El sacerdote diocesano, P. Juan Puigbó, discernirá su conversión en eremita

Anna Donofrio | Escritora del Catholic Herald

Fr. Juan A. Puigbó examines his Rule of Life outside St. Leo the Great Church in Fairfax. ANNA DONOFRIO | CATHOLIC HERALD

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El llamado a la vocación de eremita es poco común, pero está muy presente en la Iglesia Católica. Un sacerdote diocesano ha aceptado el llamado y entrará en la ermita para continuar su discernimiento el 26 de junio.

Tras casi un cuarto de siglo de ministerio sacerdotal, el Padre Juan A. Puigbó, párroco de la iglesia de San León Magno en Fairfax, ha recibido permiso para discernir la vocación eremítica, la de eremita. Dentro de una semana, viajará a una pequeña cabaña en una zona rural de la diócesis de Arlington, donde pretende vivir el resto de su vida en silencio y soledad, en aras de la oración y la penitencia, como es propio de la vida eremítica.

El Catecismo de la Iglesia Católica afirma que “los eremitas consagran su vida a la alabanza de Dios y a la salvación del mundo mediante una separación más estricta del mundo, el silencio de la soledad, la oración asidua y la penitencia” (CIC 920). Los eremitas pueden ser hombres o mujeres. Como se indica en el Código de Derecho Canónico: “Se reconoce por derecho al eremita como consagrado a Dios en la vida consagrada si profesa públicamente ante el obispo diocesano los tres consejos evangélicos, confirmados por voto u otro vínculo sagrado, y observa un programa de vida adecuado bajo su dirección” (Can. 603).

Cuando el Padre Puigbó anunció que dejaría la parroquia para discernir su vocación de eremita, recibió reacciones mixtas. Un feligrés incluso le preguntó si estaba cuerdo. Pero para el Padre Puigbó, entrar en la ermita es la respuesta a una llamada largamente esperada.

“Descubrí por primera vez que el Señor me llamaba a ser suyo cuando tenía 14 años”, dijo. Con los años, no solo sintió el llamado al sacerdocio, sino también un llamado más profundo a la vida eremítica. “No es que el sacerdocio no sea suficiente”, dijo. “Sino un anhelo más profundo por Dios y por simplemente permanecer con Él”.

A lo largo de los años, el Padre Puigbó discernió la vocación, con la guía del Obispo Michael F. Burbidge y varios sacerdotes.

Cuando una persona entra en la vida eremítica, debe crear una Regla de Vida y un horario diario que el obispo debe aprobar. “La Regla de Vida es como la hoja de ruta del eremita,” dijo el Padre Puigbó.

Según la Regla de Vida del Padre Puigbó, su día comenzará a medianoche con cuatro horas de oración nocturna, seguidas de una breve siesta de dos horas antes de despertarse para la oración de la mañana. A lo largo de la mañana, rezará la Liturgia de las Horas, intercalada con una Hora Santa, Lectio Divina (u oración con la Sagrada Escritura) y la Misa diaria. Después de comer al mediodía (el Padre Puigbó dijo que seguirá una dieta estricta), estudiará, rezará el resto de la Liturgia de las Horas y realizará trabajos manuales. El trabajo varía, pero el Padre Puigbó planea dedicarse a la carpintería, elaborando cruces, sagrarios y altares portátiles. Después del período de trabajo manual, en el verano, solo comerá una cena ligera. Después de Completas, la oración final de la Liturgia de las Horas, se retirará a la cama a las 8 p.m.

Aunque la perspectiva de seis horas de sueño y una o dos comidas al día puede no parecer atractiva para algunos, el Padre Puigbó dijo que la Regla de Vida le permite la libertad de sacrificarse de una manera única, permitiendo penitencias y mortificaciones adicionales por las intenciones de la iglesia y en reparación por los pecados.

El Padre Puigbó incluso construyó su ermita en dos meses, con la ayuda de su padre, Pascual, su hermano, también llamado Pascual, y algunos buenos amigos. Dijo que la cabaña solo contará con lo básico, incluyendo electricidad y agua corriente de pozo.

Una vez que entre en la ermita, el Padre Puigbó explicó que la cabaña se convertirá en un pequeño claustro. “Solo el obispo, el confesor, el director espiritual y el formador pueden entrar en la ermita”, explicó. Según su Regla de Vida, planea enviar un boletín informativo a amigos y familiares varias veces al año, con meditaciones sobre la vida espiritual. Su familia también tendrá la oportunidad de visitarlo en los terrenos de la ermita varias veces al año. “Mi familia ama a Dios y a la iglesia, y han sido los primeros en apoyar esta vocación,” afirmó.

Los padres del Padre Puigbó también lo ayudaron con el discernimiento de una manera singular. “Hace diez años, mi padre me ayudó a construir una pequeña ermita en la propiedad de mis padres en Haymarket”, dijo. “He estado yendo allí cada dos semanas para rezar en mi día libre”.

Como la vida de un eremita es oculta, a menudo es fácil olvidar el papel vital que desempeña en la iglesia, dijo el Padre Puigbó. “No vemos eremitas en la calle, así que quizás sea más difícil de comprender”.

Si bien es natural que sus feligreses lamenten el cambio, el Padre Puigbó ofrece palabras de consuelo a su feligresía en San León Magno. Incluso ofreció una sesión de preguntas y respuestas sobre su proceso de discernimiento en el boletín parroquial del 8 de junio.

“Soy sacerdote de la diócesis, así que me mantendré cerca y comprometido con mi familia espiritual”, dijo. “No respondo al llamado de Dios para evitar a la gente, sino para atraer a la gente conmigo y poder presentársela a Dios”.

Mas información

Para leer las preguntas y respuestas del Padre Puigbó sobre la vida eremítica, visite bit.ly/4l5iHiP.

Traducido al español por Ana Lucia Batista.

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