CIUDAD DEL VATICANO — Jesús le pide a la gente que se aleje del mal y renuncie a la tentación de pecar en vez de culpar a Dios por acontecimientos terribles, dijo el Papa Francisco.
“Jesús dice que debemos mirar dentro de nosotros mismos: es el pecado el que produce la muerte; nuestro egoísmo puede desgarrar las relaciones; nuestras elecciones equivocadas y violentas pueden desencadenar el mal. En este punto, el Señor ofrece la verdadera solución, y es la conversión”, dijo el 20 de marzo antes del rezo del Ángelus con miles de personas reunidas en la Plaza de San Pedro.
Las palabras del Papa fueron una reflexión sobre el Evangelio dominical, que relata el llamado de Jesús al arrepentimiento y la parábola de la higuera estéril en la que un jardinero convence al dueño de la huerta a seguir cuidando el árbol, ser paciente y abierto a la posibilidad de que puede dar frutos en el futuro.
El Papa Francisco dijo que esto simboliza la paciencia que Dios tiene con la humanidad: no “corta” a las personas cuando no dan fruto, y siempre les da más tiempo y otra oportunidad.
“Así obra el Señor con nosotros. No nos aparta de su amor. No se desanima ni se cansa de volver a ofrecernos su confianza con ternura”, dijo.
“Él no mira los logros que aún no has alcanzado, sino los frutos que aún puedes dar. No hace un seguimiento de tus defectos, sino que fomenta tu potencial. No se detiene en tu pasado, sino que apuesta con confianza por tu futuro”, dijo el Papa.
Dios siempre está cerca, acompañando a las personas y tratándolas con misericordia, por eso nunca se debe culpar a Dios por las cosas terribles que suceden o por la maldad que hay en el mundo, dijo.
Dios “nunca usa la violencia y en cambio sufre por nosotros y con nosotros. El mal nunca puede venir de Dios, porque ‘no nos trata según nuestros pecados’, sino según su misericordia”, dijo.
“En lugar de culpar a Dios, Jesús dice que debemos mirar dentro de nosotros mismos” y responder a su llamado urgente a la conversión, dijo el Papa.
“Acojámoslo con el corazón abierto. Apartémonos del mal, renunciemos al pecado que nos seduce, abrámonos a la lógica del Evangelio porque donde reina el amor y la fraternidad, ¡el mal ya no tiene poder!”



