Queridos hermanos y hermanas en Cristo,
Que la presencia y el triunfo de Nuestro Señor llenen su corazón de paz y alegría en esta santa Temporada de Pascua y siempre.
Las primeras palabras pronunciadas por Cristo Resucitado al aparecerse a los discípulos son: “Que la paz esté con ustedes.” Hoy, en estos momentos arduos y difíciles para nuestro mundo, se nos recuerdan estas primeras palabras que escucharon los discípulos. Al igual que ellos, también nosotros debemos expresar nuestro deseo de estar con Él, con el Señor Resucitado. Él es el centro de la paz y al participar en su triunfo en la Pascua encontramos su paz.
La paz de Cristo emana de su victoria sobre el pecado y la muerte. En los últimos cuarenta días, nos hemos esforzado por alejarnos de los males que nos separan de Dios y nos hacen entrar en conflicto a unos con otros. Por lo tanto, en esta Pascua, recemos con especial fervor la oración de súplica por la paz ofrecida en cada Eucaristía: que Nuestro Señor Jesucristo no mire nuestros pecados sino nuestra fe y misericordiosamente nos conceda la paz y la unidad. Por nuestra parte, que con alegría y valor llevemos sus dones pascuales a nuestro mundo doliente.
Encomiéndense y encomienden a sus familias, a nuestra nación y al mundo a Nuestro Señor Jesús y a su poder salvador. Que Él los bendiga a ustedes y a sus familias y los llene de su paz en la Pascua y siempre.
Fielmente en Cristo,
Monseñor Michael F. Burbidge
Obispo de la Diócesis de Arlington



