‘El Espíritu Santo nos impulsa a ser misioneros’

Alexander Diaz

ADOBESTOCK

Holy Spirit mosaic. Confirmation concept. Christian banner

Este próximo fin de semana celebraremos la solemnidad de Pentecostés, una fiesta grande e importante para nosotros. Celebraremos la venida del Espíritu Santo sobre los apóstoles y la Virgen María, nuestra madre, la primera discípula y; porque no decirlo, la más fiel entre todos porque estuvo y estará con su hijo por siempre.

La palabra Pentecostés es una palabra de origen griego que significa cincuenta o en hebreo “Shavout”.

En los tiempos de Jesús, el pueblo judío ya celebraba esta fiesta, cincuenta días después de la Pascua. Daban gracias por la ley entregada a Moisés en el Sinaí, la Alianza del Antiguo Testamento, donde Dios se compromete a estar con su pueblo siempre y ellos, a cumplir los mandamientos. Durante esta fiesta también ofrecían los primeros frutos a Dios y con ello, ponían fin a las festividades agrícolas.

Era una celebración muy concurrida, donde muchos israelitas que vivían fuera de Jerusalén, Palestina y en el resto del mundo, acudían al templo de Jerusalén para celebrar. Es en el contexto de esta fiesta que Jesús envía el Espíritu Santo sobre los Apóstoles, iniciando la Iglesia en su catolicidad (Universalidad).

En repetidas ocasiones, estando Jesús con los doce, les promete la fuerza del paráclito para que comprendan a plenitud por qué los ha llamado; fue difícil para ellos entenderlo, pero al final el espíritu se los confirma.

El libro de los hechos de los apóstoles recuerda concretamente las instrucciones dadas por Jesús “Un día, estando con ellos a la mesa, les mandó: ‘No se alejen de Jerusalén. Aguarden aquí a que se cumpla la promesa de mi Padre, de la que ya les he hablado: Juan bautizó con agua; dentro de pocos días ustedes serán bautizados con el Espíritu Santo’” (Hch 1:4-5).

Esta promesa se cumple aquel día, mientras estaban encerrados y con miedo a padecer igual que su maestro, el Espíritu los sorprende y les termina de cambiar completamente la vida, creando en ellos un corazón misionero y valiente, sin miedo a nada y con ánimos de testificar que Jesús estaba vivo. “Estando todos reunidos en un mismo lugar, de repente vino del cielo un ruido, como el de una ráfaga de viento impetuoso que llenó toda la casa en la que se encontraban. Se les aparecieron unas lenguas como de fuego que se repartieron y se posaron sobre cada uno de ellos; quedaron todos llenos del Espíritu Santo, y se pusieron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les concedía expresarse” (Hch 2: 1-4).

Desde ese momento, la Iglesia nace y se desarrolla en su universalidad, y reconoce que el Espíritu Santo es el motor que la mueve, que la guía y la inspira y nada sucede sin su influencia. En pentecostés celebramos el nacimiento de la Iglesia, celebramos su universalidad. Los apóstoles son transformados completamente porque los renovó interiormente haciendo de ellos hombres audaces, que desde ese momento anunciaron sin miedo que “Jesús había muerto y había resucitado” y comenzaron a hablar con fuerza y con autenticidad (Hch 2: 14-25).

De humildes pescadores se convirtieron en proclamadores valientes del evangelio, que fueron capaces de demostrar con valor lo que creían; al mismo tiempo, soportaron el rechazo de las autoridades y padecieron los sufrimientos y las persecuciones con alegría. Nada pudo detenerlos. A quienes intentaban reducirlos al silencio, respondían: “Nosotros no podemos dejar de callar lo que hemos visto y oído” (Hch 4: 20). Así nació la Iglesia, que desde el primer día de Pentecostés no ha dejado de extender la Buena Noticia “hasta los confines de la tierra” (Hch 1: 8).

Desde ese momento cada año recordamos nuestro propio compromiso misionero, y al mismo tiempo se nos recuerda que somos iglesia, que somos el cuerpo místico de cristo que por vocación universal no podemos callar lo que somos, y anunciar con fuerza que Jesús vive y que su Espíritu Santo nos mueve para amar y transformar y encender el mundo con su amor.

Feliz fiesta de Pentecostés para todos.

El Padre Díaz es párroco en la Parroquia Reina de los Apóstoles en Alexandria.

Related Articles