Recuperemos el amor por la palabra de Dios

Adobestock.

reading bible web

Reflexión Dominical con el Lic. Joel de Loera.

III Domingo del Tiempo Ordinario

Nehemίas 8, 2-4a. 5-6. 8-10; 1 Corintios 12:12-30; Lucas 1, 1-4. 4, 14-21

En este III Domingo del Tiempo Ordinario, se nos presentan numerosos temas de gran relevancia que merecen ser explorados: la importancia de la Biblia en nuestras vidas, la dignidad y santidad del cuerpo humano, la riqueza de los carismas dentro del Cuerpo Místico de Cristo y la urgencia de la predicación del Evangelio, por mencionar algunos. Sin embargo, en esta ocasión quiero enfocarme específicamente en la importancia de la Palabra de Dios en nuestras vidas, ya que este domingo, instituido como el Domingo de la Palabra de Dios por el Papa Francisco en 2019, nos invita a redescubrir su fuerza y su belleza. Reflexionaremos en cómo su proclamación, comprensión y vivencia pueden renovar profundamente a nuestras familias, transformándolas en verdaderas iglesias domésticas, espacios donde el amor, la fe y la esperanza se convierten en un testimonio vivo de Jesucristo, la Palabra Encarnada de Dios.  

En la primera lectura, tomada del libro de Nehemías, vemos al sacerdote Esdras presentando el libro de la Ley ante una asamblea compuesta por hombres, mujeres y todos los que tenían uso de razón. Este evento ocurre tras el regreso del pueblo judío del exilio en Babilonia, un período de gran sufrimiento que debilitó sus lazos con las tradiciones y la Ley de Dios. Ahora, reunidos en Jerusalén tras la reconstrucción de los muros de la ciudad, el pueblo escucha atentamente desde el amanecer hasta el mediodía. Los levitas explican el significado de la Ley para que todos comprendan su contenido, lo que provoca en el pueblo lágrimas de arrepentimiento. Sin embargo, Esdras los exhorta a celebrar con alegría porque “celebrar al Señor es nuestra fuerza”. ¿Nos lleva a nosotros la escucha de las lecturas en la Misa o en nuestros momentos de oración a experimentar un verdadero arrepentimiento de nuestros pecados? ¿Valoramos la Palabra de Dios con la misma reverencia y atención?

Este momento es una lección para nosotros. Como recuerda el Catecismo de la Iglesia Católica: “La Iglesia exhorta con fuerza y de manera especial a todos los fieles cristianos a que aprendan ‘el sublime conocimiento de Jesucristo’ mediante la lectura frecuente de las divinas Escrituras” (CIC 133). Sin embargo, muchos católicos de hoy se han alejado o nunca se han acercado a la Palabra de Dios. Algunos han dejado de asistir a Misa, perdiéndose la oportunidad de participar en la Liturgia de la Palabra, donde escuchamos lecturas de la Biblia y la homilía, en la que el sacerdote explica las Escrituras. Otros que sí asisten a Misa la consideran demasiado larga. ¿Estamos nosotros dispuestos a escuchar atentamente la Palabra de Dios por un tiempo prolongado, como lo hizo el pueblo de Israel o nos cansamos y enfadamos fácilmente?

Para recuperar esta conexión con la Palabra de Dios, la familia tiene un papel central. Como padres y primeros educadores de nuestros hijos, estamos llamados a inculcarles un amor por las Escrituras desde una edad temprana. Una manera práctica de hacerlo es creando momentos diarios para leer la Biblia en casa. Por ejemplo, podemos reflexionar sobre un breve pasaje durante el desayuno o mientras vamos camino a la escuela. Aunque lo ideal es tener tiempos tranquilos y en silencio para meditar, estos pequeños hábitos ayudan a incorporar la Palabra de Dios en la vida diaria. Otra práctica útil es la Liturgia de las Horas, la oración oficial de la Iglesia, que incluye laudes (mañana), vísperas (tarde) y completas (noche). Esta manera de rezar, basada en los salmos y lecturas breves, es una forma accesible de meditar en las Escrituras. También podemos practicar la lectio divina, un método de oración en cuatro pasos: lectura (lectio), meditación (meditatio), contemplación (contemplatio) y oración (oratio). Este método puede realizarse con el Evangelio del día o cualquier otro pasaje bíblico, invitando a la familia a reflexionar junta sobre cómo aplicar la Palabra de Dios a su vida diaria.

Quisiera también destacar la importancia de este mes de enero, dedicado a la vida. Hace unos días, miles de personas participaron en la Marcha por la Vida en la capital del país. ¿Qué motiva a tantos a seguir marchando, orando y defendiendo la vida de los bebés no nacidos? La respuesta es clara: la esperanza en Jesús, la Palabra de Dios hecha carne. Aunque algunos de quienes defienden la vida no son católicos ni cristianos, la mayoría encuentra en su fe la fuente de su compromiso y perseverancia. Y hablando de esperanza, continuamos reflexionando en este Año Jubilar 2025, bajo el lema “Peregrinos de Esperanza”. Este Jubileo nos invita a caminar como peregrinos en el mundo, con la mirada puesta en la eternidad y con la Biblia como nuestra guía y fuerza. De manera especial, nos anima a hacer de nuestras familias un testimonio vivo del amor y la misericordia de Dios. Cuando una familia vive la Palabra de Dios, se convierte en una luz para el mundo, irradiando esperanza y siendo un faro de amor, vida y fe.

Para concluir, quiero hacer eco de las palabras de Nehemías y Esdras: “Éste es un día consagrado al Señor, nuestro Dios. No estén ustedes tristes ni lloren… Vayan a comer espléndidamente, tomen bebidas dulces y manden algo a los que nada tienen, pues hoy es un día consagrado al Señor, nuestro Dios. No estén tristes, porque celebrar al Señor es nuestra fuerza”. Que estas palabras nos animen a vivir la Palabra de Dios con alegría y esperanza, y a hacer de nuestras familias verdaderos testimonios de Su amor en el mundo.

Related Articles