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De espectador a discípulo

Mi sobrina es una fanática del fútbol. Le fascina jugar fútbol y más que todo, le fascina ver futbol. Su jugador favorito es Cristiano Ronaldo. Ella te puede decir en que liga ha jugado, en que mundiales ha estado, cuantos goles ha hecho, cuantos hijos tiene y donde ha vivido. Tiene un uniforme con su nombre y dice saber casi todo de él. Sin embargo, si le preguntas si lo ha conocido te dice que no (aunque le encantaría poderlo hacer). Es muy distinto saber todo sobre una persona versus conocer a la persona. Así nos puede pasar con Jesús. Le enseñamos a nuestros hijos mucho sobre la vida de Jesús, o los llevamos a la catequesis para que aprendan más sobre la vida de Jesús, pero no les ayudamos a tener una relación con Él. ¿De qué sirve que conozcamos muchos sobre la vida de Jesús si nunca hablamos con Él? ¿Cómo podemos esperar que nuestros hijos lleven una vida moral y llena de virtud si no les enseñamos a rezar y a pasar tiempo con Jesús? No quiero decir que no es importante que aprendamos sobre la vida de Jesús, sino que es importante traducir la vida de Jesús a nuestras vidas.

Muchas veces la formación que le damos a los hijos de Jesús es tratada como una materia más. Si van a la escuela católica entonces la religión es una materia más. Si van a la escuela pública los padres los llevan a unos salones parroquiales, donde se sientan en escritorios con sus libros con un profesor para aprender de Jesús.  Jesús es visto como una materia más, un libro más, un personaje histórico más. Pero ¡Jesús y nuestra fe no son una materia más! No fueron profesores los que primero evangelizaron a todos los pueblos sino pescadores humildes que tuvieron un encuentro personal con Jesús y porque tenían su corazón encendido de amor iban de ciudad en ciudad compartiendo lo que ardía en su corazón. Está bien que aprendan de Jesús en la Iglesia y en la escuela, pero lo tienen que hacer vida y para que esto suceda es necesario el rol de los papas. Los profesores, sacerdotes y maestros pueden ayudar a que sus hijos aprendan sobre Jesús, pero les toca a los papas enseñar a sus hijos a amarlo. Los padres tienen que ayudar a sus hijos a traducir la vida de Jesús a sus propias vidas.

Pasa mucho que en familias hispanas los papas hablan español y sus hijos aprenden hablar español en casa, pero una vez que el hijo va a la escuela, donde hablan 100% inglés, el hijo va perdiendo el español. Así pasa con la fe. Si en la casa no se vive ni se habla sobre la fe, en la escuela no le enseñan la fe, en las tiendas no hay imágenes de la fe, en la televisión solo hay programas que son contrarios a la fe ¿cómo quieres que tu hijo/a ame y viva la fe? Los padres son los primeros evangelizadores de su familia y su casa es su propia Iglesia doméstica. Es en casa, en la Iglesia domestica donde los hijos aprenden a vivir la fe. Es allí donde aprenden a rezar, a amar, a servir, a sacrificar en fin a ser otro Cristo.

Esta semana les invito a vivir más seriamente la fe en sus casas. Les invito a ver sus casas como Iglesias domesticas donde están formando los santos de esta generación. Padres, les invito a tomar en serio su rol de evangelizadores y poner en práctica acciones habituales en su casa que ayuden a sus hijos a amar y a vivir la fe. Aquí les doy doce cosas que pueden hacer en casa para pasar de una fe de espectador a una fe viva de discípulo.

1 — Rezar antes de cada comida. También inviten a sus hijos a ofrecer la oración.

2 — Rezar una década del rosario todas las noches como familia.

3 — Ver una película de algún santo.

4 — Leer y compartir el Evangelio del próximo domingo.

5 — Al salir de la misa de domingo hablar sobre lo que les llamó la atención de la lectura o de la homilía en vez de prender la radio.

6 — Celebrar las fechas de los sacramentos. Es decir, celebrar las fechas de bautismo, comunión y confirmación de cada hijo, cada año.

7 — Aprender sobre un santo cada mes. Hacer que los hijos ayuden a elegir el santo. Pueden ver una película del santo, leer sobre su vida, cocinar algo del país que era el santo, hacer una obra de caridad que tenga que ver con la vida del santo, etc.

8 — Asegurarse de ir a misa como familia el día del cumpleaños del miembro de la familia para darle gracias a Dios por su vida.

9 — Ir a confesarse juntos como familia una vez al mes.

10 — Tener imágenes religiosas en casa. Cada cuarto puede ser llamado con el nombre de un santo o una advocación de la Virgen o Jesús.

11— Hacerle una señal de la cruz en la frente de cada hijo antes de que se vaya a la escuela y darle la bendición.

12 — Orar juntos como papas cada noche de rodillas antes de irse a la cama y rezar por la vocación de sus hijos.

Briceño, una virgen consagrada, se dedica a la evangelización a través de su ministerio happyfeetministries.com.

© Arlington Catholic Herald 2019