Luces de Pascua

Padre Álvaro Montero

ADOBESTOCK

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¡Feliz y Santa Pascua de Resurrección! Sí, Jesucristo ha resucitado. Esta verdad ilumina nuestras vidas.

Iluminación — fotismós en griego — es un modo de llamar al bautismo en la iglesia oriental. ¿Por qué? Junto al agua y el aceite, la luz forma parte del rito de bautismo. Es la luz de una vela encendida del cirio pascual. El cristiano es “iluminado” porque recibe la luz del mundo, que es Cristo resucitado. En el bautismo de niños, esa luz se confía a los padres y padrinos para que crezca en la vida del cristiano y permanezca encendida al salir al encuentro de Cristo, al final de la vida. Recordemos que el cirio pascual ocupa un lugar prominente en la misa exequial, junto al féretro. Sí, en la Pascua celebramos que hemos recibido la Luz que disipa toda tiniebla y permite adentrarse con esperanza en la noche de la muerte.

¿Qué aprendemos de la luz de Pascua?

  1. La luz de Pascua es la luz fruto de la entrega de Cristo hasta el final. Es precisamente la luz que irradia un amor más grande que el odio, la traición y la muerte. Sólo el amor de Dios revelado en Cristo ilumina a cada uno de nosotros, tan llenos de miedos, pecado y vergüenza. Él lo dijo junto al templo: “Yo Soy la Luz del mundo, el que me sigue no camina en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida.” Jn.8,12. San Pedro es testigo de ese amor más grande, un amor que perdona, y que iluminó el caminar del apóstolo, más allá de sus tres negaciones, gracias a la triple confesión de amor junto al lago de Tiberíades. “Señor, tú lo sabes todo, tú sabes que te quiero”. El amor del Resucitado impulsó a Pedro a entregarse también hasta el final, muriendo crucificado en Roma.
  2. La luz de Pascua es la luz que se difunde por la comunión eclesial. Cientos de velas se encienden en la iglesia durante la vigilia pascual, pero son otros los que nos ayudaron a encender la vela. ¡Qué impresionante ver cómo la iglesia oscura, al inicio de la vigilia, se va iluminando con la ayuda humilde de cientos de velas, encendidas una a una, a partir del cirio! Nadie se da la luz a sí mismo: todos la recibimos de la iglesia, que nos entrega a Cristo. El gesto sencillo de ayudarnos unos a otros a encender las velas en la vigilia pascual debería recordarnos que hacemos lo mismo cuando tenemos gestos de caridad fraterna los demás días del año. Una palabra de perdón o consuelo, un gesto de amabilidad, una sonrisa esbozada con paciencia en medio del cansancio, todos estos gestos, unidos en la fe a Cristo resucitado, son modos reales de difundir la luz de la pascua. En el fondo, se trata de la luz que viene de la comunión fraterna: somos hermanos precisamente por el don de Cristo en la pascua, haciendo posible nuestro bautismo.
  3. La luz de Pascua es la luz de la fe. La liturgia de la vigilia pascual incluye la triple renuncia a Satanás, a sus obras y sus seducciones, así como la triple renovación de la fe en Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo. Esta es la clave para una auténtica renovación de vida en la Pascua. “El que me envió está conmigo, no me ha dejado sólo porque yo hago siempre lo que le agrada” Jn.8:30. La luz de la Pascua no viene simplemente de la emoción que se experimenta en la Vigilia pascual, sino de la fe que mueve a decisiones tan radicales como el bautismo de un adulto. Hace años tuve la suerte de rezar en el mismo lugar del sepulcro de Cristo, donde Él se levantó de la muerte. Y pude rezar con una vela encendida, con toda la fe que pude, repitiendo las palabras que dan sentido a nuestra vida: creo en la resurrección de los muertos. Allí renové la fe a la vez que pensaba en mi difunto padre.

Ojalá descubramos de nuevo el don luminoso de la fe y la comunión en esta pascua. El cristiano está llamado a irradiar la luz que es Cristo mismo.

El Padre Montero es pastor de la parroquia de Nuestra Señora de los Ángeles en Woodbridge.

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