La solemnidad de la Inmaculada Concepción se observará el 9 de diciembre

Obispo Michael F. Burbidge

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Queridos hermanos y hermanas en Cristo,

Dentro de pocas semanas, la iglesia en todo el mundo celebrará la Solemnidad de la Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen María, a la que en Estados Unidos honramos especialmente como Patrona de nuestra nación, el 9 de diciembre de 2024. Esta gran fiesta, como nos recuerdan las oraciones de la Misa de la Solemnidad, celebra el singular privilegio de que nuestra Santísima Madre fuera preservada de toda mancha de pecado original para ser «digna morada» de nuestro Señor Encarnado. 

La Solemnidad cae este año en el segundo domingo de Adviento, que, litúrgicamente, precede a la celebración de la propia Solemnidad. Por este motivo y por su importancia en nuestras vidas como católicos, la celebración de la Solemnidad se traslada al día siguiente, el 9 de diciembre. 

Cuando se produce el traslado de ciertos Días Santos de Precepto, se suele dispensar a los fieles de la obligación de asistir a misa. En Estados Unidos, sin embargo, se mantiene la obligación de asistir a misa en la Solemnidad de la Inmaculada Concepción, aunque la celebración litúrgica tenga lugar otro día. El Dicasterio para los Textos Legislativos de la Santa Sede ha confirmado la obligación de asistir a la Misa de este día sagrado.  Para los fieles de la Diócesis de Arlington, la asistencia a Misa por la Solemnidad del 9 de diciembre sigue siendo tal. 

Aunque la obligación de asistir a Misa varía de una diócesis a otra, es un hermoso momento para celebrar y honrar a María como patrona de nuestro país mientras buscamos su poderosa intercesión pidiendo que su Hijo bendiga a nuestra nación y al mundo, especialmente en este momento, con su paz. Aquellos que no puedan participar en la Misa por motivos de salud o dificultades están dispensados por ese mismo hecho y se les anima a unirse a la Iglesia universal para honrar a María de alguna manera durante el día, por ejemplo, a través de su oración personal o de actos de caridad y piedad.

Espero que todos nosotros, sacerdotes y fieles laicos, veamos esta celebración como un privilegio y una oportunidad para reunirnos y honrar debidamente a la Santísima Virgen María. Que nuestra próxima celebración de Adviento y la Solemnidad de la Inmaculada Concepción confirmen en nuestros corazones el gran amor que Dios tiene por el mundo al enviar a su Hijo Unigénito, nacido de la Virgen, y del tremendo afecto maternal que María nos tiene a todos nosotros, sus hijos.

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