Monseñor Burbidge con motivo del Día de la Madre

Obispo Michael F. Burbidge

ADOBESTOCK

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Cada mes de mayo, dedicamos tiempo a celebrar el Día de la Madre en espíritu de oración y a honrar a las mujeres especiales que dan a luz o crían a sus hijos. De una manera singular, las madres comparten la obra creadora y vivificante de Dios. En la vocación de la maternidad, las mujeres ofrecen el amor edificante y sacrificado que es el corazón palpitante del hogar. Dios colma a las madres de abundantes gracias para cumplir con sus múltiples obligaciones.

Durante el transcurso de este mes, también prestamos homenaje a María, la Madre de Jesús. Recordamos su humilde entrega a la voluntad de Dios. Al darle a María a la Iglesia, Jesús une espiritualmente a María con cada madre como modelo de humildad, paz y gracia.

A través de cada fase de la maternidad, ustedes viven días agotadores pero alegres al cuidar y apoyar a sus hijos de innumerables formas. A pesar de las dificultades, tengan presente que crían a sus hijos en la escuela del amor. ¡El tiempo pasará volando! Rueguen para que se les concedan la gracia y la sabiduría necesarias para perseverar en medio de las dificultades y disfruten de los momentos felices que se desvanecerán con rapidez.

A medida que crezcan sus hijos, ustedes los guiarán cuando tomen decisiones fundamentales en la vida, tales como escoger buenos amigos, sentar una base para el futuro por medio de la escuela y de diversas actividades, emplear su tiempo y sus talentos y recursos y discernir sus propias vocaciones. Si sus hijos se han alejado de la práctica de la fe, sigan amándolos y animándolos, con la confianza de que las semillas de fe que ustedes han sembrado darán fruto en el momento menos esperado. No permitan que las preocupaciones por sus hijos les causen desesperación; más bien, recen a diario por ellos y encomiéndenlos a la protección de Nuestra Bienaventurada Madre. Dios responderá a sus oraciones y les dará a sus hijos la gracia de crecer en sabiduría y verdad.

Entiendo el dolor que nos deja la partida de nuestras madres de esta vida. Tengan valor. ¡Ellas no están más allá de nuestras oraciones! Unidas con Dios en el Cielo, interceden por nuestras necesidades y siguen velando por nosotros.

Valoramos y amamos a nuestras madres, un regalo especial que nos ha dado Dios. Que Nuestra Bienaventurada Madre las guíe y que Nuestro Señor misericordioso las bendiga ahora y siempre. ¡Feliz Día de la Madre!

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