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Jesús te llama a ser ministro

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"… Yo estoy entre ustedes como el que sirve."

Muchas de las parroquias en nuestra diócesis están preparando las ferias de los ministerios; con esto, desean reclutar nuevos miembros para que sirvan en los diferentes ministerios laicales que ayudan al funcionamiento y crecimiento de la liturgia.

Una de las novedades más significativas de la última reforma litúrgica ha sido que ahora también los laicos participan en los varios ministerios, proclamando las lecturas, animando la oración o el canto, incluso, distribuyendo la Eucaristía, entre otros.

El término ministerios proviene del latín "ministerium" que significa servicio, y "minister" que significa servidor; por ende, podemos decir que ministerio en la Iglesia significa servicio, y es un ministro quien sirve en la misión y carisma que el Señor a través de la Iglesia le ha confiado.

Todos, de una manera muy especial, somos llamados a servir, ya que por el bautismo somos misioneros. Hombres y mujeres tenemos una función especial dentro de la vida de la iglesia.

A lo largo de mi ministerio sacerdotal, he logrado encontrar y ver que tenemos muy buenos servidores en los ministerios, que se gastan como las velas del altar por servir, y preparan de la mejor manera los actos litúrgicos en las parroquias. Muchos de ellos tienen claro que el servicio es un discipulado, una respuesta al llamado de Jesús, que de una manera silenciosa ha despertado en sus corazones ese deseo de ser diferentes, y generosamente han respondido.

Pero ese servicio ministerial no debe reducirse solamente dentro del ambiente eclesial o parroquial, tiene que ir mucho más allá, porque tiene que ir acompañado del testimonio y de las buenas acciones que realizamos al salir del templo. Por esta razón, como discípulos de Jesús, también debemos servir a los demás.

El servicio cristiano nace del amor genuino que se siente por Jesús, y del amor y la preocupación por quienes Jesús no sólo nos da la oportunidad de ayudar, sino de guiar en la vida — llámense estos miembros del grupo o ministerio donde crecemos, llámense hijos o cónyuge, amigos o compañeros de trabajo, o cualquier persona extraña que se nos acerque — también a ellos hay que mostrarles el amor misericordioso de aquel que nos ha llamado a servir.

El amor es más que un sentimiento. Cuando amamos a los demás, deseamos ayudarles y volvernos un reflejo misericordioso de su amor. Todos debemos estar dispuestos a servir, sin tomar en cuenta nuestra posición económica, social ni nuestra edad, de cualquier forma siempre habrá un espacio para servir al Señor en cualquier ministerio y, a través de esto, ayudar a nuestros hermanos.

Ahora mismo, hay muchas parroquias que están muy necesitadas de voluntarios que formen parte de sus diferentes ministerios, hay gran necesidad de catequistas que se entreguen al servicio de los niños y los jóvenes en la enseñanza de la fe, algo tan importante y que muchos no le prestan la importancia pertinente. Asimismo, el ministerio de los lectores, quienes se dedican a prestar su voz al Señor para que su palabra resuene en el corazón de la asamblea.

También, se requiere de Ministros extraordinarios de la Sagrada Comunión, que presten sus manos para llevar el sagrado cuerpo a sus hermanos, ya sea distribuyéndolo en la Santa Misa como también atendiendo a los enfermos los domingos, llevándoles el consuelo que sólo la Santa Comunión puede dar a aquellos que no pueden asistir a misa; o sirviendo como ujieres y siendo la sonrisa de Dios dando la bienvenida en cada misa, salvaguardando así la sacralidad de la liturgia. Estos son sólo algunos de los ministerios de servicio en nuestras parroquias, pero hay muchos más.

Sé que hay muchos que aún lo están pensando y aún no dan el paso, les invito a que se acerquen y se inscriban, las parroquias les esperan para que ejerzan esta preciosa vocación del servicio ministerial. Debemos quitarnos los complejos y las ideas erróneas que muchos han planteado al respecto, haciendo creer que sólo algunos son llamados a participar en este trabajo evangelizador, la verdad es que todos, por la vocación bautismal estamos llamados a servir.

"Es el Espíritu quien da abundantemente a la Iglesia carismas, ministerios y servicios precisamente para construir el Cuerpo de Cristo. Este último no es una masa uniforme sino un pueblo rico, evidentemente, en esa diversidad que es el don del Espíritu" (Fabio Fabene, Sinfonía de Ministerios).

Hay mucho por hacer y mucho por construir, pero por sobretodo, hay que seguir acrecentando el cuerpo de Cristo que es la Iglesia, una iglesia que desea que usted, como laico, se comprometa a servir en serio, a dignificar su cuerpo y, sobre todo, a enriquecerlo con sus cualidades.

Jesús te llama a servir, no le niegues tus manos, tus pies, tus labios y todo tu ser. Sé un servidor de Cristo, Jesús te llama.

El Padre Díaz es párroco en la Parroquia Reina de los Apóstoles en Alexandria. 

© Arlington Catholic Herald 2021