Vivir un verano peregrino

Carmen Briceño

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¿Quieres vivir un verano como ningún otro? Cuando pensamos en el verano normalmente pensamos en vacaciones, descanso, playa, viajes y tiempo libre.

Muchas familias comienzan a planificar cómo aprovechar mejor estos meses: ¿A dónde vamos a viajar? ¿Qué actividades vamos a hacer? ¿Cómo vamos a entretener a los niños? Pero ¿qué tal si este verano no fuera simplemente un tiempo para distraernos, sino un tiempo para encontrarnos más profundamente con Dios? ¿Qué tal si este verano se convirtiera en un “verano peregrino”?

Vivimos en una cultura donde constantemente estamos corriendo de un lado a otro. Pasamos gran parte del año encerrados entre oficinas, escuelas, tráfico, pantallas y rutinas agotadoras. Muchas veces, incluso, nuestras vacaciones terminan llenas de ruido, consumismo y distracciones. Descansamos el cuerpo, pero el alma sigue cansada. Por eso, quisiera invitarlos este verano a recuperar algo muy antiguo y profundamente cristiano: la peregrinación.

Desde tiempos bíblicos el pueblo de Dios ha sido un pueblo peregrino. Los judíos peregrinaban a Jerusalén tres veces al año para las grandes fiestas religiosas (Deut 16:16). Familias enteras emprendían largos viajes para ir al templo a encontrarse con Dios. No era un paseo turístico ni vacaciones religiosas. Era una experiencia espiritual profunda donde el corazón se reordenaba nuevamente hacia Dios.

De hecho, uno de los episodios más conocidos de la infancia de Jesús ocurre precisamente durante una peregrinación. El evangelio de San Lucas nos cuenta que José y María iban todos los años a Jerusalén para la fiesta de la Pascua y que fue durante uno de esos viajes cuando Jesús se perdió y fue hallado en el templo (Lucas 2:41-50). Imagínense esas caravanas de familias caminando juntas, rezando juntas, cantando salmos juntos y compartiendo comidas mientras se dirigían hacia la casa de Dios. La peregrinación unía a las familias, fortalecía la fe y ayudaba al pueblo a recordar que esta vida es también una peregrinación hacia el cielo.

La Iglesia continuó esta tradición a lo largo de los siglos. Durante la Edad Media, miles de cristianos atravesaban países enteros para peregrinar a Tierra Santa, a Roma o al famoso Camino de Santiago en España. Algunos caminaban durante meses enteros. Dormían en monasterios, cruzaban montañas, soportaban lluvia, hambre y cansancio. ¿Por qué hacían semejante sacrificio? Porque entendían que la peregrinación era una imagen de la vida cristiana. El cristiano no está llamado a instalarse cómodamente en este mundo, sino a caminar continuamente hacia Dios.

Quizás al escuchar todo esto piensas: “Eso suena muy bonito, pero yo no puedo gastar miles de dólares viajando a Europa o peregrinando a Tierra Santa.” No hace falta salir del país ni gastar grandes cantidades de dinero para vivir un auténtico verano peregrino. De hecho, este año tenemos una oportunidad muy especial de hacerlo cerca de casa.

El 10 de enero de 2026 comenzó oficialmente el Año Jubilar Franciscano, que se extenderá hasta el 10 de enero de 2027 para conmemorar los 800 años de la muerte de San Francisco de Asís. Durante este tiempo, la iglesia nos invita de manera particular a vivir el espíritu de peregrinación visitando lugares franciscanos designados donde se puede obtener indulgencia plenaria bajo las condiciones habituales (confesión sacramental, comunión eucarística, oración por las intenciones del Papa y desapego del pecado). ¡Y lo más impresionante es que tenemos dos de estos lugares muy cerca de nosotros!

Uno de ellos es el Monasterio Franciscano de Tierra Santa en Washington, un lugar verdaderamente hermoso donde puedes caminar entre reproducciones de Tierra Santa, contemplar jardines de oración y entrar en un ambiente de profundo silencio y recogimiento. El otro lugar son las Clarisas Pobres de Alexandria, un convento de clausura donde diariamente se puede asistir a la Santa Misa de las 7 a.m.

Pero no sólo existen estos lugares jubilares. Nuestra diócesis está llena de lugares hermosos que pueden convertirse en destinos de peregrinación familiar. De hecho, la Diócesis de Arlington ha creado un recurso maravilloso llamado “Encuentros” con ideas concretas de peregrinaciones y actividades espirituales locales para las familias. Allí encontrarás itinerarios completos con lugares santos, parques, preguntas para reflexionar en familia y actividades para crecer en la fe. Puedes encontrar todos estos recursos aquí: arlingtondiocese.org/youth-ministry/encounters/encuentros.

Unos ejemplos prácticos para tener un verano peregrino son:

  1. Visitar a la Catedral de Santo Tomás Moro en Arlington. Tómense el tiempo de contemplar la belleza de la iglesia, hacer un rato de adoración y rezar por nuestra diócesis.
  2. Visitar el Monasterio Franciscano en Washington. Caminen lentamente por las réplicas de Tierra Santa y mediten sobre la vida de Jesús.
  3. Asistir a la Santa Misa de las 7 a.m. con las Clarisas Pobres de Alexandria.
  4. Visitar el Santuario Nacional de Santa Elizabeth Ann Seton en Emmitsburg. Conozcan la vida de la primera santa nacida en Estados Unidos y visiten los lugares donde vivió y sirvió.
  5. Visitar la Basílica del Santuario Nacional de la Inmaculada Concepción. Entren a las distintas capillas dedicadas a advocaciones marianas del mundo entero y récenle un rosario a la Virgen.
  6. Visitar lugares católicos históricos de Baltimore. Muchas personas no saben que Baltimore tiene una historia católica impresionante porque fue una de las primeras grandes ciudades católicas de Estados Unidos. Pueden visitar a la primera catedral católica construida en Estados Unidos, diseñada por Benjamin Latrobe, el mismo arquitecto del Capitolio. También pueden visitar al Santuario Nacional de San Alfonso, una iglesia histórica conocida por su hermosa arquitectura. Muy cerca se encuentra la tumba de la Beata Mary Lange, una mujer afroamericana extraordinaria que fundó las Hermanas Oblatas de la Providencia, la primera comunidad religiosa femenina afroamericana en Estados Unidos.
  7. Háganse el propósito de visitar al menos 10 de las más de 70 parroquias de la Diócesis de Arlington que nunca han visitado y recen por cada comunidad parroquial.

No desperdiciemos este verano viviendo solamente para el entretenimiento. Atrévanse a vivir un verano distinto. Un verano donde su familia no solo descanse el cuerpo sino también el alma. Recuerden que toda nuestra vida es una peregrinación hacia Dios. ¡Atrévanse a ponerse en camino!

Briceño, una virgen consagrada, se dedica a la evangelización a través del arte con su ministerio sacredprint.com.

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