¡Ya casi llega la Navidad! ¿Estamos preparados? ¿Tenemos el arbolito encendido, el pesebre montado, los regalos comprados, la comida ordenada y la casa limpia? Todas esas cosas son buenas, pero no son la manera en que nos debemos preparar para la Navidad.
Si realmente queremos estar preparados, debemos hacernos otros tipos de preguntas. Por ejemplo, ¿nos hemos confesado, hemos perdonado a los que nos han ofendido, hemos pasado tiempo en oración?
Nos dice Juan 1:11: “A lo Suyo vino, y los Suyos no lo recibieron”. Es muy fácil dejarnos distraer durante este tiempo por las cosas superficiales y perdernos lo esencial. Dios se ha hecho hombre para salvarnos. No es que vino hace más de dos mil años, sino que sigue viniendo cada año, cada momento, buscando morar en nuestros corazones. El problema es que nuestros corazones están tan llenos de pecado, de rencores, de adicciones y de apegos que le volvemos a decir “no hay espacio”; y Jesús queda destinado nuevamente a vivir entre los animales en una cueva en vez de en los corazones de Sus hijos.
¡La buena noticia es que todavía tenemos tiempo! Todavía quedan unos días para limpiar nuestros corazones para que Jesús tenga una morada digna. Lo primero que debemos hacer es confesarnos. No sé cuánto tiempo ha pasado desde que no te confiesas, pero si puedes confesarte, debes confesarte. ¡Jesús merece encontrar en nosotros un corazón puro porque para eso ha venido! Entiendo que hay personas que por sus circunstancias no se pueden confesar, pero ¿por qué no hacen el propósito de ver cómo en este año entrante pueden arreglar su situación? ¡Hable con un sacerdote y comiencen a hacer los cambios necesarios para recibir la plenitud de la gracia de Dios a través de los sacramentos!
Lo segundo que debemos hacer es perdonar a los que nos han ofendido. Un corazón lleno de rencor no es un corazón capaz de recibir al Señor. Jesús ha venido para perdonar nuestros pecados y, en cambio, nos pide que extendamos ese perdón a los demás. ¿No me creen? Presten atención a la oración que Él mismo nos enseñó: “Perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden”. Él nos perdona para que seamos capaces de perdonar a los demás. Los corazones llenos de rencor son corazones de piedra, fríos y vacíos igual que la cueva donde Jesús nació. Dejemos que Jesús nos infunda con Su espíritu para que nos quite estos corazones de piedra y nos dé unos nuevos corazones de carne (Ezequiel 11:19) y así le podamos ofrecer una verdadera posada al Rey.
Finalmente, para prepararnos bien, tenemos que darle a Jesús el regalo que Él desea recibir. Muchas veces puede pasar que les damos a los demás los regalos que a nosotros mismos nos gustaría recibir. El esposo le da a la esposa un televisor enorme y la esposa le da al esposo unas velas aromáticas. Podemos pensar que Jesús quiere una casa decorada, una cena deliciosa y muchos regalos para nuestros amigos y familiares, pero en todo esto, ¿dónde quedó Jesús? Jesús no quiere algo de ti, sino que te quiere a ti. Cuando Marta estaba distraída con la excusa de que le estaba sirviendo a Jesús, Él le dijo que solo había una cosa necesaria y era estar con Él (como lo estaba haciendo su hermana María), y cuando Jesús estaba en el huerto de Getsemaní, no pidió que los discípulos lucharan contra los enemigos ni que le dieran consejos; lo único que quería es que estuvieran con Él, acompañándolo. Jesús lo que quiere de nosotros en esta Navidad es nuestro corazón, quiere que pasemos tiempo con Él, que lo amemos y que nos dejemos amar. Esa es la verdadera posada, el verdadero refugio que Él está buscando.
En estos pocos días que quedan antes de la Navidad, enfoquémonos en lo necesario y asegurémonos de prepararnos bien para Su llegada. Suficientes años ha tenido que ser recibido en un pesebre rodeado de animales; que este año encuentre en nosotros una morada digna para Él.
Briceño, una virgen consagrada, se dedica a la evangelización a través del arte con su ministerio sacredprint.com.



