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La Cuaresma y las obras de misericordia

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Ya comenzamos a avanzar y a caminar con Jesús en este tiempo de Cuaresma, donde viviremos y recordaremos la pasión, muerte y resurrección de nuestro Señor Jesucristo Salvador y dador de vida. Son cuarenta días para que dejemos que nuestra mente y corazón experimenten una verdadera conversión. La Iglesia nos llama en este tiempo litúrgico a vivir con seriedad y compromiso el ayuno, la oración y la penitencia.

No existirá una verdadera Cuaresma si no practicamos las obras de misericordia.

Dentro de nuestra pastoral y catequesis parroquiales nos preocupa que muchas de nuestras comunidades y feligreses no viven ni conocen la base de nuestra fe, desafortunadamente no practicamos los sacramentos, los mandamientos y mucho menos conocemos cuales son las obras de Misericordia.

En el pasaje bíblico nos dice: “Entonces el Rey dirá a los que están a su derecha: Vengan, benditos de mi padre, tomen posesión del reino que ha sido preparado para ustedes desde el principio del mundo. Porque tuve hambre y ustedes me dieron de comer; tuve sed y ustedes me dieron de beber. Fui forastero y ustedes me recibieron en su casa. Anduve sin ropas y me vistieron. Estuve enfermo y fueron a visitarme. Estuve en la cárcel y me fueron a ver” (Mt 25:34-36). Sin oración ni obras no podemos vivir a plenitud la Cuaresma.

¿Pero, de dónde viene la palabra Misericordia? Viene de Miser = miseria. Cordia = corazón. Misericordia entonces significa sentir con el otro sus miserias y necesidades y como consecuencia de esa compasión ayudarlo, auxiliarlo y ser solidario.

Cada Católico no puede olvidar que las obras de Misericordia son 14: 7 corporales y 7 espirituales. Las obras Corporales de Misericordia son: 1. Dar de comer al hambriento 2. Dar de beber al sediento 3. Dar posada al necesitado 4. Vestir al desnudo 5. Visitar al enfermo 6. Socorrer a los presos 7. Enterrar a los muertos.

Las obras Espirituales de Misericordia son: 1. Enseñar al que no sabe 2. Dar buen consejo al que lo necesita 3. Corregir al que está en error 4. Perdonar las injurias 5. Consolar al triste 6. Sufrir con paciencia los defectos de los demás 7. Rogar a Dios por vivos y difuntos. Nuestra caridad y amor al prójimo debe ser un reflejo de nuestro amor a Dios.

Se ha comparado el doble mandamiento del amor a Dios a los maderos de una cruz, a los parales que forman la cruz de Cristo, la cruz del cristiano: el madero vertical representa nuestro amor a Dios, pues va en sentido hacia arriba, hacia el cielo. El madero horizontal representa el amor a los demás, a los semejantes, a los que están a nuestra altura, pues va en sentido lateral.

¿Cuál de los maderos es el primero? ¿Cuál de los dos no puede sostenerse solo? Pues el amor de Dios es lo que sostiene nuestro amor al prójimo. No puede haber amor al prójimo sin amor a Dios.

Al amar a los demás, tenemos que ser multiplicadores y portadores de las obras de Misericordia.

El ejercicio de las obras de Misericordia comunica gracias a quienes las ejercen y los llena de infinitas bendiciones “Den y se les dará” (Lc 6:38).

Padre Hoyos es el director diocesano del Apostolado Hispano.

© Arlington Catholic Herald 2019

@jhoyos04