¿Por qué dudan? No tengan miedo; soy yo

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Cuando los discípulos de Emaús regresaron a contar que Jesús estaba vivo, para los once fue difícil de creer, estaban tan enfocados en el viernes anterior que podía más el miedo que el creer que verdaderamente estaba vivo. No lo podían creer, estaba ahí, vivo, en medio de ellos, pero su ceguera espiritual les hace ver un fantasma, y es ahí donde comienza la confusión y el miedo; pero era el Señor, estaba vivo, era Él mismo que había muerto en la Cruz, no es un fantasma como imaginaban. Y como la alegría era tan grande que no acababan de creer, Jesús para tranquilizar esos corazones inquietos les pregunta si tienen algo de comer; ese día come con ellos como un amigo, como un hermano que transmite confianza.

Solo en ese momento quizás comenzaron a creer y sus corazones se comenzaron a tranquilizar, aunque creer en Él y compartir con confianza toma tiempo. Jesús resucitado también se manifiesta en nuestra vida de muchas formas y podemos caer en la tentación de pensar que Jesucristo es una idea, un pensamiento, un fantasma, que nada tiene que ver con nuestra vida. Como los apóstoles también tenemos que reconocer sus llagas de crucificado, compartir con Él nuestra comida, escuchar sus preguntas, llenarnos de su alegría y paz, escuchar Su Palabra, ser sus testigos.

Creer en el Jesucristo resucitado es reconocerle en tantos crucificados que nos encontramos diariamente en nuestra vida, es compartir con ellos recursos, tiempo, posibilidades o cualidades que tenemos, dedicarles nuestra oración, hacerles sentir nuestra acogida. Escuchar a Cristo resucitado es hacer nuestras sus palabas, sus actitudes y gestos rompiendo nuestro aislamiento y egoísmo. Creer en Jesucristo resucitado es permitirle que entre en nuestra vida, que nos quite los miedos que nos debilitan y paralizan, y que nos envíe al mundo para ser sus testigos. Este Cristo resucitado nos da la autenticidad de nuestra fe.

Esa mañana los apóstoles compartieron con él, pero había algo que no les permitía ir mas allá en su encuentro; en sus corazones tenían dudas y miedos rezagados. Le veían pero les costaba creerlo y sus dudas les hacían palidecer. Al igual que hoy, hay muchos en nuestra iglesia que siguen al Señor pero dudan, le siguen con recelo y eso les impide caminar con seguridad y crecer en su fe, porque esto, les estanca y les adormece. 

La duda es una sombra que perseguirá a todos los cristianos, sobre todo cuando se tiene una fe frágil. Hasta el día de hoy, hay muchos que dudamos y que nos cuesta creer en la resurrección del Señor y en Su amor misericordioso. Tenemos dudas sobre el mundo y su bondad; dudas sobre nosotros mismos y  sobre el sentido de nuestra vida, de la nuestra propia vocación, e incluso más de alguno a llegado a dudar sobre si vale la pena vivir o hacer el bien, cuando hay tantas tentaciones para caer en la corrupción del robo y la mediocridad. En fin, a veces, nos surgen dudas sobre Dios y Su plan. Pues bien, el Señor resucitado, nos repite como a aquellos apóstoles atemorizados: ¡La paz sea con ustedes! ¿Por qué se alarman? ¿Por qué surgen dudas en su interior? ¡¡Soy yo!! Jesús reafirma con sus palabras que no estamos solos, el está vivo y no muere mas, y con ello nos acompaña sobretodo en los momentos de miedo y vacilación, cuando la oscuridad de la duda quiere disipar la luz de la resurrección. Debemos de tener claro que en los momentos difíciles de nuestra vida, Él está ahí con nosotros, y nuestra fe esta cimentada en la resurrección, no en la tumba, somos una iglesia que vive porque Él vive, si falta Su presencia, la comunidad cristiana se apagara, se encerrará en sí misma, se adormecerá, y como los discípulos se quedará paralizada, le faltará vida, y sobrará miedo, y crecerán y se multiplicaran las dudas y faltará el evangelio auténtico y se implantaran reglas inmisericordes que dispersaran y romperán la armonía de vida.

Por tanto, es preciso hacer una experiencia de Cristo resucitado para caminar sin sospechas por la vida, aunque tenemos que tenerlo claro, las dudas y el miedo serán siempre compañeros de viaje para cada uno, sin embargo, hay que estar seguros, esta vida vale la pena vivirla porque para ello resucito el Señor para darnos vida y vida en abundancia.  Así pues, ante las dudas en nuestro interior: que sea la paz y la caridad de Cristo lo que prevalezca en el corazón y a seguir hacia adelante que la eternidad está a la puerta, y si alguien nos preguntara por nuestra fe, podríamos decirle que somos creyentes no porque nos lo han dicho, sino porque “hemos visto a Jesús”, porque nos hemos “encontrado” con Él, podremos decir  con seguridad que este encuentro ha cambiado nuestra vida.

El Padre Díaz es vicario parroquial en Nuestra Señora de los Ángeles en Woodbridge.

© Arlington Catholic Herald 2018