Bendito el que viene en nombre del Señor

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El próximo domingo, es domingo de Ramos, todos los católicos en la Iglesia universal conmemoramos la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén, nuestros templos han cambiado un poco su apariencia y se han decorado con algunos ramos y palmas invitándonos a entrar en el recogimiento del inicio de la Semana Santa, todo el pueblo lo alaba como rey con cantos y palmas. Llevaremos nuestras palmas a la Iglesia para que las bendigan y participamos en la Misa. Pero el domingo de Ramos es algo más que palmas, significa también el camino que nos lleva al encuentro de Jesús para que nos acompañe siempre y pueda instaurar Su paz en el mundo. Si deseamos verdaderamente ir al encuentro de Jesús y avanzar con Él por Su camino, es preciso que nos preguntemos ¿por qué camino quiere guiarnos? y ¿qué esperamos de Él? Y ¿qué espera Él de nosotros? No nos quedemos con el simple hecho de una celebración tradicional sin significado. Debemos de entrar más de lleno en cada uno de los misterios que celebraremos.

San Marcos en su Evangelio, nos describe como fue esa entrada,“Llegó Jesús en un borriquillo mientras muchos extendían sus mantos en el camino y otros lo tapizaban con ramos cortados en el campo y gritaban: ¡Hosanna! bendito el que viene en nombre del Señor (Mc11, 7,9). Me imagino la emoción y la gran expectación de toda aquella muchedumbre coreando la entrada del rey Mesías, pero hay algo muy curioso en la entrada que Jesús realiza; por tradición los reyes y emperadores cuando entraban a la ciudad iban montando un majestuoso caballo, como signo de realeza y poder, y victoria. Jesús en cambio decide entrar montando un burro, sencillo y sin importancia. La razón es simple, en Jesús se cumplen la profecía del profeta Zacarías cuando hacía más de 300 años había anunciado, “¡Grita de júbilo, hija de Jerusalén! Mira que tu Rey viene hacia ti, él es justo y victorioso, es humilde y está montado sobre un burro” (Zac 9, 9), esta entrada humilde nos hace recordar que Él es Príncipe de la Paz que no busca ni gloria ni confrontación, Su reinado no es humano sino divino y busca entrar en nuestros corazones. No viene a dominar, sino a servir a la humanidad, en Su entrada gloriosa viene dispuesto a combatir, pero Su lucha es contra el pecado.

En todas las parroquias realizaremos esta procesión con ramos, en algunas parroquias será grande y solemne y en otras sencilla, pero ambas tienen el mismo significado. No se trata de representar simplemente un hecho del pasado, sino más bien conmemorarlo y vivirlo con fe profunda. A todos se nos darán palmas, que batiremos cantando y gritando algunos salmos. Las palmas benditas no son cosa mágica, significan que con ellas proclamamos a Jesús como Rey de Cielos y Tierra, pero -sobre todo- que lo proclamemos como Rey de nuestro corazón. Son signo de nuestro compromiso y deseo de hacer más y mejor Su santa voluntad, buscando así, que Él sea el dueño y señor de nuestras vidas.

Pero después de la expectación y la algarabía de esta procesión pronto llega la pasión, y esta pasión nos quiere decir muchas cosas a nuestra vida de cristianos, sobre todo cobrará vida en los duros momentos que estamos viviendo o que quizás viviremos, porque pasaremos de la gloria de los ramos a la soledad del dolor, de allí al juicio y del juicio a la propia muerte.

Ningún cristiano puede esperar que toda su vida sea una entrada triunfal en Jerusalén. Tenemos que asumir que también nosotros tenemos momentos de cruz, de muerte y de traición. La liturgia de hoy nos da un anticipo del sufrimiento de Jesús, de Su pasión y de Su muerte, elementos que tienen que llevar a preguntarnos si somos capaces no solo de seguirle con las palmas en nuestras manos en los momentos de triunfo, sino también a unirnos con Él en Su pasión y muerte. Jesús quiso recorrer ese mismo camino para explicarnos y hacernos ver el sentido de la vida y del proyecto que Dios tiene para con los seres humanos. En tan pocas líneas se nos revela la vida de Jesús como la de un ser humano camino de su hora final pero llevada con una actitud de obediencia al Padre. Ser cristiano es también descubrir lo que Dios quiere para cada uno en cada momento y circunstancia.

Que este domingo de Ramos no sea un domingo más, sino más bien que hagamos un compromiso enriquecedor de fe y de compromiso a seguir al Señor con un corazón contrito y dispuesto.

El Padre Díaz es vicario parroquia en Nuestra Señora de los Ángeles en Woodbridge. 

© Arlington Catholic Herald 2018