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El Verdadero Amor

¿Alguna vez has tenido sed? ¿Esa sed que sientes que se te pega la lengua al paladar? ¿Esa sed que solo agua puede saciar? Todos hemos nacido sedientes. Hemos nacido con sed de amor porque nos creo un Dios que es amor y nada excepto el amor verdadero nos puede saciar. Quizás hemos tratado de saciar la sed con otras cosas, con cosas que parecen agua, pero que en vez de saciar nos deja mas sedientos.

Jesús le dijo a la mujer samarita, una mujer que ha tenido 5 esposos y que ahora vive con uno que no es su esposo, que el es la fuente de agua viva. Jesús le invita a venir a El para que en El ella encuentre el amor verdadero y no siga de hombre en hombre tratando de saciar esa sed de amor que solo la deja mas sola y abandonada.

En nuestra cultura la palabra amor se utiliza para muchas cosas. La gente dice “amo esa película”, “amo la carne asada”, “amo el Real Madrid”, “amo bailar” y así sucesivamente. Muchos piensan que el amor es solo un sentimiento y miden el amor por la cantidad de emociones y sentimientos que una persona produzca en ellos. Si ven a alguien muy atractivo que le enciende las hormonas dicen que es “amor a primera vista” cuando en realidad es atracción a primera vista o peor lujuria a primera vista.  La gente también dice “se acabo el amor” porque ya no “sienten” nada. Pero debemos aprender que el amor no es un sentimiento.

Imagínense una mama con un bebe recién nacido.  ¿Ustedes creen que ella se despierta tres o cuatro veces en la noche con “sentimientos” de amor cada vez que tienen que darle de comer a su hijo? Quizás se despierta con sentimientos de molestia y no de “amor” pero eso no significa que no ama a su hijo. Sabemos que ama a su hijo porque a pesar de sus sentimientos se levanta y hace lo mejor para el. Esta es la esencia del amor. El verdadero amor se define como “desear el máximo bien para la otra persona”.  Uno sabe que ama a otro no por la cantidad de sentimientos que esta persona nos haga sentir sino porque queremos su máximo bien (aun cuando esto signifique sacrificio para nosotros.) Jesús nos amo hasta morir en la cruz, no porque se sentía bien ser crucificado, sino porque deseaba nuestro máximo bien: nuestra salvación.  Esta es la regla con la cual debemos medir nuestro amor.

Cuando decimos que amamos a alguien realmente queremos su máximo bien, queremos llevarlos al cielo. No podemos decir que amamos a alguien y luego lo que hacemos con ellos nos aleja de Dios. Dios es amor por eso todo lo que hacemos en el nombre del amor nos debe acercar a Dios. Es imposible realmente amar a alguien y hacerlos pecar. Por eso cuando el novio le dice a su novia que si lo ama se lo muestre acostándose con el (o haciendo otras cosas sexuales) ella debería saber que este novio realmente no la ama. Si fuera amor el estaría buscando su máximo bien y no su propio placer. ¿Es lo mejor que ella salga embarazada sin terminar la escuela y quizás que la presione a abortar? ¿Es lo mejor para ella exponerse a que el se acuesta con ella y la deje por otra? ¿Es mejor para ella que tenga relaciones fuera del matrimonio y así pecar mortalmente poniendo su alma en peligro de muerte? Obviamente esto no es amor. Debemos entender que, aunque las dos personas estén de acuerdo y consientan a hacer esas cosas no significa que se aman (porque el amor los llevaría a hacer la voluntad de Dios) sino significa que se han puesto de acuerdo a usarse mutuamente.

Debemos hacer un examen de conciencia y ver si realmente amamos a las personas que tenemos alrededor. ¿Amas a tus amigos? ¿Quieres su máximo bien: su salvación? Entonces no los apoyes cuando están haciendo cosas que no los acerca a Dios. No te rías de sus chistes vulgares, no hagas “like” a sus fotos inapropiadas, no apoyes ni compartas su uso de alcohol y drogas, no aceptes como normal sus relaciones desordenadas. Todas estas cosas no los lleva a Dios. Debemos recordar que es posible amar a la persona y condenar su pecado. Pero creo que muchos piensan que si amas a alguien debes aceptar todo lo que hacen y como deciden vivir. Jesús nos muestra el camino a seguir cuando ama y perdona a la mujer adultera y le dice “ve y no peque mas” no le dijo “ve y sigue viviendo con ese hombre te acepto así.” Jesús realmente la ama y quiere su salvación por eso la perdona, pero no la deja seguir viviendo en pecado.

Jesús en la cruz nos muestra que el verdadero amor es capaz de morir por el bien del otro. Debemos morir a nuestras pasiones desordenadas (por mas que la cultura la exalte y las aplauda) para poder amar. Debemos preferir morir a nosotros mismos antes de usar a otra persona (aunque esta persona se deje usar). Solo cuando pongamos el bien del otro y su salvación como estándar de nuestras vidas habremos aprendido a amar.

Briceño, una virgen consagrada, se dedica a la evangelización a través de su ministerio happyfeetministries.com.

 

© Arlington Catholic Herald 2020