El Papa León XIV recuerda que toda vocación es un “camino de belleza”

Almudena Martínez-Bordiú | ACI Prensa

El Papa León XIV bendice a una monja tras una Audiencia General. (Imagen referencial/Vatican Media)

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El Vaticano ha publicado el mensaje del Papa León XIV por la LXIII Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones, que se celebrará el 26 de abril, coincidiendo con el cuarto domingo de Pascua o Domingo del Buen Pastor.

Bajo el título El descubrimiento interior del don de Dios, el Santo Padre reflexiona sobre la dimensión interior de la vocación, entendida como “descubrimiento del don gratuito de Dios que florece en lo profundo del corazón”.

En su mensaje, el Papa se refiere a la vocación como “un camino de belleza” que, si se recorre, la vida se vuelve “realmente hermosa”. Señala, sin embargo, que para percibir esta belleza no bastan“los ojos del cuerpo”, sino que es necesario cultivar la interioridad.

“El rasgo que distingue a los santos, además de la bondad, es la belleza espiritual  deslumbrante que irradia quien vive en Cristo”, afirma el Pontífice. 

A la luz del testimonio de San Agustin, el Santo Padre invita a descubrir la presencia de Dios en lo más interior del alma, cultivando la oración y en el silencio. Además, subraya que el don de la vocación “nunca es una imposición o un esquema prefijado al que simplemente hay que adherir, sino un proyecto de amor y de felicidad”. 

“Sólo si nuestros ambientes brillan por la fe viva, la oración constante y el acompañamiento fraterno, la llamada de Dios podrá surgir y madurar, convirtiéndose en camino de felicidad y salvación para cada uno de nosotros y para el mundo”, señaló.

El Papa también recuerda que Dios “nos conoce profundamente” y advierte que este conocimiento debe ser mutuo: “Estamos llamados a conocer a Dios por medio de la oración, de la escucha de la Palabra, de los sacramentos, de la vida de la iglesia y de la entrega a los hermanos y a las hermanas”. 

Precisa que no se trata de un saber intelectual abstracto o de un conocimiento académico, sino “de un encuentro personal que  transforma la vida”. 

“Queridos jóvenes, ¡escuchen esa voz! Escuchen la voz del Señor que los invita a vivir una  vida plena, realizada, haciendo fructificar los propios talentos y clavando en la cruz gloriosa de Cristo los propios límites y debilidades”. 

El Pontífice invita a dedicar tiempo a la adoración eucarística y a meditar la Palabra de Dios para conocer al Señor y entregarse en su vocación, ya sea al matrimonio, al sacerdocio, a la vida consagrada o religiosa: “Toda vocación es un don inmenso para la iglesia y para quien la acoge con alegría”.

El Papa León XIV explica a continuación que del conocimiento nace la confianza, y recuerda que la vida es un “continuo confiar y encomendarse al Señor, aun cuando sus planes cambien los nuestros”. 

Propone a San José como modelo de esta confianza y anima a cultivarla sin ceder a la desesperación, “superando miedos e incertidumbres, con la certeza de que el Resucitado es Señor de la historia del mundo y de nuestra historia personal”.

“Él no nos abandona en las horas más oscuras, sino que viene a disipar todas nuestras  tinieblas con su luz. Y precisamente gracias a la luz y a la fuerza de su Espíritu, también atravesando  pruebas y crisis, podemos ver madurar nuestra vocación, reflejar cada vez más la belleza de Aquel que nos ha llamado, una belleza hecha de fidelidad y confianza, a pesar de las heridas y las caídas”, afirma.

Al término de su mensaje, el Santo Padre recuerda que la vocación “no es una meta estática”, sino “un proceso dinámico de maduración”. Por ello, explica que los “lugares” donde se manifiesta la voluntad de Dios y se hace experiencia de su amor infinito “son a menudo los vínculos  auténticos y fraternos que somos capaces de instaurar durante nuestra vida”. 

Subraya por ello la necesidad de tener un buen guía espiritual y anima por último, especialmente a los jóvenes, a cultivar su relación personal con Dios. “Deténganse, escuchen, confíen; de ese modo, el don de su vocación madurará, los hará felices y dará frutos abundantes para la iglesia y para el mundo”.

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