El ayuno es una práctica cristiana esencial. La cuestión está relacionada con la Encarnación como un punto central del Credo.
“El Hijo de Dios con su encarnación se ha unido, en cierto modo, con todo hombre. Trabajó con manos de hombre, pensó con inteligencia de hombre, obró con voluntad de hombre, amó con corazón de hombre. Nacido de la Virgen María, se hizo verdaderamente uno de los nuestros, semejantes en todo a nosotros, excepto en el pecado”. (Gaudium et Spes, 22, Concilio Vaticano II). Como se hizo semejante a nosotros en todo, Jesús comía y bebía, se debilitaba, sufría y necesitaba descansar. El cristiano está configurado con Cristo y le sigue en todo. En Él descubrimos el valor de lo humano. Y Él nos da la gracia para imitarle en todo, incluyendo el ayuno. Veamos tres puntos para redescubrir la importancia del ayuno en nuestra vida:
- ¿Qué es ayunar? Según el Diccionario de la Real Academia Española “ayunar” es abstenerse total o parcialmente de comer o beber, también por precepto religioso, o privarse o estar privado de algún gusto o deleite. Es decir, el ayuno no se refiere solamente a la comida, sino también a los gustos y deleites. Por ejemplo, se puede ayunar del uso de las redes sociales. Lo clave es que el ayuno tenga que ver con cualquier tipo de apetito que se active movido por un bien (por ejemplo, donar dinero a alguien necesitado, uniendo el ayuno a una obra de misericordia — dar de comer al hambriento). Muy distinto es el caso de quien ayuna para cuidar su figura, movido por la vanidad.
- ¿Por qué ayuna el cristiano? Una primera respuesta es doble, los cristianos ayunan porque Cristo ayunó y también porque Cristo enseñó la importancia del ayuno. Él ayunó cuarenta días en el desierto venciendo las tentaciones de Satanás (Mt 4, 1-11). Más aún, Jesús nos anima a ayunar para vencer el pecado y el mal, porque hay cierta clase de demonios que “sólo se expulsan con la oración y el ayuno” (Mt 17, 21). Pero también ayunamos por obediencia al cuarto mandamiento de nuestra Madre: “abstenerse de comer carne y ayunar en los días establecidos por la Iglesia”, porque “esto asegura los tiempos de ascesis y de penitencia que nos preparan para las fiestas litúrgicas y para adquirir el dominio sobre nuestros instintos, y la libertad del corazón (Catecismo de la Iglesia Católica, 2043). Es doctrina segura que el ayuno fortalece la vida cristiana, siguiendo a Jesús que nos dice, “Yo tengo un alimento que vosotros no conocéis … Mi alimento es hacer la voluntad del que me envió y llevar a término su obra” Jn 4,32-34. Si el ayuno es movido por el Espíritu Santo, nos configura con Cristo.
- ¿Cuándo ayuna el cristiano? Siempre que lo mande la Iglesia, pero de modo ordinario en relación con la Santa Misa con el llamado “ayuno eucarístico”. Los fieles deben abstenerse de ingerir cualquier alimento o bebida desde, al menos, una hora antes de la Sagrada Comunión (Código de Derecho Canónico, 919). El ayuno es como una oración que nos prepara corporalmente para el encuentro con Jesús, el Amigo. Mi deseo de recibirle es más fuerte que el impulso de comer. Pero hay otras razones para ayunar con espíritu de penitencia: “por satisfacer los pecados pasados … por vencerse a sí mismo … para buscar y hallar alguna gracia o don que se quiera y desee … o por la solución de alguna duda en que la persona se halla”, teniendo en cuenta que “penitencia es cuando quitamos de lo conveniente … sólo que no se debilite la persona ni se siga enfermedad notable”. (San Ignacio de Loyola, Ejercicios Espirituales). ¡Atención que es fácil caer en la tentación de hacer penitencias exageradas! ¡Qué importante es consultar las promesas de ayunos voluntarios con un sacerdote o persona prudente!
El ayuno sano templa el alma; la falta de ayuno, la debilita; y su exceso, la quebranta. Aprendamos de nuevo el valor del ayuno para crecer en abnegación y seguir a Jesús más de cerca.
“Traiga un ordinario apetito de imitar a Cristo en todas sus cosas, conformándose con su vida”. — San Juan de la Cruz
El Padre Montero es pastor de la parroquia de Nuestra Señora de los Ángeles en Woodbridge.



