario aprendieron a amar la devoción.

Zosimo Salome dependió de la parroquia tanto espiritual como materialmente. El líder del grupo de oración de Renovación Carismática de la parroquia y padre de seis perdió su empleo temporalmente y recibió asistencia de la despensa parroquial para alimentar a su familia. Aunque él y su familia oraban juntos en su hogar antes de la pandemia, se unieron al rosario nocturno casi tan pronto como comenzó. “Nos unió más como familia y nos unió a la comunidad,” dijo Salome por medio de un intérprete.

Mientras continuaban las semanas del rosario, decidieron que distintos grupos se turnarían cada día para liderar. El sábado los niños encabezarían las oraciones.

“Es muy conmovedor porque ves a niños de como kindergarten a 8vo grado rezando y demostrando su fe,” dijo la estudiante de octavo grado Lisania Cruz. “Tengo un montón de familia en esta iglesia y es agradable ver quizá a tu primo chico rezando el rosario. Es muy alegre a veces.”

“En mi opinión creo que todos debieran estar haciendo esto porque es una manera muy útil de distanciarse físicamente pero nos hemos acercado más como comunidad no sólo a nuestra comunidad sino a la iglesia,” dijo la estudiante de sexto grado Nathalie España.

“Creo que es muy bueno,” dijo la estudiante de quinto grado Beatriz Montesflores. “Son como ángeles todos orando en unidad, y todos estamos rezándole a Dios para que nos ayude en estos tiempos difíciles.”

Cuando comenzó la pandemia, Reyes jamás había escuchado de Zoom. Pero junto a la comunidad Hispana superaron obstáculos pequeños y grandes para permanecer siendo un cuerpo de Cristo. “Lo más importante para mi como directora fue mantener a la comunidad cerca y que no perdiéramos la fe porque los tiempos estaban difíciles,” dijo Reyes. “Estoy muy agradecida a Dios y a Nuestra Señora quienes siempre nos guían y ayudan, pero también a la comunidad. Siempre les digo, ‘Tomémonos de las manos y crucemos juntos con la bendición de nuestra madre quien nos guía a Jesús,’ y eso fue lo que hicimos.”

© Arlington Catholic Herald 2021