¿Quién de ustedes, si quiere edificar una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, para ver si tiene con qué terminarla? No sea que, una vez puestos los cimientos, no pueda acabar y todos quienes lo vean se rían de él, diciendo, “Este comenzó a edificar y no pudo terminar”. Lc14:28-30
Con el nuevo curso llegan nuevos proyectos, planes y objetivos. A partir del 1 de agosto todo sucede muy rápido, preparando la vuelta al colegio. Son muchas compras en pocos días: ropa, libros, material escolar … Junto a ello, nuestro corazón se agita especialmente — deseos de retomar las buenas rutinas, tristeza porque se acaban las vacaciones, ansiedad por un futuro desconocido y alegría de reencontrarse con algunos amigos. La vida social, también, nota el impacto, empezando por más problemas de tráfico.
¿Algún consejo para empezar bien el curso? Sí. El consejo es el siguiente, en forma de pregunta, ¿dedica usted tiempo a preparar su corazón para el nuevo curso? Planificar el año es muy importante. Algunas ideas pueden ayudar a terminar el curso con la misión cumplida.
- Fracasar en la planificación significa planificar un fracaso. Cuando usted piensa en todo un año de estudio o trabajo, ¿dónde quisiera hallarse el día 30 de junio de 2025 a nivel personal, de oración, de trato con los demás o en el trabajo? Las buenas empresas piden a sus empleados marcarse objetivos personales para el nuevo curso. Hemos de preguntarnos, ¿cuál es mi objetivo para mi vida de oración y de familia? Es preciso ponerse un par de objetivos concretos y relevantes para mi vocación, con sentido realista, sin soñar en vano. No valen generalidades; por ejemplo, voy a rezar más o quiero ayudar más en las labores domésticas. Así no avanzaremos nada porque no podemos evaluar nuestra marcha. Ejemplos de buenos objetivos serían, este curso voy a rezar el rosario todos los días después de cenar, este año voy a lavar los platos después de comer todos los domingos. Quien no planifique bien acabará deprimido un año más, porque no habrá conseguido pequeñas mejoras.
- Decir que no tengo tiempo para planificar no vale como excusa. Cada persona decide qué hacer con su tiempo y nadie más puede tomar esa decisión. La semana tiene 168 horas y sería un error decir que tenemos que “encontrar tiempo” para planificar. Cada vez que usamos la expresión “encontrar tiempo” estamos ante un asunto que nos parece importante. Necesitamos encontrar tiempo para comer, dormir y hacer ejercicio, porque de lo contrario tendremos problemas de salud. Lo mismo sucede con la vida cristiana y el tiempo para rezar, la Misa y los sacramentos. Sin incluirlo en nuestra planificación semanal, acabaremos con ansiedad, tristeza y soledad. El tiempo para planificar el año y cada semana no se encuentra, sino que se “genera”, dedicando un espacio y tiempo a ello, sin distracciones. Pero ¿qué hacer durante ese tiempo?
- Se aprende a planificar con papel y lápiz. Una vez que tengo el tiempo específico para planificar llega el paso más difícil, poner el plan por escrito. Si las ideas y planes quedan en la cabeza, no sirven para nada. Hay programas informáticos para planificar, pero hacerlo con papel y lápiz es lo mejor para aprender. Lo que más ayuda, y lo más difícil es sentarse frente a una hoja en blanco y escribir lo que quiero en forma de objetivos y pasos concretos para conseguirlo. No se trata de escribir mucho, sino de poner ideas claras y mediaciones razonables.
Por último, queda el paso más importante y, con frecuencia, olvidado. Nuestra planificación es necesaria, pero Dios también tiene sus planes. Por ello, es decisivo dejar nuestros planes escritos en las manos de Dios, para que la Providencia Divina dirija nuestros pasos. Su plan es nuestra santificación y contamos con su ayuda para lograrlo.
Planifiquemos como si todo dependiese de nosotros, pero sabiendo que todo depende Dios. Dejemos nuestros planes a los pies del sagrario y ofrezcámonos cada día en el altar de Dios.
Ojalá que no se rían de nosotros diciendo, “Este comenzó a edificar y no pudo terminar”. Planifica por escrito y deja tu plan en las manos de Cristo.
El Padre Montero es pastor de la parroquia de Nuestra Señora de los Ángeles en Woodbridge.



